La yunta de la corrupción

0

Sus nombres serán grabados en la placa de la corrupción y la ignominia. Su legado será inscrito en las páginas de la vergüenza porque ambos traicionaron su discurso. Los dos, representan la deshonra de sus gremios y se aferran a los cargos que debieran ya dejar.

El uno, hizo propaganda por cuatro años para venderse como paladín. Usó un estribillo de campaña para decir que sí podía con la tarea. Engañó a los electores que creyeron en su verborrea. Sin embargo, lo único para lo que le funcionó la mano fue para nombrar ladrones y robar junto a ellos. Robó recursos del tesoro, malversó los fondos nacionales y dejó el país a la deriva.

Cuando llegó a ser inquilino del despacho presidencial, Otto Pérez Molina, ofreció resolver la grave situación de inseguridad que enfrentaba la población. Tres años y medio después, Guatemala sigue como uno de los países con las más altas tasas de homicidios en el mundo. Su política de seguridad la marcó el uso de la fuerza contra la disidencia a su entreguismo al capital. Por eso creó los escuadrones de seguridad ciudadana, aumentó el presupuesto castrense y el número de efectivos militares. Abrió cuarteles, cerró escuelas y quebró hospitales.

Junto al equipo de su partido, mal llamado Patriota, tomó control del aparato de Estado para organizar la maquinaria de la corrupción. Diseñó operaciones para copar instancias.Desplazó liderazgos y compró voluntades. En 40 meses de desgobierno, llevó al país a la peor de las crisis en los últimos cien años de historia. Lejos de salir entre aplausos, camina lentamente a la puerta del abucheo ciudadano que le exige la renuncia.

El otro juró un día defender a su gremio y buscar las mejores condiciones para sus bases. Juramento que siguió al de ejercer la docencia con rectitud. Ambas promesas también resultaron incumplidas. En cuanto asumió posiciones al frente de la entidad sindical, Joviel Acevedo pagó a quien lo cubriera dando clases. Una vez obtenido el pacto colectivo de condiciones de trabajo para el Sindicato de Trabajadores de la Educación en Guatemala (STEG), generó la red de control de las y los afiliados para utilizarles como mercancía de cambio.

El gobierno de Pérez y Roxana Baldetti supo llegarle al monto y logró comprar su voluntad. De tal suerte que cuando se aniquiló la carrera docente, el STEG fue el mascarón de proa de la oleada contra las escuelas normales. Mientras las y los estudiantes se rifaban el físico en las calles acompañados de un pequeño grupo de verdaderos maestros, Joviel y sus huestes vociferaban en favor de la política liquidadora del régimen.

Ahora que la sociedad harta de la corrupción y sus tapaderas reclama la renuncia de Otto Pérez, Joviel amenaza con movilizar al magisterio “en defensa del orden institucional”. Un servilismo típico del liderazgo corrupto y autoritario que ha caracterizado a esta caricatura de sindicalista. Con una verborrea parecida a la de su patrón de turno, el que un día fue maestro, ahora califica de ciudadanía de tercera categoría a quienes en las calles, como antes lo hicieron las y los estudiantes a los que abandonó, ahora nos rifamos el físico para promover la reforma.

Con la cantaleta de la defensa de un orden violentado por sus amos, anuncia que luchará “a brazo partido” para asegurar que las elecciones no se aplacen y las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos no se realicen. En lugar de hacerse creador, este remedo de maestro se ha hecho destructor.

De allí que resulte obvio que la yunta de la corrupción la llevan las cabezas de este par de sinvergüenzas que han incumplido sus juramentos. La ruta de la reforma la lleva el pueblo al que ha de seguir y acompañar el magisterio digno, que algún día se librará del yugo de un dirigente traidor; al igual que este pueblo ha de librarse de un gobernante ladrón.

Share.

About Author

Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

Leave A Reply