La fiesta mundial por la muerte

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De Octavio Paz es la frase “nuestro culto a la muerte es culto a la vida”, en alusión a la cultura mexicana que ha construido alrededor de la añoranza por los seres queridos que han fallecido, una ritualidad que se ha convertido en felicidad de los vivos que recuerdan a los muertos con la vida misma, con comida, con música, con imaginería, con bebidas y con baile hasta convertir el día de muertos en día de vivos. Pero para el resto de los días del año, antes y después del uno de noviembre, la frase podría aplicarse al revés: “el culto a la vida es un culto a la muerte”.

Parece que el mundo está empeñado en morir, en extinguirse; recientemente un grupo de investigadores de la International Union of Geological Sciences debatía sobre la propuesta sugerente de llamar a la época actual como Antropoceno. El grupo de investigadores propuso una definición según la cual este periodo está marcado por “un cambio de régimen en la actividad de las sociedades industriales, que comenzó a finales del siglo XIX y que ha causado alteraciones en el sistema global de la Tierra a una escala sin precedentes en la historia de la humanidad: el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación de la tierra, mar y aire, depredación de los recursos, la erosión y degradación de los suelos, la transformación radical de los ecosistemas, etc.”.

Sospechosamente el período temporal de esa era coincide con el auge y exacerbación del capitalismo. La huella que estamos dejando en el planeta será indeleble, es de tal magnitud que estamos barriendo con muchas formas de vida incluida la especie humana, será la marca del egoísmo humano. Como una paradoja, la humanidad desarrolla dos fenómenos que probablemente son producto de lo que yo llamaba antes la exacerbación de las condiciones mundiales; por un lado la tecnología en sus variadas aplicaciones a distintos ámbitos de la vida y por el otro el empeño en la decadencia. Ambas parecen ir en direcciones opuestas, una no está al servicio de la otra, más bien es utilitaria para que más pronto llegue el ocaso.

En este escenario como antesala, ha sucedido una vez más la arrogante celebración de Halloween que le trata de devolver vida a los que la tuvieron; que quiere ir al más allá a cualquier costo y que adula la muerte de una manera tan sarcástica que pareciera que el fin último es acercar el inferno de Alighieri al presente, que ya se le parece. Y todo apunta a que lo estamos logrando; los siguientes ejemplos evocan seguramente la capacidad que tenemos como especie soberbia de llevarnos al filo del gran finale.

Un jinete apocalíptico se acerca cabalgando, de su boca y nariz emana sangre; la epidemia del ébola parece tener un potencial aniquilador enorme, capaz de borrar de un tajo un continente entero. Su reproducción exponencial va al mismo tiempo que el pánico y la conspiración que se riegan, como en el cine más perverso de Hollywood. La potencial amenaza nuclear del conflicto de baja intensidad que se mantiene en Ucrania representa una refuncionalización de lo peor de la otrora guerra fría, su desencadenamiento nos llevaría al borde de la extinción.

Las cabezas degolladas de occidentales rehenes a manos del Estado Islámico abren el tercer capítulo de la larga y fracasada guerra contra el terrorismo, que no ha derrotado al Al Qaeda y ya ha producido un engendro tan perverso que hace palidecer a cualquiera. Tal parece que la extensión de este conflicto en la región llevaría a buena parte de esa región en otra tormenta del desierto.

Además hay pequeños purgatorios locales que no por su tamaño son menos tormentosos pero sus razones territoriales los hacen ceñirse a sus fronteras localizadas. Por solo mencionar algunos resalta México y su subsuelo de cadáveres, fruto de una guerra entre Estado y Narco que se amalgama con la corrupción que filtra todo a su paso. El conflicto palestino-israelí como una olla de presión que a cada poco libera  los vapores de la terrible indignidad de un pueblo que es arrodillado por otro ante la complicidad del mundo entero. Y una nota para Guatemala, territorio con una historia irresuelta de genocidio y atrocidades que hacen de su pueblo un gran colectivo social de enfermos mentales que deambulan por las calles aspirando derechos que no tienen.

Como se ve, parece ser que las peores pesadillas que añora Halloween son una realidad en esta era en la que el ser humano se ha erguido sobre su propio ego aplastando todo y a todos, dejando una huella que dice “en paz descanse la humanidad”.

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About Author

Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

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