La nueva Guatemala

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“La tierra de la eterna primavera está volviendo a florecer. Una nueva Guatemala se está formando”.

Así empieza el más reciente spot publicitario de Banco Industrial, apelando a la identidad nacional como estrategia de marketing. ¡Qué originales! Pues no. Banco Industrial no es la primera empresa que hace uso de esta estrategia. Ya lo ha venido haciendo por muchos años la Cervecería Centroamericana, Pollo Campero, Cabcorp, Cementos Progreso, entre otros.

Y no son solo las grandes empresas las que andan apelando a la “identidad nacional positiva”, sino también varias organizaciones civiles vinculadas con la élite empresarial, como: Yo Asumo, Jóvenes por Guatemala, Chapines Unidos por Guate, el Movimiento Cívico Nacional, Chapines para adelante, etc.

Y por supuesto, las iniciativas/propuestas más fuertes: Mejoremos Guate (impulsada por Fundesa y Cacif) y Guatemala Próspera (impulsada por Equip).

Este despliegue mediático, de grandes proporciones, ha surgido en la última década. Se apela al nacionalismo, al patriotismo, a ver las cosas positivas de “Guatelinda”. Un discurso que apela al cambio individual, a la transformación individual, para cambiar al país; cargando al individuo con la responsabilidad de resolver los problemas, en vez de verlos como públicos, que demandan soluciones colectivas.

Al parecer, este discurso ha ido calando en la mente y el imaginario de las personas. Las expresiones y el sentimiento nacionalista crece, se exhorta a apoyar todo lo que nos haga una mejor nación, a mirar solo lo bonito y a rechazar cualquier crítica que se haga contra Guatemala. Y mientras se dice todo esto, también se exhorta a que seamos mejores individuos, que nos preocupemos únicamente por nuestros asuntos, “por superarnos”, por ser productivos.

Es especialmente revelador el discurso empresarial sobre la desnutrición, la cual ahora es vista como un gran problema porque representa para Guatemala un costo económico del 11.4% del PIB año con año. Eso es lo importante, el costo económico que representa para el país, no el dilema ético que es la desnutrición, el dolor físico y emocional que causa a miles de familias guatemaltecas. “¡Ayudemos a los desnutridos porque así vamos a poder producir más!” (Nauseabundo, ¿no?)

Pero resulta que no todos se tragan el discurso nacionalista. En años recientes, las luchas sociales se han ido separando del discurso nacionalista y se han hecho cada vez más locales. Las luchas que vemos en la actualidad no tienen que ver con crear todo un andamiaje político y económico que mejore al país, sino tiene que ver con la defensa de los derechos humanos de los colectivos subalternos. Luchas por la vida, no por la nación.

De tal cuenta, todo aquel que se oponga a las inversiones, a los megaproyectos, que proteste, que alce su voz, se convierte en “un mal guatemalteco” opositor al desarrollo de todos. No ama a su patria, no merece ser tratado como un ciudadano. Queda fuera del sistema.

La víctima no es el campesino a quien se le despoja de su tierra sino el empresario al que se le dificulta su “honorable” trabajo de generar desarrollo. El campesino es el victimario, el que se opone al progreso de todos, el que no se quiere sacrificar por la nación. Franz Hinkellamert llama a esto inversión antiluciférica. “Los perseguidores se sienten sin culpa. Persiguen a culpables, y por perseguirlos, se les perdona todas sus culpas a ellos, los perseguidores. La sangre de las víctimas es sangre redentora para el victimario.” (1998: 132)

De esta forma es como se busca mantener el orden establecido. Recurrir a la violencia física solo en lo necesario, cuando las cosas se salen de control, que se justifica en aras de la nación. El resto del tiempo se presenta una cara sonriente que exhorta a ser felices y optimistas, a no criticar, a producir más a menor costo, a ser gente de bien que no se meta en problemas, a amar a Guatemala.

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Andrea Tock

Curiosa, preguntona, torpe y ridícula. Estudié Ciencias Políticas y trabajo en investigación social. Disfruto comer, ver fútbol, escuchar música y hacer el amor, entre otras cosas. Me gusta el azul. Escribo para dejar registro.

4 comentarios

  1. Que acertado tu artículo. Vivi por 9 años sumergida en una “cultura organizacional” que me era impuesta y que sin yo darme cuenta defendía a capa y espada sin recibir absolutamente nada a cambio. Ahora me he quitado la venda de los ojos. Apoyo totalmente cada uno de los pensamientos que dejaste plasmados.

    • Andrea Tock

      Gracias por comentar. Cuestionarse la identidad nacional es una de las cosas más difíciles porque está tan naturalizado y lo reproducimos tan banalmente, que ni cuenta nos damos.

      saludos

    • Andrea Tock

      Cabal ese discurso me llama mucho la atención, porque invierte a víctimas y victimarios; divide a la población en buenos guatemaltecos (los que producen) y malos guatemaltecos (los que exigen derechos).

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