La desigualdad de la renta imponible

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La ley del Impuesto Sobre la Renta –ISR– permite a las empresas, sean individuales o jurídicas, deducir sus costos y gastos de los ingresos, incluyendo otros impuestos que no generen crédito fiscal, para determinar la llamada “renta imponible”, que es la cantidad sobre la que se calcula la tasa de ISR. De ahí que empresas enormes, que facturan miles de millones en un período fiscal, terminan pagando un porcentaje pequeño del total de sus ingresos. Sin contar que ese porcentaje ya está previamente cargado al costo de los productos que venden.

A las empresas la ley del ISR les permite, por ejemplo, deducir el gasto de los activos fijos vía la depreciación. De la misma forma, siempre y cuando estén documentados, se puede restar de los ingresos casi todos los egresos en los que se incurra en el giro habitual del negocio, incluyendo gastos en comidas, bebidas, educación de hijos de empleados, rentas, entre otros.

Lo lógico sería que la ley del ISR permitiera a todos los contribuyentes afectos que dedujeran sus gastos de los ingresos, pero no sucede así con los empleados en relación de dependencia, que son los más castigados. Al asalariado únicamente se le permite deducir una cantidad única de Q48,000 y las cuotas pagadas al IGSS. Considera la ley, sin importar el sueldo de las personas, que todos gastan un máximo de Q4,000 mensuales para cubrir sus gastos de manutención.

La excusa para semejante despropósito es que la mayoría de los empleados en relación de dependencia ganan menos de Q48,000 al año, por lo que no les afecta lo que la ley dispone. En el caso de las personas cuyos sueldos son mayores, la ley no les permite deducir todos sus gastos.

Mientras que una empresa puede registrar como gasto deducible la depreciación de un vehículo y el IVA pagado genera crédito fiscal; un empleado en relación de dependencia puede comprar un carro, al crédito o al contado, y no puede deducir ni el gasto ni el IVA, porque la ley considera que eso ya está incluido en los Q48,000 de deducción única. Lo mismo sucede con la compra de casa a 20 años, con el pago de colegiaturas, con intereses de tarjetas de crédito, intereses bancarios, alquileres, y casi la mayoría de los gastos mensuales.

También sucede que si alguien compra un vehículo o una casa, de inmediato se ve afecto al pago de impuesto de circulación y al pago de Impuesto Único Sobre Inmuebles, respectivamente; sin derecho a deducirlo de sus gastos o a que genere crédito fiscal.

Al final, la renta imponible de una persona en relación de dependencia resulta ficticia, porque se paga ISR sobre una cantidad que no se tiene, pues son pocas las personas cuyos ingresos son mayores que los gastos. Sin contar que cualquier excedente que se genere se verá afecto a pagar impuestos por medio de otra ley; por ejemplo, sin alguien ahorra en un banco, los intereses generados deben pagar el 10% de Impuesto Sobre Productos Financieros.

Lo justo sería que los empleados en relación de dependencia para determinar la renta imponible pudieran restar todos sus gastos de sus ingresos y pagar ISR sobre la diferencia, si es que queda algo.

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Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

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