“La memoria se escribe sobre tela”

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(Yo escribo esto porque pinté varias de ellas,
y lo dedico a las manos que estuvieron ahí)

gabriela mirandaPor Gabriela Miranda García

Durante este tiempo de lucha y resistencia en Guatemala, hubo montones de formas creativas de manifestarse: piñatas, performance, artículos, carteles y por supuesto las consignas, que nos acercaban con su ritmo y propuesta.

Había algo de efímero en todo esto, de apurado, de cambiante, yo pensaba: “la gente de este pueblo está habituada a la brevedad, como con las alfombras de las procesiones que de bellas duran un instante”. Y sin embargo quedó en la memoria.

Así, si la ley está escrita en piedra, la memoria está escrita en gritos, cartón y telas de colores. Muchas de las frases puestas en las mantas que acompañaron estos meses, dan cuenta de los procesos de lo recorrido. Aún se puede caminar por fuera del parque Morazán (Jocotenango) y leer en el duro asfalto, algunas de las frases que quedaron estampadas al pintarlas en la calle.

Los colores intencionados o no: “es negra porque solo ese color teníamos”, “es amarilla porque ningún partido es amarillo”, “es roja porque siempre hemos escrito sobre rojo”. Las mantas se hicieron de donado, de rebuscado y de prestado: telas, lugares para hacerlas, pinceles, pinturas y pita. Todo servía.

Algunas mantas fueron inspiradoras, otras incluso, proféticas. Muchas contundentes, algunas confusas y otras coyunturales.

La manta que acompañó de principio a fin, con la frase: “En estas condiciones no queremos elecciones”, revela un profundo proceso reflexivo, tanto que miles de personas la hicieron suya. Refleja que las preocupaciones iban más allá de las renuncias necesarias de Roxana Baldetti y Otto Pérez Molina, y que los resultados desalentadores del proceso electoral ya eran evidentes, más allá de la persona electa al cargo presidencial.

Algunas apremiaban de urgencia: “Cárcel, destitución, devolución”, “Exigimos al congreso reformar la ley electoral ¡Reformas ya, vigencia ya!”, “Fuera Otto y Roxana”, “Otto ladrón, te queremos en Pavón”, “Cárcel a los corruptos”.

Otras hablaban del trabajo colectivo, “Esta indignación requiere organización: en tu barrio, en tu escuela, en tu iglesia” o “Sobre el muro de la corrupción, la voz de la indignación”.

Muchas más con frases imprescindibles: “Si no hay justicia para el pueblo, no habrá paz para el gobierno”, “La memoria rebelde no se deja domesticar” o “Los partidos políticos violan la ley electoral”, “No queremos ni patrón, ni partido, ni elecciones”,

La contundencia de algunas nos hacía temblar: “Por ladrones y asesinos exigimos la abolición del ejército” o “En huelga de hambre por la renuncia de Otto Pérez”.

Lo más importante es que fueron un espacio para que las personas pensaran el país que quieren, para que leyeran lo que nunca antes había leído: “Te toca Tito Arias, Genocida”. Para que se hicieran nuevos compromisos: “USAC es pueblo”; para hacer presentes a las ausentes “Mujeres privadas de libertad”; y presentes a los y las de siempre: “Por la protección de la Madre Tierra. El pueblo ch’rotic’, vive”; para hablar claro: “Las mujeres indígenas estamos hartas de la corrupción”; fueron lugares para fortalecer sueños históricos: “Florecerás Guatemala” o sueños cumplidos: “Floreces Guatemala”.

Unas más, otras menos, muchas personas se mantuvieron firmes, hasta la noche del 6 de septiembre, la fecha de las elecciones, cuando descolgaron del Palacio de Gobierno, la última manta de este proceso que nos abre el camino y afirma: “Nuestros sueños no caben en sus urnas”.

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