Lat. 14*34´22¨, long. 90*39´28¨ Las coordenadas de la vergüenza nacional

0

El Diccionario Geográfico Nacional registra la etimología de Cambray como una especie de lienzo blanco, muy delgado al que se le dio ese nombre por la ciudad francesa de donde procedían estos paños, Cambrai. La misma fuente reporta otra connotación del nombre de ese paraje municipal de la Santa Catarina Pinula, que además tenía un nacimiento de agua para la ciudad; Cambray es el calificativo para una planta de flores muy vistosas llamada cosmos caudatus. Y finalmente indica la misma referencia, en Guatemala se le suele llamar así a ciertos tamales dulces que son elaborados con el maíz tipo salpor.

No importa si lienzo, flor o tamal, lo cierto es que el desastre que ocurrió la semana pasada en la comunidad del Cambray II sintetiza el fracaso del Estado, resume la desidia de los gobiernos municipales y condensa la historia de corrupción de un país.

En tanto y en cuanto se siga imponiendo el interés privado sobre la lógica pública de diseñar un espacio sostenible para una sociedad completa, físicamente el país es un queso Gruyere lleno de agujeros literalmente, en el que de la noche a la mañana desaparecen comunidades enteras.

El mapa de riesgo por vulnerabilidad dinámica a deslaves y saturación de fluidos que reporta CONRED, ofrece una interesante coincidencia si se le superpone con un mapa de altitudes geográficas. En otras palabras, los colores rojo como riesgo muy alto y naranja como alto responden casi a la perfección con las cadenas montañosas y volcánicas que resaltan a lo largo del sistema de cuencas y micro cuencas del país. Dicho más simple: casi todo el país está en riesgo potencial de desastre natural. Si a esta realidad se le agrega las inclemencias que impone el cambio climático, especialmente los altibajos extremos de lluvia que produce el Niño, el resultado es un país a punto de derrumbe.

Al tomar conciencia de esta fragilidad, la tarea de construir o reformar un Estado, adquiere nuevas dimensiones. Y es que no se trata de entrenar a gente para que atienda desastres, tampoco es tener listo centros de acopio para emergencias. Se trata de diseñar cualquier plan de política pública tomando en cuenta esta realidad; se trata de desarrollar planes territoriales; se trata de que el Estado considere que es más caro a la larga estar atendiendo sendas emergencias que prever en el largo plazo. Por cierto, esto implicaría que cualquiera que se aspire presidir el país o las localidades municipales, debería incluir en su plan de trabajo al menos dos cosas: la primera que en cuatro años, seguramente al menos un desastre natural de gran envergadura ocurrirá. La segunda, en los mismos cuatro años solo podría empezar a sentar las bases para un plan maestro de reordenamiento del territorio que debería incluir cambios profundos en la normativa ambiental, de construcción y de la actividad agroindustrial.

El día ha terminado, Juan regresa a casa atravesando el tráfico denso de la ciudad que se olvida por la expectativa de llegar a su casa. Cena con la familia y luego el descanso para hacer frente a un nuevo día. Un ruido como explosión de sonido seco pero abarcador antecede un movimiento que pareció terremoto. En la mente de Juan imagina terremoto, pero rápidamente relaciona lo impensable, la montaña cayendo. La casa completa se mueve sin romperse, pero de las ventanas empieza a brotar lodo y arena; la casa se queda a oscuras y Juan solo alcanza a abalanzarse sobre sus hijas con el instinto protector de su familia. Juan no tuvo tiempo de sentir la angustia y el miedo. La casa se arrastra y luego gira como unos grados sobre su eje, entonces las paredes empiezan a romperse. En ese momento la estructura se disuelve y el lodo inunda en segundos todo el espacio circundante, extinguiendo cualquier posibilidad de vida. Arriba en la superficie ya han pasado dos días, el Alcalde no aparece para hacerse responsable, los primeros heridos de la tragedia llegan a hospitales desabastecidos y precarios por la corrupción y los cuerpos de socorro inundan el área en un desesperado intento.

El Cambray II es la nueva zona del desastre nacional pero también de la vergüenza del Estado. Los periódicos anuncian que CONRED había declarado ese altamente riesgoso varios años atrás.

Share.

About Author

Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

Leave A Reply