La misma democracia sufragista o nada. Pues nada

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gabriela mirandaPor Gabriela Miranda García

“Detesto oír los perros aullando”
José Saramago, Ensayo sobre la lucidez

En periodos electorales se me viene a la cabeza la maravillosa novela de José Saramago: “Ensayo sobre la lucidez”. Para quienes no han tenido la oportunidad de leerla, es el relato de una ciudad entera, a la que se sitia y acosa porque durante los sufragios toda la población (excepto los miembros de los partidos políticos) votó en blanco. Ningún candidato ganó.

Es una especie de secuela de “Ensayo sobre la ceguera”, en esta primera novela todo el mundo, excepto una mujer, padece de un momento a otro de una ceguera blanca. Su protagonista, la mujer del médico, es la misma en “Ensayo sobre la lucidez”.

En la novela, la decisión de votar en blanco es simplemente espontanea. Pero el hecho se ve como un acto de sedición, como un atentado terrorista perpetrado contra el sistema político, por lo que se busca un chivo expiatorio, cuyo sacrificio, como dice Rene Girald, restaurará el orden. La persecución a la ciudad y la búsqueda (¿o creación?) de un culpable son desmedidas.

Pero quizá una de las armas más contundentes usadas en la novela, fue instalar en la población el temor a quedarse sin autoridad, que hace partícipes a unos, cómplices a otros y silentes a la mayoría, el autor escribe así la amenaza,

“Ahora sois una ciudad sin ley. No tendréis un gobierno para imponer lo que debéis y no debéis hacer, como debéis y no debéis comportaros, las calles serán vuestras, os pertenecen, usadlas como os apetezca, ninguna autoridad aparecerá cortando el paso y dando el buen consejo, pero tampoco, atended bien lo que os digo, ninguna autoridad os protegerá de ladrones, violadores y asesinos, esa será vuestra libertad, disfrutadla.”

Como habitantes de países cuya historia es el realismo mágico, sabemos que en periodo electoral todo puede suceder. En Guatemala hoy hay hechos históricos que nunca antes se habrían esperado, hay nuevas preguntas entonces, el camino andado está abierto y en el borde las opciones parecen pocas o muchas.

La coyuntura impulsa a buscar reformas contundentes y justas, las preguntas hacen andar, la alegría de las calles se desborda, “el optimismo de la voluntad” ´–como dice Gramsci– empuja.

También el tiempo apunta a revolución, a andar más lejos, a luchar por el todo, hoy, aquí, tan habituados a lo poco.

Pero el miedo hace apelar de nuevo a la democracia sufragista, a volver a lo mismo. Hay miedo al vacío, a la falta del padre agresor, que durante siglos hemos aprendido como imprescindible.

Este momento es de la gente, que no marquen los mismos oligarcas la agenda. Que la movilización del pueblo no se sacrifique en aras del orden acostumbrado. La oligarquía no debe hacer suyo esta revuelta civil, al contrario hay que aprovechar la guerra que tienen los corruptos para ir más lejos. Hay que aprovechar todo, lo inmediato y lo soñado.

Y quién sabe, tal vez, si seguimos nos demos cuenta, como Frida Kahlo, de que no necesitamos pies, porque tenemos alas para volar.

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