La green card de Iñárritu

0

Who gave this son of a bitch his green card?” —dijo Sean Penn al anunciar que Alejandro González Iñárritu ganó el premio Oscar a la mejor película por Birdman, frente a millones de televidentes. Si le causó risa no lo entendió y si le causó indignación probablemente tampoco.

Por supuesto que inmediatamente después han venido las respectivas explicaciones, los llamados a tener un poco de sentido del humor, los comentarios condescendientes aduciendo que quien se ofendió es por ingenuo incapaz de entender la ironía y el sarcasmo, o que Iñárritu y Penn en realidad son amigos tras bambalinas. Probablemente si la broma hubiera sido entre ellos, en los camerinos y con una cerveza en la mano; o si para enviarnos un mensaje al resto del mundo se hubiera enmarcado en un filme corto satirizando el cinismo de los que están en contra de la inmigración, dicha frase no hubiera sido vista como innecesaria y hasta ofensiva.

En lo personal dudo que haya sido una broma o sátira, tampoco un comentario mal intencionado; parece ser que el objetivo del comentario de Penn fue darle pie a Iñárritu, quien inmediatamente después en su discurso de aceptación hizo un llamado a que los «nuevos inmigrantes» sean tratados con el mismo respeto y dignidad que los que llegaron antes a esa nación construida por inmigrantes. Todo pudo ser una casualidad pero en mis ojos es una fiel representación de una realidad velada y cínica, en varios niveles.

El primer nivel y el más obvio es el de la xenofobia; el señalamiento de un problema –un premio Oscar que pudo haber ido a alguien más– cuya causa se le atribuye a haber otorgado cierta green card a un extranjero –en este caso a Iñárritu–. De la misma forma en que entre agricultores o ingenieros equivocadamente se arguye que los extranjeros vienen a quitarle trabajos a los locales.

El segundo es el nivel del mérito; que el merecimiento de un premio no se trata solamente del trabajo ejecutado ni de la calidad del mismo sino que también depende de cierto derecho heredado del origen del ejecutor (como el de optar a un título nobiliario o pertenecer a una casta). Dicho cuestionamiento ni siquiera existe para alguien originario de Pennsylvania, por ejemplo.

El tercer nivel es el de la arrogancia; que una persona común y silvestre se sienta con el suficiente derecho de cuestionar el estatus migratorio de otra, cuando es un dato relevante solo para los oficiales de la oficina de inmigración.

El cuarto nivel es el de la condescendencia; desde una posición incuestionable, superior por defecto, hacer una broma ligera de una situación que nunca se ha enfrentado, que es seria y hasta dolorosa para muchas personas.

El quinto es el de la desigualdad; un gremio como el de Hollywood no dista de cualquier otro en cuanto a la disparidad de ingresos y oportunidades por motivos de origen o etnia. La actriz Patricia Arquette tocó el tema de la desigualdad de género durante esa misma premiación; con la xenofobia son discriminaciones de distinta naturaleza pero paralelas en cuanto a la dinámica de dominación y su impacto en las personas que las sufren.

El sexto nivel es el del nacionalismo; las producciones de Hollywood son estadounidenses y en principio es comprensible que se perciba –también con sus premios– como un club exclusivo para los locales. La dicotomía aparece cuando se comprende que su mercado es mundial, quienes consumen estas producciones son de todos orígenes y esto presenta la lucha por la igualdad que se promueve como dispar cuando sugiere que los nacidos en EEUU son “más iguales que los demás” y terminan por fortalecer las actitudes de desigualdad por origen; a pesar de que solo corresponde a una fracción de las producciones cinematográficas del mundo el éxito fílmico se mide triunfando en el cerrado Hollywood, aminorando el mérito del cine de otros lugares.

Como estos debe haber más, pero estos puntos son suficientes para exponer la idea; que sarcástica o no la broma de Sean Penn es una fotografía fiel de lo que sucede en las calles y en las mentes de muchos estadounidenses blancos, que la broma no es nueva ni original y es bastante trillada en realidad; se repite diariamente, ad náuseam.

Share.

About Author

Alejandro Echeverría

Alejandro es ingeniero, tecnólogo, fotógrafo y montañista.

Leave A Reply