Letras de emergencia

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Se requiere valor para independizarse, para tomar las riendas de la propia vida. Sobre todo cuando se tienen diecinueve años y se tiene todo en casa, pues esto significa salirse del esquema, nadar contra corriente. Y si eres mujer es especialmente difícil porque, además de enfrentarte a las dificultades propias de la lucha por ser tú misma y estar en una edad que no te toman en serio por ser joven, tienes que enfrentarte a una sociedad machista que no te ofrece las oportunidades –ni la seguridad– que tiene otro joven de tu misma edad pero de género masculino.

Tampoco es lo mismo salir porque te obliga la necesidad, que hacerlo por tu propia voluntad; esa que te impele a dejar comodidades y afecto para luchar por tu libertad, dejar el carro, las mascotas, el cariño. Con todo, tomas la decisión y te marchas, dejas la casa de esos padres que te niegan los permisos y te ahogan, que no te dejan ser y coartan tu libertad. Sí, se requiere valor.

Sé de qué hablo pues también salí de casa a los dieciocho, y viví por mi cuenta en esta capital y en la ciudad de México: fui contador, trabajé en banco, vendí libros… tanta historia. Y mi hija mayor también se independizó aunque con algunas diferencias: tenía veinticuatro años y una carrera universitaria concluida, contaba con un trabajo –me equivoco, tres trabajos– que le proporcionaban un ingreso decoroso al salir de casa; esa experiencia le está ayudando ahora que estudia en otro país. Te mentiría si te dijera que estuve feliz cuando se fue pero bueno, sabe lo que hace.

Fuera de casa la vida no es fácil, lo sabes, la ropa no se lava sola; hay que tener comida en donde vives (no mucha porque comes poco); la comida rápida te aburre y la soledad es fatal. Tienes el ingreso decoroso pero ¿y lo demás? Es cierto que puedes ver a tu novio cuando quieres y a la hora que quieres –ahora es él quien tiene que pedir permiso–, pero el costo es alto. Pero no todo es negativo, tienes un jefe que te apoya desde que llegaste a su empresa, hace ya largos ¿cuánto?, ¡Sí, largos cuatro meses! Y es un buen respaldo. Poseedor de un buen capital, con una empresa con sucursales en varios países latinoamericanos y otra compañía en Las Vegas, no tiene problemas de dinero. Cuando se aburre, va al aeropuerto y renta un avión para ver nuestra ciudad desde el cielo. Y lo acompañas. Además, es instructor de kaibiles y excelente doctor; él, después de profundas evaluaciones te diagnosticó una enfermedad neurológica compleja ¡pero te está dando la medicina!, ¿cuál es el problema? y ¡oh casualidad! Es la misma que él toma. Bendición, por Dios. Y esto sin contar que fue agente de la CIA (¿o del FBI?), bueno no importa, como tampoco importa que cuando a otras personas de su misma organización se les pide que guarden para siempre el secreto de su pasado como ex-agentes de la institución, él lo puede pregonar a quién lo quiera escuchar. Pero las normas se aplican a otros, no a él, élpuede entrar a su Embajada en cualquier momento y posee influencia en nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores, ¿qué necesitas?, él lo logra.

Lo único negativo es que ya te está pidiendo que realices viajes de trabajo y eso te empezará a alejar de la universidad, pero lo tienes que acompañar porque no sabe español (o al menos eso pretende hacer creer), solo habla inglés y eres su intérprete. Por cierto, ¿a dónde van a ser los viajes? Sí, a Honduras, Belice y posiblemente Suiza, en estos dos últimos países el trabajo de traducción del español al inglés será muy importante.

Si tu lectura ha llegado hasta aquí me parece que eres digna de saber un secreto: los depredadores viejos cazan echados. El primer paso de la estrategia de caza es separar a la presa de la manada, después se quedan al acecho, esperan, se colocan contra el viento para que la presa no huela el peligro, se sientan seguras y se acerquen a él. Y después el zarpazo, duro, seco, letal.

Seguro que aquellos que hoy son tus enemigos (o crees que lo son), han cometido errores pero ¿quién de nosotroses perfecto?, ¿perfecta?, también es seguro que los de esta generación no van a cometer los mismos errores que tu anterior generación ha cometido porque ¡oh casualidad!, también nosotros nos hicimos la misma promesa. Pero algo es seguro: van a cometer otros, de esto no cabe duda. Así funciona la vida, imperfecta, humana, divina.

Sabes quién soy y quién me ha contado todo. Ha sido aquel hombre que alguna vez admiraste y hoy ves como enemigo. El mismo que ha deslizado un par de lágrimas discretas cuando me lo compartió. Esto no pretende ser un argumento ad misericordiam, conste, pero el dolor ahí está. Y el amor también, no lo dudes.

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Gustavo Sánchez

1 comentario

  1. carlos hernández
    carlos hernández on

    Cuando nos vamos, cuando ellas o ellos se van, un vacío queda en el nido abandonado. Es un vacío que me parece normal y afortunado. Qué dicha la de quienes vuelan y volamos, sea para caernos y volvernos a levantar, sea para elevarnos un poco cada día más.

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