La falsedad del arte: el error

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Una aproximación desde Benedetto Croce

El error en el arte nunca es puro; si lo fuera, sería cierto.  El error, para que lo sea, debe tener parte de certeza: el referente de verdad es necesario.

¿Qué papel puede desempeñar en el espíritu del hombre un mundo de meras imágenes, sin valor filosófico, histórico, religioso y científico y hasta sin valor moral o hedonista?  El hecho de nutrir simplemente el espíritu con puras imágenes tiene una denominación poco honorífica: se llama fantasear, y lleva tras de sí, como secuela inevitable, el epíteto de ocioso.  De modo que el arte, o no es intuición pura, o la intuición no puede consistir en un fenómeno simple de imaginación.  El concepto de unidad, advirtiendo que todo trabajo artístico había de ser simplex et unum.

Toda obra de arte genial suscita una larga serie de imitadores que generalmente repiten, recortan, combinan y exageran mecánicamente aquella obra de arte y toman el partido de la imaginación al lado o en contra de la fantasía.

Se ha dicho que la imagen artística es tal cuando une lo sensible a lo inteligible y representa una idea.  Inteligible o idea no puede significar otra cosa que concepto, el concepto o la idea une siempre lo inteligible a lo sensible.  Y no solamente el arte, el nuevo concepto del concepto salva el desgarramiento del mundo sensible y del mundo inteligible, concibiendo el concepto como juicio, el juicio como síntesis a priori y la síntesis a priori como verbo que se hace presente como historia.  La alegoría es el acoplamiento convencional y arbitrario de un concepto o pensamiento y de una imagen, haciendo de suerte que la imagen ha de representar aquel concepto.  Esta necesidad de resolución nos lleva a afinar la teoría de la intuición como alegoría de la idea, de la teoría de la intuición como símbolo.  Porque en el símbolo la idea no vive por sí sola.

La idea se disuelve completamente en la representación, la idea se ha hecho representación y no puede aprehenderse como tal; idea no es ya idea, sino solamente el signo del principio de unidad de la imagen artística.  Claro está que el arte es símbolo, que está henchido de significación.  Pero ¿de qué símbolo se trata?  La intuición, si es verdaderamente artística, lo aprehende; las grandes obras no pueden llamarse ni románticas ni clásicas, ni pasionales ni representativas, porque son a la vez representativas, pasionales, clásicas y románticas, lo que da coherencia y unidad a la intuición es el sentimiento atrapado en símbolo.

Idea, intuición y sentimiento prestan al arte la ligereza del símbolo.  El error impide que se pueda atrapar el arte en símbolo.

Croce, Benedetto (2002) Breviario de estética. Madrid: Editorial Aldebarán.

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Gustavo Sánchez

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