La patria ¿de quién?

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Cuando asistimos al Sistema Educativo diseñado desde la élite económica de este país, se nos traslada una serie de información sobre la Independencia patria –distorsionada y falaz– que pretende esconder su carácter antipopular y pactado entre los criollos de la época. Por ejemplo, nunca se nos enseña lo que refiere el punto número uno del Acta de Independencia, la que sentencia que: “Siendo la Independencia del Gobierno Español la voluntad general del Pueblo de Guatemala y sin prejuicio de los que determine sobre ella el Congreso que debe formarse, el señor jefe Político la mande publicar para prevenir las consecuencias que serían terribles en caso de que la proclamase de hecho el mismo Pueblo.” (Sic).

La última parte de dicho numeral es explicito en cuanto señalar lo terrible que sería que el Pueblo, a quien de primero invoca, tomara la decisión de independizarse a través de sus gestas, en tanto que esto como ha ocurrido en otros países siempre está revestido de los cambios necesarios que permiten salir del sistema colonial a otros estadios superiores de Estado. Pero en nuestro caso, tanto los advenedizos como los criollos necesitaban dicha “independencia” para poder incrementar sus tasas de ganancia, al dejar de reportar y tributar a la corona española.

El maestro Severo Martínez Pelaez en su obra cumbre, la Patria del Criollo, hacía la reflexión de que la Independencia solamente suprimió el gobierno representativo de las clases dominantes españolas, pero fue la implantación del gobierno de una clase colonial dominante a medias, que desde su nacimiento había sido un órgano del sistema. De tal cuenta que al pactar la aparente independencia los criollos tomaban el control sobre dos factores de producción importantes para la acumulación de capital. La fuerza de trabajo de la población indígena y la tierra. Es por ello que siempre es necesario recordar que la configuración de los criollos que formaron esta patria no son producto de la sangre española, ni mucho menos del color de su piel, sino única y exclusivamente de su voraz acaparamiento de la tierra y la explotación del trabajo servil.

De tal cuenta que los grandes y graves problemas en la estructura misma del Estado y del modelo de desarrollo de la actualidad guatemalteca son, en síntesis, realidades coloniales que han persistido en el tiempo después de la supuesta emancipación española, sin alterar su esencia a pesar de ciertos cambios y desarrollos. Es decir, la inequidad, el racismo, la exclusión, están afincados en aquella vieja estructura hasta hoy mantenida bajo nuevas formas por la oligarquía guatemalteca.

De qué patria estamos hablando entonces, de la que provee privilegios exorbitantes y obscenas tasas de ganancia para un grupo reducido de la población; aquellos que son capaces de consumir en exceso o de la patria de quienes subsisten sin la garantía de un salario mínimo, con una vivienda precaria, sin acceso a la salud, la educación, el desarrollo económico y social. Estos últimos no tiene patria porque los primeros la construyeron sobre la base del saqueo y la expoliación de la gran mayoría.

Acaso son los entusiastas jóvenes que desfilan el 15 de septiembre o aquellos que fervorosamente corren llevando el “fuego patrio” a quienes les pertenece la patria, acaso no son esta enorme mayoría la excluida por la misma o bien son quienes con mayor dureza sufren la violencia en este país, manifestada en ausencia de oportunidades, en enfermedades y en muerte. La patria solo será para estos cuando los pueblos tomen el poder.

Es por ello que en este mes patrio es menester recordar el poema de Roque Dalton y decir que:

Esa situación tuvo, desde luego, una historia
y en ella surgieron himnos y banderas
y héroes y sentimientos:
de todo eso se apropiaron los explotadores
y construyeron una gran máscara
para engañar a nuestros ojos y a nuestro corazón

(…) Los trabajadores y los pobres
Solo tienen un medio para tener patria:
hacer la revolución.

Foto tomada de @BrendaH2O66

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Jorge Santos

Hombre guatemalteco, centroamericano y profundamente latinoamericano, defensor de derechos humanos, amante de la vida, la esperanza, la humanidad y fiel creyente que otra Guatemala es posible.

4 comentarios

  1. Belarmino Alvarez on

    Gracias por su artículo. Si queremos verdadera independencia es necesario conocer nuestros verdaderos orígenes. Hay muchas falsedades incrustadas en nuestro ADN. La verdad nos hará libres.
    Hay un tema del que generalmente nos olvidamos porque los criollos demonizaron a los españoles a su conveniencia. La conquista fue una campaña militar en la que participaron muchos que eran la peor ralea de España. Pero posteriormente llegaron dos tipos de españoles, unos querían enriquecerse y otros, idealistas soñadores, que querían construir el nuevo mundo. Muy pronto comenzó la confrontación entre ellos, por un lado estaban los abusivos esclavizadores y por otro los que defendieron los derechos de los nativos y trabajaron con ellos y por ellos. Fray Bartolomé de las Casas y el obispo Marroquín fueron dos de los muchos ejemplos de los segundos, las Verapaces (de verdadera paz), un ejemplo de práctica.
    Me parece muy importante tomar esto en cuenta, primero para ir dejando atrás el rencor a España que en nada nos ayuda porque es odiar nuestras propias raíces y así no puede crecer el árbol, y porque esa misma lucha se dio en el proceso de independencia y sigue hoy. No olvidemos que los criollos eran españoles nacidos en América y que, a pesar de poseer las tierras y controlar los recursos económicos, no tenían derecho a ejercer los altos cargos públicos.Estos siempre debían ser nativos de la península ibérica porque así España controlaba que las colonias no se le fueran de las manos. En el proceso de independencia, por un lado estaban los ilustrados que querían una república siguiendo el modelo francés y por otro los poderes económicos que solamente deseaban poder hacer negocios a su antojo. Hasta ahora, con pequeños lapsos como el de Arbenz, siempre han ganado los negociantes.

      • esta perspectiva de historia critica es la gran ausente del sistema educativo. Peor aún se refuerzan los mitos con el mercadito típico, la srta. Independencia, las bandas escolares y las antorchas. Jóvenes irrespetad@s en su inteligencia por adultos@s que se mantienen en la corriente. Gracias por esta perspectiva histórico-política-económica. Bien haría a cualquier aula de este país tenerle como docente.

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