La esperanza terca de Ricardo Falla

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Gabriela, ¿qué se siente leer a Ricardo Falla? Esa es la pregunta que me he hecho en los últimos días. Es un gran intelectual, es un antropólogo comprometido, es un sacerdote entregado, y es un hombre muy tierno, que se abre a quien lo lee, le cuenta su intimidad, es una persona muy apasionada, es también un hombre con una seguridad de su fe, que no esconde nunca.

Los dos primeros volúmenes de “Al atardecer de la vida…”, los escritos del padre Falla que tenemos gracias al trabajo y dedicación de muchas mujeres y hombres y al apoyo de AVANCSO, IIHR de la Landívar y de la Editorial de la USAC, es un análisis agudo de las realidades que vivimos, pero es también una fuente de agua fresca. Es imposible no quedarse pensando después de cerrado el libro, en lo que nos propone.

Habla de la esperanza, por ejemplo, y ahí abrí muy grande los ojos. La esperanza es eso que se siente en el corazón, que no nos deja bajar los brazos después de todo, aunque no haya nada que pinte bien. Nos hace creer que un futuro mejor es posible, y nos anima a construirlo. Los católicos nos explicamos la esperanza como esa esa virtud (disposición libremente asumida y habitualmente vivida) que nos mantiene en relación con Dios. Esperanza es lo que sintió Myrna Mack cuando le escribió a Ricardo Falla:

“Sabe,
en medio de tanto dolor, angustia y preocupación,
no sé,
pero percibo todavía luz y esperanza,
para tanta semilla que hay por todos lados.

(…)

Hay días en que la soledad me pesa
horrorosa
y siento quebrarme,
pero no sé
algo me levanta otra vez.”

Vuelvo a pensar en esta Cajita de Pandora que es Guatemala. Vivimos en abismos que parecieran no tener fondo, oscuros. No hace falta mucho para darse cuenta que la realidad está de color de patitas de hormiga, y que seguimos finalmente viviendo, que el corazón sigue latiendo. Leo a Falla, y es imposible no sentir que habla al corazón, este corazón que a veces se siente cansado de esperar: “Cuando uno se enfrenta con un hecho social de oscuridad, de desaliento, de división, de suma tristeza y de muerte, entonces tiene uno derecho a preguntarse dentro de esa oscuridad dónde se encuentra el punto más negro y espeso de ella, porque es donde se supone que se encontrará el rayo más puro de luz, de una luz completamente desideologizada. (…) Entonces tiene uno derecho a buscar en los procesos sociales más tenebrosos y desalentadores, la semilla de la vida y del consuelo”. Y ha buscado tercamente, por tantos años, esa luz. La esperanza es luz, y semilla, y vida. Al final de esta Cajita de Pandora, hay esperanza. La esperanza es una opción, y puede ser una opción de vida muy terca, que no se deja, desobediente de lo que se le impone, es rebelde y creativa.

El jueves 16 a las 17:30 en la cafetería de la URL, estaremos Mónica Mazariegos y yo, preguntando y conversando, empapándonos de una sabiduría tan sencilla y tan profunda. Esperamos reírnos también, y darnos el chance de conocer la esperanza terca -¡terquísima!- de Ricardo Falla.

 

 

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About Author

Gabriela Carrera

Siempre es difícil decir quién es una. Soy la más pequeña de tres hermanos (un abogado, un agrónomo y un cura) y soy la única mujer (que duda de las leyes, no le gusta la berenjena y su vida espiritual es un reto). Estudié Ciencias Políticas y todavía pienso que tengo pendiente estudiar la literatura y todos sus secretos. Me gusta pensar en que se puede construir, poco a poco y con mucha paciencia, una Guatemala diferente y esa es mi mayor motivación para escribir en El Salmón. Agradezco las muestras pequeñas de la vida que me hacen seguir creyendo en la humanidad, y por eso busco en el fondo de la Cajita de Pandora muy seguido.

1 comentario

  1. Bien dicho Gaby, la esperanza es lo único que nos permite seguir adelante a pesar de todo. No significa que estemos ciegos, pero sí que seguimos buscando ese rayito que nos ilumine este arduo camino.

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