La obsesión del discurso

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Escribo estas líneas con malestar y consciente de lo irónico que resultan, pues intento señalar la obsesión del discurso, especialmente de los mensajes que circulan por la red, a través de Facebook, Twitter y mil páginas más, a través de un mensaje inserto, precisamente, en el mundo digital.

Pero sí, hay que decirlo: existe un problema en la obsesión del discurso, del qué se dice, del “trendingtopic”, de revisar insistentemente la pantalla de la compu o el teléfono para ver “qué está ocurriendo”. Tal es la obsesión, que es posible confundir los planos de la realidad y proponer absurdos como el de aquella que dijimos, que quiere combatir el populismo con tecnología.

Indudablemente que la circulación masiva de información (el soporte que hace posible la obsesión con el discurso) tiene sus ventajas y su lado bueno. Fundamental es que resulta posible tener acceso a la información de una forma inédita en la historia. El potencial informativo es enorme, es útil y es entretenido.

Pero esta ventaja es su propia maldición: no existen criterios que permitan discernir adecuadamente esta masa de información. Fiarse de los trendingtopics puede servir para participar en el espectáculo de la estupidez humana en sus más variadas formas. Puede ser, sí, incluso divertido, pero…

Hay una parte especialmente importante en esta obsesión y de la que confieso haber caído ocasionalmente en ello: pasa cuando se está tan pendiente de lo que se dice o se escribe en internet y los medios de comunicación que se dejan de advertir aspectos más importantes, más “profundos” que dan sentido a lo que se dice.

Además de los problemas más señalados de la carga ideológica “tradicionales” de los medios de comunicación (o, en un lenguaje ya antediluviano, de parte de los aparatos ideológicos del Estado), existe cierta confusión de la realidad virtual con lo que, por comodidad, se podría llamar “los procesos del mundo”.

Sé que esta distinción podría provocar arduos problemas epistemológicos, pero también quisiera tratar de ejemplificar con un ejemplo reciente de nuestra fauna política: se burla y se critican las muladas que dicen los gobernantes (“rebonito”, “azul, gris, naranja, blanco son colores primarios”), lo cual indudablemente alivia el alma (tiene su potencial catártico), pero como ya se ha señalado, quizás con otros énfasis, detenerse en estas burradas impide ver procesos socioeconómicos y políticos más importantes pero que tienen menor visibilidad y resonancia.

Esto puede deberse a la dificultad de “ver” procesos que solo pueden abstraerse o inferirse, pero también, parcialmente al menos, a la forma de información que está compuesta de significantes (palabras e imágenes) sumamente simplificados y evanescentes.

Sé que cualquier denuncia o crítica al respecto, además de lo irónico, es una acción de retaguardia. Pero frente a este mundo light, que se centra en comunicaciones instantáneas, hay que ser insistente, necio, usar los intersticios y, claro, nadar a contracorriente.

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About Author

Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

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