La paradoja de la Incaparina

2

La muerte de Ricardo Bressani Castignoli ha dado nueva vida mediática, al menos por algunos días, a la Incaparina. Un producto a base de harina de maíz y de soya, fortificado con vitaminas y minerales, con alto contenido proteico. Esta harina constituye uno de los tantos aportes de Bressani a la lucha en contra de la desnutrición. Investigador del Instituto de Nutrición de Centro América y Panamá (INCAP), desde 1951 y por más de 40 años, aportó a la ciencia en beneficio de la sociedad.

El INCAP, sostenido por los Estados de la región, impulsó las investigaciones encaminadas a buscar alternativas de bajo costo y pertinencia cultural, para superar los niveles de desnutrición materno infantil en el istmo. La Incaparina, como base para atol, estaba llamada a sustituir la leche, de difícil acceso popular debido a su costo.

Pero la condición para que se alcanzara esta meta, obviamente, es que en verdad sea accesible. Sin embargo, los datos de consumo indican que no es así. De acuerdo con cifras oficiales, la ingesta de Incaparina está en un promedio de 1.2 libras por año, per cápita. El consumo mínimo necesario para reducir la desnutrición se estima en 60 libras por año, per cápita. De manera que se evidencia un déficit, cuyo origen se estima en su costo.

Circunstancia que se relaciona con la limitante que representa la existencia de un monopolio en la producción. El Estado carece de los laboratorios para su fabricación. En virtud de ello, el INCAP cedió los derechos de producción a la Cervecería Centroamericana S. A.  El emporio de dicha compañía, formó la empresa Central de Alimentos S. A., la cual es la productora actual. Misma que produce, distribuye y comercializa tanto la Incaparina como productos derivados. Si bien el costo parece reducido, en realidad, resulta inaccesible para la población a la cual se destina, en tanto que aquella que podría adquirirlo, simplemente no gusta del producto.

De acuerdo con cifras del Fondo de las Naciones Unidas para la Niñez y la Infancia (UNICEF por sus siglas en inglés), en Guatemala cuatro de cada 10 niños menores de cinco años padece desnutrición crónica. El más alto del continente y el quinto a nivel mundial. Esta condición conlleva daños irreversibles durante toda la vida. Entre estos, hay desde bajos niveles de coeficiente intelectual, deficiencia inmunológica, menor capacidad de retención escolar, entre otras.

Ante dicha circunstancia, se esperaría que las políticas sociales se encaminaran a enfrentarla sostenidamente. Máxime cuando, desde hace más de medio siglo, hay un elemento (la Incaparina) que, si bien no es la panacea, puede ser un componente esencial en la búsqueda de mejores condiciones de nutrición materno infantil.

Máxime cuando los gastos de las investigaciones que llevaron a su creación fueron costeados por el INCAP, o sea con fondos estatales. De manera que la empresa, hoy propietaria de los derechos, tiene la propiedad intelectual de un producto generado con fondos públicos y esenciales en políticas nacionales de enfrentamiento contra la desnutrición.

El llamado padre de la Incaparina, Ricardo Bressani, fue despojado de su hija recién nacida en tanto que la población destinataria no la recibe por cuánto vale, más como producto comercial que como factor para resolver una parte de la inseguridad alimentaria.

Quizá no sea descabellado pensar que el destino de bienes extinguidos al crimen organizado y a las redes de corrupción sea la puesta en marcha de un laboratorio estatal que produzca Incaparina. En tanto que, más que obras de beneficencia en búsqueda de beneficios fiscales, se devuelva los derechos de propiedad de la fórmula a sus destinatarios originales.

Share.

About Author

Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

2 comentarios

  1. ¡Excelente artículo! O sea, que, la mortalidad infantil por desnutrición es perfectamente evitable, utilizando la fuente creada para tal! Es indignante que estos corruptos, codiciosos, dejen morir a niños guatemaltecos teniendo la solución en sus manos. Realmente vomitivos.

  2. Excelente artículo que pone sobre la mesa un tema que pocos tocan. Yo me muevo en el sector de ventas al detalle de productos alimenticios y con propiedad puedo decirle que la Incaparina NO es un producto barato en comparación con otros atoles, en otras palabras el producto se convirtió en una representación pura de la comercialización de un bien sujeto a oferta, demanda, publicidad, etc, todo eso lo hace un producto caro, de poco acceso al mercado (o segmento poblacional) para el que fue creado.

    En ese sentido resulta una ironía enorme que el producto al final esté beneficiando los bolsillos de un grupo y no llegando a donde Bressani quería……

    Cifras que nunca sabremos. Cuántas toneladas se venderán al año en Guatemala al año? Cual será el margen que esas ventas dejan a sus productores? Será destinada una parte de la producción para combatir el hambre en las zonas con altos índices de desnutrición?

Leave A Reply