La muerte nuestra de cada día

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La memoria puede fallar y ser inexacta en las cifras, pero las sensaciones quedan. Los hechos se confunden en el tiempo, cuando son tantos es difícil retener la cronología. Este país está signado por la muerte y por la muerte en todas sus manifestaciones. Los asesinatos selectivos, la violencia organizada, la política de tierra arrasada, el genocidio, los muertos del narcotráfico, los cadáveres dejados por extorsionistas, las vidas que se lleva la violencia común; los muertos nuestros de cada día, los 16, 17 o 18 que mueren de forma violenta cada 24 horas; con ellos todos morimos un poco.

Terminada la guerra llegaron los gobiernos democráticos. Ah, tan nostálgico aquel 1986 cuando todo empezaría a cambiar para bien. Pero las muertes no pararon y con el tiempo se incrementaron. Los asesinatos selectivos siguieron, luego vinieron otras masacres.

Campesinos asesinados en petén, reos masacrados en el boquerón; matanzas en pavón, antes y ahora; familias ejecutadas en sus casas, abogados acribillados en la calle, pilotos baleados en su puesto de trabajo, automovilistas, motoristas, peatones, pasajeros del transporte público, niños inocentes, tenderos, comerciantes; tantas y tantas víctimas de todos los estratos sociales.

Son tantas las muertes violentas que se ha normalizado su aparición en las noticias, ya nada asombra. Ahora son 13 muertos en la cárcel, mañana serán en otro lado, o quizá en el mismo; aquí y allá.

Y aquí ningún funcionario asume responsabilidad. Pueden morir 30 niños mal atendidos por el sistema de salud y no pasa nada; mueren madres afuera de centros asistenciales y no pasa nada. La muerte toma todas las formas posibles, no solo la violencia es culpable, es el sistema descalabrado; se muere de hambre, por la indolencia, por mal servicio, por escasez de medicamentos, porque a nadie le importa.

¿A los cuántos muertos se puede pedir la renuncia de un funcionario?

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About Author

Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

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