Las niñas madres: responsabilidad de todos

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Cuando una menor enfrenta un embarazo, es siempre producto de una violación. Ninguna niña o adolescente tiene las herramientas necesarias para desear estar encinta. Menos en un país como el nuestro, donde el Estado falla estrepitosamente en brindar a la población educación sexual laica, científica y obligatoria, donde no están disponibles medios de anticoncepción y donde la disfuncionalidad en los hogares es el denominador común.

Es fácil escandalizarnos cuando sabemos que uno de cada cinco niños tiene una madre adolescente, o santiguarse al enterarse de que más de 5,000 niñas fueron madres en 2014. Quizá pensemos que es un fenómeno muy lejano a nosotros, algo que le pasa a “otra gente”, esas personas “sin principios”; “alejadas de Dios”, dicen otros. Qué fácil es no cuestionarse y lavarse las manos.

Si bien el Estado ha incumplido con su misión, no ha sido el único responsable. No me gusta la palabra culpable, porque repartir culpas no ayuda a resolver nada y la palabra tiene una carga negativa que hace que nos distanciemos más de la situación, en lugar de forzarnos a abrir los ojos y ver bien el cuadro completo y fijarnos que también nos incluye a nosotros.

Sí, a nosotros. Miremos atentamente. Ahí estamos nosotros. Cuando compramos productos que utilizan en su publicidad mujeres semi-vestidas, aunque no tenga nada qué ver con lo que compramos.

También estamos ahí cuando no hablamos de sexualidad porque nos “da pena”, cuando decimos que eso es privado y criticamos con dureza la diversidad sexual o la anticoncepción. Cuando los escrúpulos religiosos pesan más que nuestra labor de formadores de los hijos. Mientras más escondamos el tema, más favorecemos a los violadores y más indefensas dejamos a sus víctimas.

También aparecemos en el cuadrito cuando minimizamos los crímenes de abuso infantil cometidos por un dirigente de nuestra religión, diciendo que son una minoría y que en todas partes hay personas buenas y malas.

Salimos en la foto cuando estigmatizamos a una madre sin pareja. No uso el término madre soltera porque la maternidad nada tiene que ver con el estado civil. Cuando la señalamos como un “mal ejemplo”, recordemos que otros cuatro dedos apuntan directo a nuestra doble moral y re-victimizamos a quien no debemos. Ah, pero del padre irresponsable, rara vez se dice algo.

Nos asomamos en la estampa cuando fomentamos la híper-sexualización de las niñas, comprándoles ropa no acorde a su edad, instándolas a ver y participar en concursos infantiles de “belleza”, maquillándolas y haciéndolas quemar etapas.

Estamos ahí cuando criamos de forma sexista, haciéndole sentir a los hijos que tienen todos los privilegios y a las niñas que tienen todas las responsabilidades, cuando les enseñamos a ellas que deben ser dóciles y complacientes y que para ellos esté bien ser audaces y agresivos.

Las niñas madre son solo uno más de los síntomas de una sociedad enferma. Nos quejamos de los efectos o las compadecemos de lejos, sin querer acercarnos a las causas ni menos eliminarlas. Meditemos en cuánto contribuimos a que este crimen siga creciendo.

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Elizabeth Rojas

Mujer, feminista, irreverente apasionada de la vida, comprometida con la salud mental. Escéptica e irónica, pero creyente en el poder de las redes sociales, la herramienta ignorada.

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