La familia ideal

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En el transcurso de sus diatribas semanales cuando era jefe de Estado de facto, José Efraín Ríos Montt solía reprender cual viejo regañón. Mientras el ejército bajo su mando cumplía el plan de campaña que derivaba en actos de genocidio; sí, en actos de genocidio aunque haya quienes no lo quieran entender, él vestido de camuflaje moralizaba por la televisión.

De allí surgirían las réplicas sarcásticas a la acuñada frase “usté papá, usté mamá”, a quienes responsabilizaba por la conducta de sus hijos. Él, ese general golpista que hoy enfrenta juicio por genocidio, delito por el cual ya fue condenado en 2013, gustaba demostrar cómo debía ser la familia ideal.

Hablaba de la fidelidad en el matrimonio, del ejemplo que padre y madre habrían de dar a sus hijos e hijas pues, por supuesto, no concebía otra forma de familia más que esa. Y a la tradición le apuntaba al exigir que se cuidara de que los hijos e hijas no devinieran en delincuentes.

“No robo, no miento, no abuso” era su estandarte, mismo que utilizó para promover al partido político Frente Republicano Guatemalteco (FRG) con el cual pretendió llegar a la presidencia. Con el paso del tiempo, uno a uno, los tres elementos de su consigna han caído estrepitosamente porque, sí robó, si mintió y si abusó.

Recriminando semanalmente a la población, cuando era jefe de Estado, Ríos Montt se ponía a sí mismo y a su familia de ejemplo. Años después, su esposa e hija se brincarían la baranda del hemiciclo para atacar a dos constituyentes a quienes restregaron polvo de chile en los ojos. Las mujercitas del general actuaron en venganza porque dichos legisladores, Mario Taracena Diaz-Sol y Oliverio García Rodas expresaban por qué el artículo 186 constitucional prohíbe la participación de golpistas en las elecciones presidenciales. Luego, durante el gobierno del FRG, su vástago ascendido meteóricamente a general, confabulaba para apropiarse ilegalmente (forma elegante de decir robar) de los fondos del ejército.

Esposa e hija agresoras, hijo ladrón y aprovechado. Clase de familia dirigida por quien se llenó la boca con discursos moralizantes pontificados desde un gobierno de facto que cometió genocidio. Valiente ejemplo de quien, escudado en prácticas de litigio malicioso, procura conseguir impunidad por los delitos que se le imputan. Mismos que ya fueron ampliamente documentos y probados en el juicio por genocidio del cual salió condenado.

El poder de la mentira y la impunidad que le ha rodeado es lo que le permitió, en el marco de una trama tejida por su hija, pretender que el juicio no existió y que debía repetirse. Así como no esperaron que en la primera ocasión se llegara a debate, con toda certeza pensaron también que no habría segunda ocasión de dar la cara ante la justicia.

Para ello urdieron una nueva trama. Fingir demencia y corromper con dicho propósito, los procedimientos de una institución que hasta ese momento había disfrutado y merecido de la confianza judicial. El Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF), concretamente su unidad de siquiatría forense es hoy por hoy la nueva estrella en la bandera de impunidad de esta familia delictiva.

Con tal de impedir la presentación ante el juzgado, el hombre que despotricaba por la moralidad y la familia es hoy presa de la familia que lo envenena día con día. El análisis médico de los efectos que produce la medicación administrada es más que elocuente: al sindicado de genocidio le mantienen sedado con medicamentos que lo van a matar tarde o temprano. De allí que apelar a su ancianidad y reclamar actos de humanidad para que se le permita a la hija que lo siga drogando hasta el final, no es más que el teatro perverso del entorno maléfico que rodea a Ríos Montt.

El ideal de familia que pregonaba cuando conducía al ejército que cometió genocidio no existía más que en su discurso. Su familia, la de verdad, son como él; delincuentes, mentirosos, agresores y perversos.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

1 comentario

  1. Antonieta García on

    Mejor manera de describir a esa familia de delincuentes: imposible. Excelente articulo de la pluma de una valiente y acuciosa periodista.

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