La guardiana del río

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Las honras fúnebres de Berta Cáceres Flores, lideresa indígena lenca, en Honduras, reunieron física y virtualmente a decenas de miles. La serpenteante marcha multicolor para despedirla concentró principalmente a sus hermanas y hermanos hondureños y muchas y muchos centroamericanos. Los pronunciamientos en repudio por su asesinato, también llenan los espacios cibernéticos, en tanto que las redes sociales son miles de voces, en diversidad de idiomas alrededor del mundo que cuestionan este crimen atroz.

Las balas que cegaron la vida de esta incansable defensora, salieron de armas de fuego que circulan con total libertad en una región acechada por el crimen y, peor aún, el sicariato. Esa forma perversa en la cual quien cuenta con los recursos suficientes paga para que otros realicen el trabajo “sucio” de matar por encargo. Esta vez, la objetiva era una mujer, quien junto a otras personas, fundó en 1993 el Consejo Cívico  de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH).

Desde el COPINH, Berta y el pueblo lenca se constituyeron en la muralla de defensa del río Gualcarque, en Intibucá, amenazado por la construcción de la hidroeléctrica Agua Zarca. Un proyecto impulsado por el Banco Mundial (BM) y la empresa estatal china Sinohydro (conocida como una de las mayores constructoras a nivel mundial), el cual fue finalmente suspendido.

Las motivaciones de Berta y el COPINH tenían una profunda raigambre cultural y comunitaria. El río Gualcarque es catalogado por el pueblo lenca como un entorno sagrado. El mismo es crucial para la subsistencia del pueblo y su explotación con fines de la construcción de la hidroeléctrica amenazaba fuertemente la vida misma de los lencas.

Su labor como defensora de derechos humanos, en especial el derecho a un ambiente sano y al territorio de los pueblos como expresión de vida le valieron varios reconocimientos mundiales. En 2015 fue galardonada con el Premio Medioambiental Goldman, en tanto que en 2012 se le otorgó en Alemania el premio Shalom.

Su voz fue siempre altiva en rechazo a la violencia y a la ilegalidad. Por ello, cuando se produjo el golpe de Estado en junio de 2009, Berta fue una de las principales expresiones de rechazo a esta acción criminal. Derivado de su accionar, fue perseguida por miembros de las fuerzas armadas, al grado de que elementos del ejército hondureño rodearon su casa de habitación. Esta circunstancia motivó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), a otorgarle medidas de protección que debían ser proveídas por el gobierno hondureño.

A pesar de las mismas, Berta fue aniquilada, en la madrugada del 3 de marzo, luego de que su vivienda fuera violentada. En la misma residencia se hospedaba el ambientalista mexicano Gustavo Castro Soto, director de la organización civil Otros Mundos Chíapas, quien resultó herido en el hecho. Gustavo Castro no ha podido abandonar territorio hondureño por cuanto las autoridades le han impedido salir del país y ha debido quedar a resguardo de la representación diplomática mexicana. Es decir, el gobierno hondureño falla garrafalmente en proteger a la defensora Berta Cáceres pero corre en criminalizar y perseguir a otra víctima, como es el caso de Gustavo Castro.

Dados los niveles de corrupción en el estado hondureño y de connivencia con los sicarios y los contratistas de estos, así como el alto índice de ejecución de defensoras y defensores de derechos humanos en dicho país, no es creíble una hipótesis ajena al móvil político.

Berta fue la guardiana del río y el pueblo lenca. Su legado es una herencia de dignidad y lucha por la vida. Miles en Honduras y en el mundo reclaman justicia por su muerte y demandan de las autoridades hondureñas un alto a la represión y a la agresión en contra de las y los defensores.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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