La Plaza es también mi vida

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Es una idea que me ha estado dando vueltas. No siempre la logro aterrizar, no porque no lo intente, sino más bien porque es una mezcla nueva entre el mundo de las ideas y de lo político, y lo emocional. Por primera vez vivo una extraña experiencia de lo político, y de una política que me ha interpelado. Ha dejado de ser un curso en la universidad, una columna de opinión, una voz en un estrado, para convertirse en la realidad que me ha tocado vivir con mis cinco sentidos.

Veo hacia atrás y me asombro de lo que nos ha tocado vivir, como regalo majestuoso de la historia: las grandes manifestaciones, los gritos de los universitarios, la renuncia de los funcionarios corruptos, los juicios de un binomio presidencial descarado, los comunicados valientes, las batucadas, los claveles rojos, los gestos de solidaridad con los policías. Pienso en lo que me ha tocado vivir: subir en la moto de un desconocido para llegar a tiempo a un foro, leer de un estudiante que la “política es hermosa”, llorar de alegría por la posibilidad de un futuro mejor, no dormir ansiando caminar desde mi universidad hacia la Plaza, sentirme contrariada por no votar y a los minutos saber que también otros se sentían igual por ir a votar, gritar en el sótano de Tribunales, dar gracias por lo que he aprendido. Vencer mi timidez y escuchar mi voz. Abrazar, sentir que aún con tantas distancias se comparte el deseo de ver una primavera tupida. Saberme cansada, pero con bastante energía aún para gozarme la oportunidad de trabajar por el país que tanto deseo, y no importa si seguimos siendo un pequeño David frente a varios Goliat.

Ha sido como la noción del tiempo, estos meses no han transcurrido igual. Pienso en un abril lejano, a veces la memoria me confunde reuniones, horas y fechas. En mi recuerdo se han fijado momentos y el sonido de la vuvuzelas, también cómo suena un himno cuando quien lo canta se apropia de él. Pienso en el “Himno futuro” de Octavio Paz, “déjame contar mis palabras, una a una: arrancadas a insomnio y ceguera, a ira y desgano, son todo lo que tengo, todo lo que tenemos”. Nos recuerdo así, y luego a los días, agradeciendo la alegría de todos los encuentros que se han dado en tan corto tiempo, de los abrazos que nacen de los grandes pequeños pasos que hemos dado todos juntos -mientras alguien me decía “feliz navidad”-, revelándonos a la espera histórica que nos había vuelto muy pacientes y complacientes con la realidad que nos obligan –aún hoy- a tolerar y a aceptar con cristiana resignación.

Comprendo que hay una parte sensible de lo político que nos marca más intensamente cuando decidimos ser parte de los procesos que vive una sociedad, y más cuando no nos resignamos a que otros decidan el futuro de la política que termina por ser nuestro propio futuro. Nos enojamos, gritamos de rabia, lloramos de alegría, sonreímos con esperanza. Termino aceptando que estos meses la política ha sido la dueña de mi corazón, y de mis horas, de mis pensamientos. Incluso de las oraciones de mis noches.

¿Cuál es el secreto de la esperanza cuando se acomoda en un corazón?

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About Author

Gabriela Carrera

Siempre es difícil decir quién es una. Soy la más pequeña de tres hermanos (un abogado, un agrónomo y un cura) y soy la única mujer (que duda de las leyes, no le gusta la berenjena y su vida espiritual es un reto). Estudié Ciencias Políticas y todavía pienso que tengo pendiente estudiar la literatura y todos sus secretos. Me gusta pensar en que se puede construir, poco a poco y con mucha paciencia, una Guatemala diferente y esa es mi mayor motivación para escribir en El Salmón. Agradezco las muestras pequeñas de la vida que me hacen seguir creyendo en la humanidad, y por eso busco en el fondo de la Cajita de Pandora muy seguido.

2 comentarios

  1. Una breve crónica de lo vivido en estos últimos 5 meses, me alegra de sobremanera saber que aun hay un pueblo apasionado que cree que juntos se pueden hacer cambios. Cuando veo las noticias internacionales y nos mencionan como un ejemplo para varios paises de latinoamerica brilla mi mirada y comprendo que podemos ser mejores como nación. Guatemala ya no debe ser el país de las bolas, balas y bolos, se merece mucho más, debe ser el país de “La eterna primavera” Gracias Gabriela por tu participación activa!!!

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