La vigilia infinita

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El vertiginoso viaje que impone el capitalismo nos conduce por los toboganes de la aspiración insaciable, el deseo por tener, la ambición nunca satisfecha por una idea de éxito, basada en el hedonismo material a ultranza. Estos son algunos de los subproductos de la producción capitalista como forma de consumo masificado. Esa travesía se hace cada vez más, ya no solo con la luz natural del día sino con la sugestiva iluminación de la noche. El nuevo homo vigilans, tiene la ambición egocéntrica de alterar su propio ciclo natural de vida para sustituirlo por una vela infinita. Bajo esta forma alterada, dormir poco a poco será cosa del pasado. Son varias las iniciativas, sobre todo de industrias militares, que investigan los mecanismos biológicos del sueño en determinadas especies animales, que logran mantenerse despiertos por razones de subsistencia.

La modernidad favoreció la domesticación de los hábitos del ser humano, para amoldarlos a las nuevas condiciones de trabajo, la producción y el consumo. Como se sabe, la capacidad de conciliar el sueño está relacionada con la edad, pero también con la energía con la que se cuenta en el día, para que el cerebro envíe la orden electroquímica de descanso al resto del cuerpo. Un organismo cansado al extremo tendrá más problemas para dormir que uno que se mantenga reestablecido y sano. En el primer caso, un ser humano con fatiga y estrés experimentará  insomnio al ir a la cama y no logrará ingresar a las fases profundas del sueño, justo en las que ocurre la reparación molecular. La inevitable degradación del cuerpo humano hace que perdamos determinados componentes bioquímicos como la dopamina con el transcurrir del tiempo, sin embargo lo natural no es dejar de dormir.

Se considera como símbolo de progreso, la continuidad de la vida productiva y por lo tanto el alargamiento del ciclo de consumo. Todos los esfuerzos científicos para alargar la juventud también prevén alargar la capacidad de consumo y de productividad. En este escenario, es el destino definitivo de cada centro urbano que se masifica, convertirse en una de las “ciudades que ya no duermen”. Hace poco más de diez años, visité por un par de semanas la abrumadora ciudad de Hong Kong, y recuerdo que a lo largo de una de sus calles, el paso se cerraba a los vehículos desde la una de la madrugada, hora que la que iniciaba un mercado informal, ¡hasta el amanecer! El sol es sustituido en el crepúsculo por el neón o ahora por el led, las calles ya no estarán vacías en un futuro que predice la vigilia infinita.

El mercado va transgrediendo poco a poco todo los espacios y tiempos de la vida: las ofertas después de media noche si usted llega en pijamas, las tiendas de 24 horas, los maratones de supermercados que prometen no cerrar durante tres días seguidos, bares y restaurantes que nunca cierran, aún las frases como “dormir es perder el tiempo” o los hábitos de alargar la jornada en la noche sobre la presunción que se es más productivo en la fase nocturna, representan ideas instaladas estratégicamente en el imaginario colectivo. El complemento a esto es el engaño del sistema de hacernos creer que “el tiempo libre” es para descansar, cuando de hecho, ya prevé también formas de consumo para sus vacaciones o su tiempo desocupado. Efectivamente, no se valora ni se concibe no hacer nada, literalmente dicho.

Todos estos ejemplos y muchos más, van prediciendo una vida despierta, destinada inexorablemente al consumo masificado en la que la reificación de la vida en un producto también de escaparate.

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About Author

Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

1 comentario

  1. Ernesto Jiménez on

    Completamente de acuerdo, y si fuera que a veces no dormimos para tener mayores actividades que generen valor, puedo por ejemplo desvelarme trabajando en un hobbie, o escribiendo con pasión un poemario, pero vamos que tambien disfruto de cerrar los ojos y descansar, que mal que los libertarios hasta eso nos quieren quitar, como dice una canción de Alika y nueva alianza, “… y el pobre no duerme de tanto desear, lo que el rico cuida tanto que no encuentra la paz.” Creo que se está robando el derecho innato de cada ser humano de decidir cuando parar y cuando abandonar, se nos tacha de que no perseguimos sueños, y quizá ya los alcanzamos y simplemente mi sueño sea tomar fotos, un atardecer en el glaciar de la Ushuaia, o dormis bajo las estrellas en la cima de un salar. Muy buen artículo

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