La legitimidad del sistema

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Como muchas cosas que al principio pocos se atreven a hacer y luego se vuelven moda, criticar al gobierno ahora lo hace cualquiera. Se volvió, digamos, “mainstream”. Es bueno que así sea, que la gente se atreva a criticar lo que está mal, que se atrevan a reclamar sus derechos, pero también es bueno poner atención a por qué el sistema permite que todos protesten en contra del gobierno.

En principio hay que recordar que el sistema está compuesto por muchos actores, algunos con más poder que otros y que el gobierno es solo un actor más al que todo el sistema puede apoyar, o no, dependiendo de qué tanto beneficio le traiga a los que tienen el poder.

Entonces cuando las críticas al gobierno se vuelven más o menos generales, no siempre es el reflejo de la inconformidad de la población, muchas veces refleja la inconformidad del sistema, como cuando los “camisas blancas” protestaron pidiendo la renuncia de Álvaro Colom, por ejemplo.

Es curioso cómo hasta hace unos meses el Cacif se reunía con el gobierno y juntitos y felices armaban comités de crisis y se agarraban de la manita para caminar uno a la par de otro; pero si se observan las críticas en los medios tradicionales hacia las últimas actividades de propaganda del partido oficial, es fácil notar que la narrativa ha cambiado, ahora las críticas al gobierno y su partido son más constantes y abiertas; algo cambió.

Por eso debe observarse con detenimiento, y hacia ahí dirigir las críticas, a todos los actores del sistema, porque ya se sabe que, teorías de conspiración aparte, el gobierno siempre termina siendo solo comparsa, un ente a las órdenes de alguien más. Y si las críticas se vuelven generalizadas es porque, quizá, solo quizá, así conviene al sistema.

El asunto es que el gobierno electo por el pueblo es lo que da legitimidad al sistema. Pero la gente no elige libremente. En las urnas se elige entre quienes tuvieron más dinero para exhibirse en los medios y regalar playeras, y otras chucherías, además de promesas de ayuda a la gente más necesitada. Pero el dinero no lo ponen los políticos, el dinero lo pone la gente que tiene intereses y ayuda a candidatos que le puedan ser útiles. Entonces en las elecciones la gente “elige” entre los escogidos previamente por quienes pusieron el dinero. Y en la fiesta cívica de las elecciones la gente sale a depositar su voto y con ello avala a todo el sistema.

Pero el sistema está podrido y solo beneficia a los poderosos. Por eso hasta los mismos partidos políticos se atreven a hablar de refundar la nación.
¿De qué forma se le puede quitar legitimidad al sistema? Si el voto popular le da legitimidad, la ausencia del voto se la puede quitar. Es similar a cuando se compra algún producto o servicio, si es malo se deja de adquirir y la marca afectada tiene que replantear su estrategia para no desaparecer del mercado.

Imagínense que el día de la fiesta cívica solo llegue un bajísimo porcentaje de gente a votar, ciertamente las autoridades serían electas por unos pocos, pero eso significaría el rechazo de la mayoría a un sistema que no da más y que se mantiene solo por el uso de la fuerza, tal como se ha demostrado en diversas oportunidades. Es cosa de pensarlo.

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About Author

Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

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