Las tres Guatemalas y la #TragediaElCambray

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En nuestro país coexisten tres Guatemalas, que en ocasiones chocan, en otras convergen y las más de las veces se ignoran.

Está la Guatemala elitista y en gran parte egoísta, la que inventa salarios ínfimos y les llama mínimos diferenciados; la que utiliza a los politicastros como guardias de garita, la que medra gracias a proteccionismos estatales y que sostiene un feudalismo mental.

Está la Guatemala que sobrevive –malvive–, haciendo malabares con su presupuesto cada mes; aceptando trabajos durísimos y condiciones inhumanas o enfrentando sol y lluvia en la informalidad. Esas personas son las que vivían en el área de desastre.

Como jamón del sándwich, queda la clase media, luchando por pagar deudas y garantizar bienes, empleados de los primeros y empleadores de los segundos, deseando muchas veces escalar en esta sociedad mil-hoja pero sin conseguirlo nunca a satisfacción.

Los primeros no quieren que nada cambie, simplemente no les conviene. Y están dispuestos a hacer lo que sea para mantener sus privilegios.

Los segundos están muy ocupados en la lucha diaria por sobrevivir, temiendo siempre que el desempleo, una emergencia médica o un alud sepulte sus esperanzas y hasta su vida.

Los terceros, los que no somos ni de aquí ni de allá, somos los únicos que podemos lograr transformaciones. Pero se requiere más que buenas conciencias o ayudas caritativas. Eso es paliativo, pero no solución.

Se requiere un ejercicio de pensamiento crítico y de articulación contra el que conspiran muchos factores; el mayor de ellos, la comodidad de nuestra burbuja.

El día que realmente deseemos construir un país donde niños no mueran de enfermedades evitables, ni haya crisis sociales disfrazadas de desastres naturales, estaremos contribuyendo a cerrar la brecha más grande de Latinoamérica entre quienes tienen todo y quienes no tienen nada y las tres Guatemalas estarán más cerca una de la otra que nunca antes.

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Elizabeth Rojas

Mujer, feminista, irreverente apasionada de la vida, comprometida con la salud mental. Escéptica e irónica, pero creyente en el poder de las redes sociales, la herramienta ignorada.

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