La resistencia a los transgénicos y el envenenamiento del sistema maíz

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Las últimas semanas he estado realizando un trabajo que me ha llevado a visitar una diversidad de municipios de los departamentos de Alta Verapaz, Huehuetenango, Quiche y San Marcos. En ese trabajo he tenido la oportunidad de platicar con líderes comunitarios. Las pláticas han girado fundamentalmente en torno al trabajo de vigilancia en la calidad de los servicios de salud. Su “trabajo” consiste en donar su tiempo para visitar los servicios de salud, levantar la voz por quienes no pueden hacerlo (los que no hablan español), asegurarse de que los trabajadores corruptos no vendan los medicamentos del Ministerio de Salud Pública, asegurarse de que no se cobre por el uso y el servicio de ambulancia, que a las personas no se les niegue el servicio, así como dar a conocer que la salud es un derecho, etc. Sin duda un admirable trabajo de compromiso por sus comunidades.

En esos breves encuentros siempre se genera la oportunidad de platicar de cosas de la vida diaria, de re-conocernos como partes de un sistema social estructuralmente injusto que funciona para garantizar privilegios, el enriquecimiento ilícito de los funcionarios públicos y que no mira en las personas más que vehículos electoreros pero rara vez como sujetos de derecho.

En varios de esos encuentros diversos líderes de Chisec, Cobán, Uspantán, Zona Reina y Quiché me compartieron con gran preocupación una nueva amenaza que se cierne no solo sobre sus vidas, sino sobre la ya precaria y miserable autonomía y soberanía alimentaria. Según cuentan los líderes, actualmente se encuentra en marcha una estrategia de “las empresas” (no las identifican) para generar la necesidad de las semillas transgénicas. Esa estrategia consiste en que pasan avionetas liberando por el aire un polvillo, como un moho blanco, que se le pega al maíz y hace que el maíz se pudra. Este polvillo tiene la peculiaridad de que es muy difícil de eliminar porque a la hora de tomar el maíz se levanta y se dispersa rápidamente. El efecto que tiene es que hace que el crecimiento de la planta se corte, se seque el tallo y se pudra la mazorca. Esta nueva estrategia de contaminación del maíz supone una gravísima amenaza contra la población guatemalteca. Según los líderes, lo que se quiere es forzarlos a que no les quede de otra más que aceptar las semillas mejoradas que son resistentes a la enfermedad que actualmente están esparciendo desde avionetas.

Independientemente de la veracidad de esa hipótesis, esa es la perspectiva que la gente maneja y por la cual va a movilizarse para defender su vida. Aunque fuera falso, me parece muy interesante la conciencia política que la gente tiene de una maquinaria política al servicio de los poderes económicos y que históricamente, como ellos mismos dicen, ha conspirado para exterminar a la población, que ha sido vista y tratada como un estorbo.

Como muchos saben ya, desde hace bastante tiempo se viene intentando aprobar una ley que legalice y regule la producción agrícola con semillas genéticamente modificadas. Esas iniciativas son percibidas como grandes amenazas por la población campesina e indígena del país.

Pero para la población no se trata solamente del maíz, sino que tiene que ver con todo el sistema de producción y de sentido ligado a él. Muchas veces he escuchado las opiniones ignorantes y reaccionarias de guatemaltecos de la capital en las que, desde la más pura manifestación de ignorancia, condenan y critican que la economía de la población campesina incluya únicamente el cultivo de maíz. Pero la realidad es más compleja. La economía de subsistencia campesina se encuentra vinculada a lo que se llama “sistema maíz”. El sistema maíz consiste en toda la variedad de alimentos que se cultiva paralelamente y que viven y se desarrollan entre los troncos del maíz como el frijol, variedades de calabaza, chiles, güisquiles, y hierbas como el quilete, la hierba mora, el chipilín, etc.

Muchas de las semillas transgénicas se caracterizan por ser altamente resistentes a los poderosos pesticidas y herbicidas que se venden como complemento de las semillas. Es decir, junto con la semilla mejorada se venden otros productos que “limpian” el terreno para que el maíz crezca. En esa limpieza se pierde toda la cadena de productos de la que depende la precaria alimentación de la mayoría de la población del país. La semilla mejorada atenta contra todo el sistema de subsistencia y la relativa y frágil soberanía alimentaria de la población. Muchos líderes me contaban cómo eran víctimas de los robos de los vecinos que habían empezado a utilizar semillas mejoradas. Sus vecinos si bien lograban una producción mayor de maíz, no tienen nada más qué comer, por lo que la “mejora” en productividad termina poniéndolos en una condición aún más precaria.

Independientemente de la autenticidad de las historias de contaminación del maíz por medio del polvillo esparcido desde avionetas, a mí –la verdad– no me sorprendería que efectivamente haya alguna empresa inescrupulosa envenenando a los guatemaltecos para atascarse de dinero. Es por eso que desde este espacio hago un llamado a los medios de comunicación independientes a que realicen una investigación exhaustiva para determinar si es real o no. Yo únicamente he querido utilizar mi espacio como un altavoz y poder transmitir la preocupación de los hermanos guatemaltecos que por el aislamiento no tienen la capacidad de encontrar espacios para hacerse escuchar.

Si llegara a ser cierto, habría que establecer las responsabilidades penales, no solo de los pilotos y empresas que estén detrás de semejante atrocidad, sino también de los funcionarios públicos que permiten que este tipo de cosas estén sucediendo. Si llegara a ser cierto, esto constituye un acto de genocidio contra la población, porque es atentar contra la base fundamental de la reproducción de su vida y la subsistencia material de la población indígena guatemalteca con tal de asegurar negocios corruptos. Hay que recordar que genocidio no es solamente el asesinar a grupos humanos nacionales, religiosos y culturales, sino también mermar las posibilidades para que una colectividad pueda vivir y reproducirse.

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Fernando Jerez

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