La propuesta de la crítica

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Cualquier crítica a las bienintencionadas actividades empresariales como el McDía feliz y otras actividades/celebraciones que tienen un cierto aire de familia[1], usualmente despierta emociones airadas y recibe una lluvia de comentarios que se centran en la descalificación del crítico y no en la racionalidad de la crítica.

La mayoría consiste en reprochar que quien critica no hace nada, que quien no propone no puede criticar y otros comentarios idiotas parecidos. Idiotas porque privatizan el asunto (esa es la etimología de la palabra). Lo reducen a una condición de gusto y acción personal, descentrando la discusión del objeto propuesto. Lo cual tiene que ver con cierta sensibilidad dominante que privilegia valores asociados a la “empresarialidad” y al éxito económico: ser “proactivos”, hacer, producir, etc., por lo que la crítica a estos valores es descalificada.

Quienes asumimos o pretendemos asumir una perspectiva crítica frente a diversos aspectos del mundo, buscamos frente a esa sensibilidad, considerar aquellos elementos que son los menos visibles o contraproducentes del modo en el que las cosas se realizan. Esto, en sí mismo, es ya un aporte. Pero un aporte particular: del pensamiento.

Evidentemente esta crítica racional no hace más “ricas” a las personas y no resuelve problemas sociales, pero la propuesta de la crítica es considerar o iluminar aspectos que suelen pasar desapercibidos y que resultan importantes para comprender adecuadamente alguna actividad y ponerla en relación con otros aspectos del mundo.

Digamos que no se conforma con la pura facticidad de las cosas, sino trata de ponerlas en relación, considerar sus causas y sus efectos. Ya las actividades que se critican son lo suficientemente celebradas, transmitidas y naturalizadas. Lo que se necesita es pensarlas. Tratar de verlas desde otras perspectivas.

La crítica se basa en ciertos criterios que permiten discernir los efectos negativos o contraproducentes de ciertas cosas. Que se diga que el McDía feliz es problemático porque muchos de los que participan asumen una postura farisaica o que el consumo de comida chatarra conlleva efectos irracionales (piénsese por ejemplo en el costo ecológico de dicha actividad o los problemas de salud que origina) permite considerar la actividad de forma más compleja y ponerla en juego con aspectos tales como la vida de los sujetos, la dignidad  o la sostenibilidad ecológica, por ejemplo. Permite pensarla.

Si resultado de la discusión se comprende que hay efectos inintencionales y que pertenecen a la esfera del funcionamiento social (más allá de la voluntad de los actores), se ha ganado bastante. Esta es la propuesta de la crítica: el ejercicio del pensamiento, la búsqueda de la racionalidad.

Y claro que las reacciones airadas frente a la crítica son comprensibles porque estas actividades han logrado cierto compromiso e identificación de la gente que participa en ellas. Lo cual no significa que esté bien, pero hace también comprensible que muchas personas se sientan incómodas frente a lo que se señala. Porque entonces sienten la crítica como personal y responden de esa manera.

Por ejemplo, si Coca Cola genera más adhesión por poner nombres propios a sus botellitas, qué bueno para la empresa, pero qué mal para el planeta que sigue recibiendo una cantidad ingente de contaminación. O por la incitación al consumismo. O para la salud de los niños que crecen en un ambiente plástico.

Además, la reproducción inercial de las cosas, incluyendo lo que opinamos de ellas, nos encierra en un mundo natural, cerrado, estático. Y una de las dignidades del hombre es que al observar el funcionamiento del mundo y considerar los aspectos críticos o negativos, le hace posible buscar su transformación.

Si se sigue pensando lo mismo sobre el mundo, el mundo seguirá igual. Por ello es que la crítica es una propuesta. No pretende (o no solo) señalar por qué una cosa tiene aspectos negativos. Sino lo que subyace a ello y que, posiblemente, permite el inicio de algo, aún cuando ese algo no sea un “hacer productivo” o sea de carácter inmediato.

Digamos que es una de las nobles características que diferencian al homo sapiens sapiens de otras especies, porque pertenece a la esfera de lo gratuito y, sí, incluso de lo “improductivo”.


[1] Estas actividades abarcan un amplio espectro que va desde “Un techo para mi país”, “Yo A+” hasta la noche de las luces campero, Halloween, Navidad, Semana Santa y otras que comprometen aspectos de la “guatemaltequidad”. En común tienen, quizá, que ponen en juego aspectos centrales de la reproducción social como el consumo o la nacionalidad. Por Dios, hasta Carlitos Peña fue “símbolo nacional” en su momento.

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About Author

Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

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