La rueca

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gabriela mirandaPor Gabriela Miranda

Algunos de los escudos de banderas nacionales suelen sacar a relucir rancios triunfos patrióticos: ostentan estrellas, poderosos animales, coronas, armas o montañas. La bandera de la India lleva un artefacto de uso artesanal y doméstico que es sin duda un símbolo de lo que fue lugar de disputa: la rueca.

La bandera india surge con la independencia del dominio colonial ingles. Durante la colonia, Inglaterra obligaba a los campesinos indios a sembrar algodón, pero la población tenía prohibida su manufactura. El algodón era llevado a Lancashire y ahí se devolvía en telas que la gente debía comprar para vestirse con ropa occidental a precios excesivos con el algodón cultivado en sus propias tierras. La famosa industria textil de la Gran Bretaña y las hermosas camisas para “caballeros” son parte de esta historia. La humilde rueca es símbolo de la desobediencia india.

Recuerdo en una clase a la pensadora costarricense Hilda Che Apuy, contar que durante sus años de estudiante en la India conoció a la que ella llamaba la mujer más pobre del mundo. Era una empleada a la que Chen Apuy veía todas las mañanas lavar el único sari que tenía. Lo lavaba y lo dejaba secar para ponérselo limpio día tras día.

Las declaraciones de la industria farmacéutica Bayer, a través de Marijn Dekkers no resultan sorprendentes. No son más un poco de lo mismo. El hombre dijo “No hacemos medicamentos para indios, los hacemos para personas occidentales que puedan pagarlos”, tal declaración se hace en el marco de la autorización de licencias que el gobierno indio ha concedido para fabricar y distribuir fármacos genéricos con tecnología e industria locales como cura para cáncer, diabetes o VIH y otras enfermedades, con un costo de hasta un 97% menos que los medicamentos de la farmacéutica en cuestión. Así que Bayer ha interpuesto un demanda por lo considera un robo, pues los genéricos no pagarán licencia de patente y porque, por supuesto, dejarán de vender sus productos e incluso temen que los productos indios sean usados en Sudáfrica o Nueva Zelanda.

Dentro de una lógica capitalista, sus declaraciones resultan absolutamente coherentes. Pero en una lógica donde la vida toda es el centro, la postura del gobierno indio es la única aceptable, humana y justa. Las palabras de Dekkers proclaman que sin duda el negocio se antepone a la vida. Que merecen vivir quienes puedan pagar por sus vidas, que se salvarán los occidentales con poder adquisitivo, que las indias empobrecidas dueñas de un solo sari están condenadas a muerte y que para su negocio resulta injusta la justicia.

Así que dentro de la lógica comercial y colonial la historia de la India (y con ella la del mundo) se repite, la rueca, como la memoria de los pueblos, no deja de girar, su humilde imagen nos recuerda que los intentos imperialistas están presentes y que la lucha por la defensa de la vida es un hilado permanente. Gandhi y el movimiento de independencia, no se equivocaron en poner este instrumento dentro de su bandera, no es pues un artefacto cualquiera, es un arma de guerra, es la certeza de la lucha y la resistencia, es la rueca de la justicia enfrentándose a Bayer.

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