La disputa por el movimiento estudiantil: la recuperación de la AEU y la Huelga de Dolores

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La recuperación de la Asociación de Estudiantes Universitarios Oliverio Castañeda de León (AEU) fue un gran logro para el movimiento estudiantil y una generación de estudiantes jóvenes, honestos y creativos.

De hecho, es la recuperación de un espacio simbólicamente significativo del movimiento social y popular guatemalteco (que ha jugado un papel importante en momentos de crisis políticas) y que, actualmente, goza de mucha legitimidad en la vida política del país.

Sin embargo, la recuperación de la institución no significa que el proceso más amplio de redefinición del movimiento estudiantil, de la Huelga de Dolores y del carácter mismo del movimiento haya terminado.

Hay un proceso de disputa de poder que se evidencia en los hechos sucedidos durante el transcurso de la Huelga de Dolores.

Como fue divulgado por los medios de comunicación, el Honorable Comité de Huelga de Dolores de la AEU fue amenazado y obligado a abandonar el Paraninfo Universitario por grupos que crecieron al amparo de las mafias que ocuparon la AEU durante 17 años y el negocio que les representó la Huelga y otras actividades universitarias. Además, agredieron a Jorge Santos (activista de Derechos Humanos y miembro del secretariado de AEU 1998-2000) y robaron los No nos tientes (el periódico satírico estudiantil) que se encontraban en el lugar, para posteriormente venderlos.

Durante la Huelga, estos grupos cuasidelincuenciales hirieron a estudiantes (hay denuncias hechas por estos actos) y adquirieron fondos por el cobro de parqueo que tomaron en contra de las indicaciones de la AEU y su intento por sanear la Huelga de Dolores a través de tres principios: recuperación de su contenido político y cultural, no violencia y transparencia.

Precisamente, la opción de no utilizar o permitir la violencia dentro de la Huelga de Dolores o la recuperación de la AEU (que se logró a través de la organización estudiantil y la presión que combinó el uso de canales legales, institucionales y un inteligente uso de redes sociales y medios) muestra el carácter distinto del movimiento estudiantil y sus líderes, que buscan apartarse del nefasto legado de las mafias que usurparon la AEU.

Con una complicación mayor. Estas mafias también crecieron al amparo de las autoridades universitarias de la USAC que, de manera activa o con su indiferencia, les permitieron usurpar la representación estudiantil institucional. No se entiende la aparición de figuras como Jorge Mario García (Gilligan) o Guillermo Prera sin la connivencia o, al menos, la indiferencia de las autoridades que les permitieron medrar en la AEU (que representó un botín por los alquileres de espacios, extorsiones a otros comercios, lucro con las actividades de Huelga, cobro de la tasa estudiantil, etc.).

Estos grupos mantuvieron secuestrada la AEU debido a que sirvieron a las redes de poder que se han formado en la Usac en las facultades de Humanidades, Económicas, Derecho, así como en otros espacios, incluyendo rectoría y el Consejo Superior Universitario (CSU).1

Esto es lo que está en juego: la recuperación del movimiento estudiantil que, después de generaciones influidas por la guerra y la represión, busca nuevos caminos y nuevas formas de acción, frente a mafias enquistadas en la USAC que utilizan intimidaciones y agresiones para lograr sus propósitos.

A muchas personas de otras generaciones les puede parecer que la AEU y sus dirigentes, como Lenina García, no corresponden a sus expectativas (surgidas de otro contexto y otro momento, marcado por la confrontación y la violencia), pero cualquiera sea la expectativa que se tenga, lo que de verdad importa es comprender lo que está en juego.

El sentido histórico de esta nueva generación de estudiantes es recuperar el movimiento estudiantil y sanear la Huelga de Dolores contra las mafias que utilizan la violencia y la corrupción como la que se observa en otros espacios de la vida política del país. No más, pero tampoco menos.

1 Si las autoridades universitarias quisieran verdaderamente librar a la USAC de estos males, hubieran apoyado de forma abierta y decidida las acciones de la AEU contra estos grupos. El problema es que hay complicidades, intereses, inercias y miedos que les impiden hacerlo.

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Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

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