La herencia de Ríos Montt, genocida de genocidas

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La muerte del general golpista mostró una vez más cuán necesaria es una Comisión de la Verdad en un país que terminó la guerra, pero nunca se recuperó de ella.

La ignorancia histórica es abrumadora: a pesar de las múltiples y desgarradoras evidencias científicas, como las exhumaciones de la FAFG, que muestran claramente las terribles formas de morir que afrontaron miles de inocentes, hay una corriente negacionista que llama a olvidar el pasado, como quien esconde un polvo incómodo a la vista bajo una almohada, sin pensar que está hecho de huesos humanos.

Los textos que se estudian en las escuelas dedican un párrafo bajo el eufemismo de “conflicto armado interno” a una Guerra Civil que duró casi 40 años y tuvo como saldo más de un cuarto de millón de muertos, un millón de desplazados y 45,000 detenidos-desaparecidos por las fuerzas del Estado.

Una guerra cuya crueldad supera la del Holocausto judío, que tantos guatemaltecos lloran como suyo, alcanzó su pico más sangriento durante el gobierno de facto de un hombre megalómano, alcohólico y borracho de poder, que se creyó su propia mentira mesiánica y aprobó de forma tácita un conjunto de horrores que esperamos nunca se repita.

Aldeas arrasadas, quemadas, borradas del mapa; gestantes con el vientre abierto, niños cuyas cabecitas fueron rotas contra las piedras, intelectuales torturados y muertos por el delito de sentir, forman parte del legado sangriento del candidato de la DC que huyó cobardemente la única vez que ganó limpiamente una elección.

Los Tribunales de Fuero Especial, con sus jueces sin rostro y procesos sumarísimos, también se alistan en la herencia de deshonor de un adicto al poder, con ego descontrolado, quien se negó, hasta el último momento de lucidez que tuvo, a admitir sus abominables crímenes.

José Efraín Ríos Montt pasó a la historia, sin duda, pero no como lo hubiera querido. Por más que su hija y heredera de su falta de humanidad –misma hija que estaba en campaña con el cadáver de su padre aún fresco–, proclamara que el “General de Generales” murió libre, el mundo lo recordará por lo que aparece en los buscadores al ingresar su nombre: Genocida.

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Elizabeth Rojas

Mujer, feminista, irreverente apasionada de la vida, comprometida con la salud mental. Escéptica e irónica, pero creyente en el poder de las redes sociales, la herramienta ignorada.

2 comentarios

  1. ¿Libre? Si, pero bajo fianza y en juicio. Decrépito, jamás aceptó su responsabilidad, sabedor que si decía la verdad, que fue un enfermo de poder que tenía una obsesión malsana por el mismo y que en realidad no dominaba nada, prueba de ello es que su gobierno duró sólo 18 negros meses. Hasta nunca sr. general rios montt.

  2. Aron Lindblom

    La comparación que hace la autora en decir que el conflicto armado interno en Guatemala superó la crueldad del Holocausto judío es inoportuna, equivocada y ahistórica.

    Comparar eventos históricos es muy difícil, y más aún cuando se trata de procesos alejados en tiempo y geografía. El genocidio cometido por los nazis contra los judíos de Europa (el Holocausto) causó la muerte de 6 millones de personas en menos de 6 años, si tomamos como referencia la ocupación alemana de Polonia que duró de septiembre 1939 hasta mayo 1945. La población total de judíos en Europa en 1939 ha sido estimada en 11 millones de personas, así que los nazis lograron exterminar más del 50% de los judíos europeos en menos de 6 años.

    El genocidio en Guatemala también fue cruel, feroz y absurdo, pero es flojo y sin sentido decir que superó la crueldad del Holocausto judío.

    El Salmón generalmente mantiene un nivel muy alto en las colaboraciones que publica, pero esta vez decepciona.

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