La etnicidad y el XII censo de población de Guatemala

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Esta semana inició la recopilación de información para el XII Censo de Población de Guatemala y una de las preguntas, de dicho censo, que más polémica genera es la que se refiere a la auto identificación étnica de las personas.

La mayoría de países en el mundo recolectan en sus censos información que categoriza a la población por raza, etnicidad, origen nacional o ancestral. De cerca de 150 países estudiados por Naciones Unidas en el año 2003, la mayoría recolectan datos por origen nacional o étnico. Pero los términos usados por los diferentes países varían enormemente y tienen diferentes significados de un lugar a otro, de tal forma que lo que para un país puede ser una “raza”, en otro puede ser una “etnia”.

Independientemente de las diferencias en cómo los gobiernos recolectan la información del censo, usualmente hay cuatro formas cómo la información sobre la diversidad de la población es usada: Para control político, para promover unidad nacional, para explorar la diversidad étnica y racial o para combatir la discriminación. (Rallu et al, citado por Morning)

Estas categorías no solo cambian de país en país, sino que lo han hecho a lo largo de la historia y Guatemala no es la excepción. Recordemos que el gobierno colonial clasificó a la población en un sistema segregacionista (de control de la población), basado en el color de piel y la “pureza” de sangre, en el que españoles y criollos estaban por encima de las castas (mestizos), indígenas y afrodescendientes, así que en los inicios del Estado guatemalteco, persistían etiquetas como criollo, español, mulato, mestizo, pardo y otras que hoy ya no se usan oficialmente, aunque haya personas que sí se auto identifican de esa forma.

El Censo de 1880 fue el parte aguas para la división y reducción de la sociedad a únicamente dos categorías o “razas”: indígenas y ladinos, que son vistas por el Estado como opuestas, pasando la “identidad nacional” a ser representada por los ladinos y promoviendo políticas para que los indígenas (y otras identidades “subalternas” invisibilizadas), asimilaran la identidad nacional y se “ladinizaran”. Las consecuencias de esta nueva clasificación son graves, pues reforzaron la construcción de las identidades desde la negatividad, sobre todo la de los “ladinos”, que empezaron a ser llamados así, no por hablar el castellano, que era el significado colonial de la palabra, sino por “no ser indígenas”. Paradójicamente, el primer censo técnico, ejecutado por el gobierno de la Revolución en 1950, vino a reforzar esa noción del ladino como “no-indígena”, que prevalece hasta la actualidad.

No fue sino hasta el censo anterior, del año 2002, que se empezó a recoger información sobre la etnicidad desde la auto identificación, lo que permite desagregar la gran diversidad étnica de los pueblos indígenas. Esta tendencia se sostiene en la boleta del censo que se lleva a cabo este año, pero aún quedan aspectos por mejorar.

Concretamente, el censo nos preguntará: “Según su origen o historia ¿cómo se considera o auto identifica?”. Las opciones son 6: maya, garífuna, xinka, afrodescendiente/creole/afromestizo, ladino y extranjero. Si nos identificamos como mayas, podemos especificar la comunidad lingüística a la que pertenecemos, y para todos los que no nos identifiquemos como mayas, podremos especificar el idioma con el que aprendimos a hablar (incluido el lenguaje de señas y una opción abierta de “otro”).

Se ven avances en relación con censos anteriores, por ejemplo, en la inclusión de una opción de auto identificación para los afrodescendientes que no son garífunas; (De acuerdo con Paul Lokken y Cristopher Lutz, a principos del siglo XIX un tercio de la población de la Ciudad de Guatemala era “mulata”, es decir, afrodescendiente) pero se sigue asumiendo que los que no somos indígenas o afrodescendientes forzosamente somos ladinos, lo que refuerza la idea que los pueblos indígenas son diversos y quienes no son indígenas, homogéneos. Además, cabe preguntarse si todos los que no se identifican como mayas, garífunas, xinkas, afro descendientes o extranjeros, conocen su origen o historia, dados los procesos de aculturación por los que muchos guatemaltecos hemos pasado.

En la Exposición ¿Por qué estamos como estamos? (donde yo trabajo), a lo largo de los años hemos dejado abierta la pregunta sobre la auto identificación étnica en nuestro registro de visitantes y si bien la mayoría de los que no pertenecen a un pueblo indígena o afro descendiente, se identifican como ladinos, muchos otros prefieren la palabra mestizo para auto identificarse y hemos recolectado más de 100 posibles respuestas que no se corresponden con las categorías del censo, sin nombrar la gran cantidad de personas que ante la pregunta abierta, no saben cómo identificarse o simplemente piensan que la identidad étnica no es importante.

Se podría concluir que el censo ya rompió con el paradigma de ser un instrumento de control de la población. Sin embargo, por la naturaleza cerrada de la pregunta sobre adscripción étnica, a muchos se nos impondrá una categoría (la de ladinos), con la que no estamos del todo cómodos, por el origen negativo de la etiqueta. El censo al menos hará visible una parte de la gran diversidad cultural que existe en el país, pero tras él, el paso pendiente será que los datos que arroje sean utilizados para la elaboración de políticas públicas que equilibren la desigualdad histórica provocada por la discriminación hacia los pueblos indígenas.

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César Ramiro García

Parafraseando a Savater y Galeano, soy un pesimista que piensa que es necesario actuar para que las cosas cambien porque los optimistas están felices con nuestra situación actual. Trabajo contra el racismo y considero que es necesario luchar por la memoria y el medio ambiente. Soy lector y ciclista urbano.

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