Las elecciones de la risa

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No recuerdo haber reído tanto en algún proceso electoral pasado. El de este año es el que ha generado más chistes en toda la historia. Internet y las redes sociales han contribuido a potenciar la capacidad de burla del guatemalteco. Habla un político y se generan mil memes, hasta se convierten en la nota principal de los periódicos. Las versiones electrónicas de los medios se apresuran a recopilar publicaciones de Twitter, Facebook para ganar clics hacia sus páginas y generar el suficiente tráfico para obtener dinero con publicidad invasiva. Benditos sean los memes.

Muchos de los usuarios de redes sociales, los que no tienen intereses políticos directos o indirectos, han manifestado su rechazo a los candidatos, otros todavía confían en que las elecciones puedan ser un vehículo que conduzca al cambio; pero son pocos los que ven los foros o entrevistas con la intención de escuchar alguna propuesta seria, la mayoría escucha a los candidatos solo porque generan material para la burla.

Ninguno de los candidatos a presidente tiene propuestas serias, entonces burlarse de ellos es fácil. A pesar de que varios llevan años en campaña, se nota que su discurso es improvisado y cuando los cuestionan responden lo primero que se les viene a la mente, sin meditar o razonar sus argumentos, de esa forma es fácil que digan tonteras que detonen la cadena de chascarrillos, chistes pues.

Ante la falta de propuestas coherentes, los candidatos recurren al grito, a la prepotencia, la demagogia, las falsas promesas, los ofrecimientos clientelares. Intentan vestirse como “el pueblo”, se cruzan un morral en el cuerpo, utilizan trajes regionales, se ponen sombreros, usan botas, cargan abuelos, besan niños, dan la mano a viejecitas, abrazan a mujeres, palmean la espalda de hombres, sonríen falsamente; y los que pueden pagar para que lleguen a escucharlos se dan baños de multitudes. Todos son absurdos, porque ninguno es capaz de atraer adeptos sin que haya ofrecimiento de regalos de por medio. Y en cuanto hablan empieza la fiesta del sarcasmo y la ironía.

La burla es catártica y es buena, ante nuestra desgracia nos reímos por no llorar. Sigamos riendo de los gestos y las mentiras de Baldizón; del Photoshop de Sandra; de las ocurrencias desafortunadas de Zury y su bisturí; de los gritos de Giammattei; del ¡Qué ridículo! de Gutierrez; de la misoginia de Mario David; de todos los demás, cada uno tiene el don para provocar la burla y no la reflexión.

Solo hay que estar consciente de que el 6 de septiembre “el voto popular” decidirá que alguno de estos bufones sea el próximo presidente de la República y como dice el famoso chiste: “Estamos al borde del precipicio y daremos un paso hacia adelante”.

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About Author

Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

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