Las narrativas de la impunidad

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Todo acto de impunidad necesita una narrativa falsa que lo valide.

La violaron por vestirse como puta. Una explicación perfectamente válida para una parte significativa de la población, si no la mayoría. El crimen quedará en la impunidad porque muchos no ven lo ilógico o ilegal en semejante aberración del pensamiento. Y como heredaron de sus mayores la narrativa que dice que es culpa de ella si se viste como puta, pues así será.

El “en algo andaba metido” es otro ejemplo de esa perversa tara cultural que considera válido culpar a la víctima de los crímenes que sufre.  La narrativa que “lo explica” es tácita, sostiene que solamente un criminal puede ser víctima de un crimen violento. Y como para muchos esa narrativa se convirtió en un dogma no es de sorprenderse que la impunidad social ante crímenes contra personas “metidas en algo” esté prácticamente garantizada.

Una narrativa surge como una explicación articulada a algo. Suele posicionarse primero como la mantra de un grupo pequeño. Si convence a suficientes personas puede convertirse en consenso. Si una pluralidad adopta ese consenso se convierte en dogma mediático o “verdad oficial”, como el “no hubo genocidio” por ejemplo. Una vez una narrativa adquiere estatus de “verdad oficial” es extremadamente difícil removerla de la idiosincrasia de una sociedad.

Las narrativas con agenda pueden ser peligrosas porque no necesitan ser ni ciertas ni responsables para ser efectivas, particularmente donde el miedo y la ignorancia son la norma. No es casualidad que sean el arma favorita de los defensores de la impunidad. La apatía e indiferencia que caracterizaron el juicio por genocidio es un buen ejemplo de la dificultad de buscar justicia en las cortes cuando la sociedad no ha sido condicionada a verla como prioridad; de esa cuenta, la meta del sofista es estimular la indiferencia con narrativas diseñadas para confundir, distraer y engañar.

Todo sale por las narrativas falsas en la batalla contra la impunidad en la CSJ y Cortes de Apelaciones. Que la magistrada Escobar tiene intereses políticos. Que los que protestan en realidad quieren poner a alguien más. Que es un golpe de estado técnico. Que se violó la constitución. Que de nada sirve porque es el mismo material humano y todo seguirá igual. Que mejor a la próxima.

Afortunadamente las cosas han cambiado, el sistema ya no tiene control absoluto de los medios. Los sofistas tienen nombre, apellido y trayectorias conocidas, no es difícil reconocerlos. La tecnología nos permite ahora cuestionar las narrativas en el mismo momento en que surgen. Es importante hacerlo porque sin narrativa falsa no puede haber impunidad.

@ajbarriosm

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Abraham Barrios

Estudiante empedernido de la naturaleza humana y amante de las causas perdidas. Aparte de eso, muy difícil de etiquetar.

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