La sociedad del chapuz

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No se busca la excelencia sino salir del paso, salir de la tarea, pasar a lo siguiente sin pensar en otro, sino en “mi propia complacencia”. Hacer las tareas o resolver los retos de la cotidianidad, de la profesionalidad, aun los desafíos que impone las relaciones humanas, se hace “como caiga” porque no estamos programados para dar lo mejor de sí, sino lo que vaya saliendo. Quién no ha tenido la experiencia de contratar los servicios de cualquier persona para reparar algo de la casa, con la seguridad implícita que el trabajito será chapucero, para luego tener que llamar al mismo o a otro, en un ciclo interminable de arreglos que parchan.

Esta actitud que parece banal o pasajera, incluso superficial, es tremendamente arraigada, y sus razones bien pueden estar relacionadas con algo más grande, más estructural. En la medida en que somos (una inter relación social) un Estado débil, poco institucionalizado, corrupto, más privatizado que público; en esa mesura somos todos chapuceros. En esta línea de argumentación, todos somos producto de un libre albedrío más o menos desorganizado, no hay un proyecto de nación como propósito que nos aglutine a todos sobre un rumbo común, esta ha sido la sociedad de la mediocridad.

Esa tara de origen nos atraviesa a todos; tan chapucero pude ser el pobre como el rico, el de izquierda como el de derecha, los del campo y los de la ciudad, el que fue a la universidad como el que no fue, de tal manera que el artesano se ha devaluado y el profesional no logrará competir en una economía global en la que los procedimientos se han refinado hasta la exquisitez, porque acaparado el mercado de masas, ahora se va por la porción del consumidor de lujo, el que adquiere ambientalmente correcto, el que es orgánicamente responsable, y eso requiere altos estándares de calidad, de excelencia.

En la sociedad del chapuz, cualquiera es güizache para ofrecer certeza legal donde se requiera, porque la noción democrática no es una condición fundamental; cualquiera es cura para alzar la palabra y armar su iglesia porque la pobreza ha disuelto cualquier razón que no alcanza ninguna explicación, solo la divina. Cualquiera es médico porque lo que interesa no es la prevención sino la curación y para eso no importa el paciente sino la pastilla. Cualquiera aspira a enseñar porque el alumno no espera aprender, solo tener. Este país se lanzó al vacío cuando se impuso la condición democrática sin haber resuelto la condición socioeconómica; en cualquier sociedad moderna fue al revés.

Un reo sentenciado que controla su propia prisión desde dentro; una mujer que entra al hospital por un dolor menor y queda como vegetal para luego morir; alguien compra un terreno, construye la casa de sus aspiraciones y mientras paga la deuda de toda la vida, aparece el verdadero dueño alegando usurpación; alguien contrata un plomero para cambiar un caño y su casa se hunde; un presidente que ofrece agüitas como fórmulas mágicas; un alcalde que construye un puente que al siguiente invierno se cae; un país con obesos y desnutridos al mismo tiempo; con medalla olímpica de marcha sin pistas de entrenamiento; un genocidio probado y sentenciado que luego es burlado por un tecnicismo conveniente. Este es el país del mediocre que no sabe que lo es porque su propia historia se lo niega y por lo tanto yace ignorante en una trampa. El chapuz es motivo de apología mientras que del trabajo bien hecho se desconfía.

Lo peor del chapucero es que intenta contra su propia mediocridad reparar lo que no sabe. La condición mediocre es el resultado de un Estado que no se ha consumado en su naturaleza pública y socializadora, es el producto de individuos aislados que hacen lo que pueden y no de un todo social que avanzaría sobre el sustento de un proyecto común. Así somos, un trabajo más terminado.

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About Author

Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

1 comentario

  1. Creo que el hecho de que el guatemalteco promedio no tenga las herramientas para autodeterminarse genera también magnetismo hacia la mediocridad. En el país donde el legítimo esfuerzo significa poca (o inexistente) recompensa adicional a la obtenida con el mínimo hace que muchos se desanimen en el camino a la excelencia.

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