La esquizofrenia estatal homicida

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El principal violador de derechos humanos durante la guerra en Guatemala fue el propio Estado guatemalteco a través de instituciones como el ejército, la policía, la guardia de hacienda. Todavía peor, al crear y apoyar escuadrones de la muerte o las Patrullas de Autodefensa Civil que se dirigieron contra la misma población, permitió que civiles asesinaran con su aquiescencia.

Como toda guerra implica propaganda de guerra, el ejército nunca ha asumido sus responsabilidades y achaca a otros lo que es directamente responsabilidad de su accionar. Por ejemplo, los asesinados lo fueron por las “distintas extremas de izquierda o de derecha”, los masacrados eran miembros de la guerrilla y fueron muertos en combates militares, etc.

Todavía se puede encontrar en diversos libros publicados por los militares o en sus declaraciones que ellos hicieron las cosas en defensa de la patria, por salvarla del comunismo, etc.

No hay una asunción ni reconocimiento adecuado de las prácticas sociales genocidas que desarrollaron en la guerra y que todavía tienen consecuencias, como la pasividad y la desconfianza frente a la acción colectiva y reivindicativa, la imagen de las víctimas como totalmente pasivas o responsables (“en algo estaban metidos”), la polarización social en temas como los juicios por genocidio, etc.

Evidentemente que esta posición del ejército y sus representantes ha sido refutada por instituciones que denunciaron desde que las atrocidades se estaban cometiendo (la “avalancha” de violencia como la llama Sergio Palencia), por informes como el del REMHI o el de la CEH, por otros trabajos académicos, etc.

Pero la negación institucional se mantiene… el ejército y sus representantes todavía no reconocen lo que hicieron (y muy probablemente sigan en esa negativa).

Sin embargo, el Estado guatemalteco sí sabía y sí reconocía a través de documentos legales lo que estaba haciendo. Como parte de una esquizofrenia estatal que tenía un lado homicida, había otra institución del Estado que estaba registrando y archivando lo que estaba sucediendo: los archivos del Organismo Judicial son una fuente que se empieza a utilizar para revelar que una parte del Estado sabía lo que el ejército estaba realizando.

Los asesinos siempre dejan huellas. Y en esta ocasión, las huellas las dejó, sin quererlo, en el propio Estado.

Para saber más del tema, hay que asistir a la presentación del libro Verdades de papel y recuerdos vivos que se realizará el jueves 24 de noviembre, a las 6:00pm en el Paraninfo Universitario.

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Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

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