La obesidad

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EunicePor Eunice Castro

Hace unos meses escribí sobre la influencia que ha tenido Twitter en mi vida al ayudarme a ver más allá de mi realidad y mi burbuja, aprendí a informarme acerca de la realidad política guatemalteca leyendo opiniones diversas y enriquecedoras que me ayudaron a apreciar de una manera distinta cuando Guatemala salió a las calles a protestar. Las opiniones que circulan en Twitter también me han enfrentado con temas necesarios -aunque incómodos para muchos- como la igualdad de género. Pero no puedo dejar de notar que no todos los temas de la igualdad se tratan de la misma forma, en este caso el de poder decidir sobre mi cuerpo.

Personas que he conocido por Twitter han tenido la amabilidad de intercambiar conmigo opiniones de manera directa y personal, así fue como un día me percaté del tema de violencia de género, noté que la igualdad entre hombres y mujeres e incluso la misoginia son tratados de forma bastante frontal por todos. Se discute de manera constante cosas como el heteropatriarcado. Reconozco que al inicio hasta a mí me pareció extremo cómo se abordaba el tema, pero pienso que si esos puntos no se ponen sobre la mesa, poco nos cuestionamos los patrones que repetimos. A veces estos temas son motivo de burla, el humor es una herramienta que se debe saber llevar acorde al tema a tratar y aunque sí debemos reírnos de nosotros mismos de vez en cuando, debemos estar conscientes de que otras personas pueden abusar, al no poder evitar que la costumbre de burlarnos de otros aflore. Lo penoso es cuando olvidamos el techo de cristal que tenemos y la burla es en realidad un ataque que queremos disfrazar de “humor”.

En esta ocasión quiero comentar un tema muy relacionado con la igualdad y la misoginia: el de la apariencia física y los supuestos estándares de belleza. Es una situación común el de una familia que trata de cuidarse, pero que sus hijos sufren de sobrepeso y no hay balance real en su alimentación. “Una pancita es normal… Ya van a desarrollar y con el estirón todo se soluciona”, dicen, pero a veces (como en mi caso) por falta de atención temprana no es tan fácil. Recordemos que hay problemas graves en cuanto a la percepción propia, hay quienes están cómodos con su cuerpo sea como sea pero hay otros que no y esa vulnerabilidad es deliberadamente ignorada por quienes quieren ser graciosos.

También están quienes ejercen cierto grado de discriminación del tipo: “Yo ondeo mi bandera pro mujeres y pro derechos humanos, pero respetar el cuerpo de quien pesa más de 130 libras que lo haga alguien más porque para mí eso no es ser sano”, o “Con que baje unas libras ya me siento libre para opinar de forma despectiva de otros”. Esas trincheras todos las hemos ocupado, pero se me hace más difícil leer a mujeres valientes, independientes y sensatas, permitir y exigir que se separe al personaje de una “cuenta parodia” de la persona detrás de ella. ¿Qué lógica tiene eso? Es contradictorio denunciar cuentas donde hay racismo y violencia de género al mismo tiempo que se avalan ataques y burlas sobre “las gordas”. Podrían verse tentados a decir: “¿Para qué son gordas pues? ¡Que se aguanten!” He leído a mujeres intelectuales defender a sus conocidos con este tipo de argumentos y eso también es violencia.

Exigen que se respeten nuestros derechos ciudadanos, nuestra libertad y preferencia sexual y nuestro estilo de vida, pero apoyamos y fomentamos el acoso a las personas con obesidad con expresiones como: “Las sextuiteras siempre son gordas”, “…porque gorda” y “No se te ocurra usar leggings”, que iría bien con un “Gorda aberración de Satanás”, pues al final dentro de poco seguramente hasta habrá hogueras para gordas. Al final nadie toma responsabilidad ni reconoce la incoherencia de sus acciones.

Nos esperanzamos en que estamos logrando un espacio de tolerancia e igualdad cuando en realidad se sigue reforzando los mismos patrones; si se observa con cuidado solo a los hombres se les permite ser y hablar con orgullo de su gordura y panza. Y más aún, dios guarde sea el jefe o alguien que nos cae bien quien se exprese así sobre él u otros: –“Déjenlo muchá”, “Te crees gran cosa”, “Criticás desde afuera”, “Separá las cosas”, “¿Te cuesta va?”- Claro, los hombres son despectivos y nos indigna, un block basta, no se les dice nada más.

¿Y en la vida real?, ¿hay block?, ¿les agradaría ser agredidos por ser diferentes? Cada caso es distinto y en ninguno de nosotros está siquiera dictaminar hasta dónde es “tolerable” ser gordo; quien lo quiera ser que lo sea o ¿vamos a exigir igualdad de condiciones y respeto selectivamente?

Violencia es violencia

¿Dónde están las mujeres que hablan de no afeitarse y exigen que se les respete su vida sexual? Recordemos que delgadez no es sinónimo de salud y viceversa. Si exigimos respeto a los derechos fundamentales, recordemos que nos guste o no cada quién tiene derecho a decidir sobre su cuerpo. La salud es importante, pero también es algo personal; no puedo exigirle a nadie que lleve el estilo de vida que a mí me parece bueno, es invadir el espacio de cada quien y violar sus derechos individuales. Eso no es tolerancia.

Me preocupa la selectividad con la que vemos qué puede ser o no “asunto de cada quién”, podemos como hombres y mujeres no maquillarnos o sí, no vestirnos como “debería ser”, teñirnos el cabello, tatuarnos, modificar en cualquier sentido nuestra apariencia… Pero no engordar. Contradictorio ¿No les parece?

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