La justicia que les debemos

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De los muchos escándalos derivados de la corrupción, la muerte de 41 niñas por responsabilidad del Estado es el más grave. Las niñas murieron incineradas en un cuarto que servía de calabozo en un internado a donde llegaban supuestamente para ser resguardadas del peligro. Se trataba de niñas menores de edad que habían sufrido violencia intrafamiliar o abuso sexual. También había niñas  rescatadas de las garras de redes de trata para esclavitud sexual o laboral y, también niñas que habían sido “institucionalizadas” luego de que se activara la alerta Alba-Keneth, por desaparición de menores de edad. Había también menores en situación de discapacidad de diferentes formas, ante la imposibilidad familiar de cuidarles.

Pero, lejos de encontrar consuelo y posibilidades de reconstruir sus vidas y recuperar su salud física, emocional e intelectual, cayeron en las manos de una red criminal. Una red que, además, tenía el control y el poder del sitio en donde estaban internas. Por diversas vías se supo, hace meses, de las condiciones de agresión que enfrentaban. A tal grado que la Procuraduría de Derechos Humanos (PDH) presentó una denuncia que llevó a que la jueza Verónica Galicia ordenara el cierre del lugar en cuestión.

En el mal llamado Hogar Seguro Virgen de la Asunción laboraban personas que carecían de las cualidades esenciales para cumplir con la labor asignada. No había un equipo especializado en psicología, psiquiatría, pedagogía, sociología, antropología, trabajo social, terapia ocupacional y de recuperación. No había especialistas en psicopedagogía. No había personal con valores sociales, capaz de atender desde la perspectiva humana a quienes tenía a su cuidado.

Imágenes compartidas en redes sociales han mostrado a dos hombres identificados como monitores –supuestos profesionales– quienes hacían uso ostentoso de armas de fuego, de grueso calibre. Parecía la imagen de una banda de narcotraficantes y no la reunión de educadores en un centro de atención y cuidado de niñas en situación de riesgo. Como si fuera poco,  apareció luego la fotografía de una mujer a quien llamaban “mamá colocha”, quien tampoco ofrece una imagen profesional para atención a menores en recuperación. Las sospechas de que el sitio era cantera de “mercadería” para las redes de trata cobra fuerza con las imágenes ya mencionadas.

De manera que para impedir más daño, la denuncia de la PDH debió ser atendida con celeridad. Sin embargo como ya se ve no fue así. La resolución de la jueza Galicia no fue acatada por el organismo ejecutivo. Por el contrario se mantuvo la práctica de abusos a tal grado que el 7 de marzo se produjo una rebelión de las  internas y una fuga masiva que derivó en la intervención de las fuerzas policiales. Elementos de la Policía Nacional Civil (PNC) fueron enviados a “cazarlas” y devolverlas al sitio en donde fueron recluidas y encerradas en el cuarto. El mismo que sirvió de base para la hoguera en la cual la estructura criminal que opera en el sitio habrá pretendido ocultar las evidencias de sus delitos previos.

Guatemala sigue ocupando titulares. No por logros en ciencia, cultura o deporte. Ocupa titulares no porque haya quienes sientan felicidad en “hablar mal del país”. Ocupa titulares porque, al igual que hace tres décadas, el fuego ha sido utilizado como instrumento de castigo para quitar la vida y masacrar a la población que el estado debía proteger.

Han muerto ya 41 niñas. Ojalá y para cuando esta nota vea luz no haya una muerte más derivada de este crimen. Las vidas de estas niñas se volvió un infierno desde que ingresaron al internado. Muchas de ellas ya vivían un pre infierno en sus hogares o fuera de ellos. Procurar justicia por el crimen que sufrieron exige no solo identificar a las y los culpables de esa muerte atroz. También significa investigar a esas redes que operan allí y en prácticamente todos los centros a cargo del Estado en donde se interna a niñas y niños por diferentes razones.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

3 comentarios

  1. Muy ASERTADO su articulo analitico Sra. Iduvina Hernandez, COMO SIEMPRE, me agrada su opinion , y estoy al 100 % de acuerdo con usted en este lamentable ASESINATO de estas 41 NIÑAS, y los culpables ????.brillan por su ausencia, y todo por lo que YO llamo las “LEYES DE GELATINA “, que Guatemala presume tener , que se acomodan a los asesinos.

  2. Moisés Berducido on

    ¿Sabe que es lo más horrible de este hecho Sra. Iduvina Hernández? Que tiene una pinta horrible a “escándalo creado” para distraer la atención de hechos más oprobiosos (ya esto es espantoso, ¿que hay de peor aun?. Hay rumores de trata de personas dentro de ese lugar, esclavitud sexual y una mafia de prostitución. La foto de los “monitores”, posando para un casting de película de Narcos es sólo una punta en el enorme Iceberg de podredumbre de lugar.

    Y no olvidemos algo que sucedió EL MISMO DÍA y casi no fue cubierto por los medios, un incendio en el archivo del Ministerio de Salud, curiosamente se quemaron documentos valiosos sobre posibles desfalcos y corrupción con los proveedores de medicamentos. Es tremendo que en pleno siglo XXI siga apestando a prácticas que debieron quedarse en el pasado, las mismas que aplicaron los asesinos del pueblo en las décadas de 1970 y 1980.

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