La hora de tomar partido

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Los que nos las llevamos de intelectuales progres deberíamos hacernos una pregunta elemental:

¿Creemos en la democracia o no?

Como la respuesta puede únicamente ser sí no tenemos más remedio que ser congruentes con el ideal de la democracia y aceptar con humildad que la voluntad de la mayoría no necesariamente se ciñe a nuestros deseos.

Y es que quienes hicimos un llamado al voto nulo o la abstención recibimos una soberana lección de humildad cuando los niveles de participación en la última elección alcanzaron cifras récord. Cierto, la renuncia y posterior encarcelamiento de Otto Pérez Molina probablemente restauró la fe de la población en el sistema. Quizás si OPM siguiera en la impunidad el llamado habría funcionado. Nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es que el deseo de la gente por un mejor país fue tan palpable como genuino. El voto fue en sí mismo la más grande de las manifestaciones de abril para acá. Y esa voluntad sagrada debe respetarse.

No podemos decir que el anhelo del pueblo hizo que el sistema se pusiera bonito de la noche a la mañana, pero sí podemos decir que solamente con la cohesión social espontánea lograda en los últimos días Guatemala es hoy un mejor país que ayer. Hoy podemos incluso hablar de empezar a construir un nuevo país.

En esta encrucijada histórica llega la hora de tomar decisiones. La primera de ellas es:
¿Queremos contribuir a construir ese nuevo país?

Si la respuesta es sí nuestra primera tarea debe ser aceptar la realidad como es y no como quisiéramos que fuera. Si aceptamos los límites de esta nueva realidad (que ya no es tan mala) la próxima decisión sería elegir entre las dos opciones electorales que se nos presentan pero no desde la pasividad tradicional sino desde la participación directa.

Si cree que ninguna de las opciones es buena le recuerdo que usted. Ya se comprometió a aceptar la realidad tal y como es (pero que -como le repito-, ya no es tan mala). Y es que si vamos a aceptar que Guatemala de verdad cambió en los últimos meses debemos aceptar que esta elección va a ser muy distinta porque por primera vez en la historia el pueblo no solamente tendrá voto sino también voz.

Como esta oportunidad no durará mucho, nos llegó la hora de tomar partido. Llegó la hora de proponer y soñar, de debatir y analizar. Llegó la hora de hacer cuentas, proyecciones y cálculos a plena luz. Llegó la hora de usar la cabeza más que el hígado.

Como es de esperarse, hay quienes no quieren que nada cambie aunque digan lo contrario. Sus negocios y estilo de vida dependen de ello. Usted los conoce. Las fuerzas mediáticas del statu quo ya tomaron partido y se preparan para atacarlo. Tratarán de meterle miedo. Le mentirán. Jugarán con su tendencia a la guanaquería y a creer conjeturas poco probables. Le lanzarán sin pudor algunos argumentos falaces apelando a nuestra larga historia de desinformación y manipulación mediática.

Ojo que el blanco de las campañas sucias no es tal o cual candidato, es usted. La gran diferencia entre esta vez y las anteriores es que ahora usted lo sabe. Esta vez usted está convencido que el futuro del país no dependerá del próximo gobierno sino de lo que usted le permita hacer.

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Abraham Barrios

Estudiante empedernido de la naturaleza humana y amante de las causas perdidas. Aparte de eso, muy difícil de etiquetar.

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