Lo leímos por usted: el EZLN

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El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) emitió un comunicado el 12 de diciembre y lo he leído por usted. Usted no me lo ha pedido, por supuesto, pero como siempre me gusta leer estos comunicados por la prosa sencilla, honesta y mordaz que los caracteriza, pues sucedió. En los primeros párrafos presento algunos antecedentes acerca de qué significa ese movimiento bajo una óptica muy personal. Luego, he hecho una síntesis del reciente comunicado con varias notas al margen acerca de cómo veo las ideas del EZLN proyectadas en la realidad nacional guatemalteca, porque por lo visto ellos, nosotros y en el mundo entero tenemos problemas bastante similares: los generosos «líderes de opinión» que –tan amables– se ofrecen como voluntarios para pensar por nosotros.

El EZLN es un movimiento insurgente particular, distinto a los movimientos tradicionales que conocíamos; con una ideología de izquierda transformada por haber nacido entre las comunidades indígenas del área y no como un injerto desde el exterior como era la tradición en otras regiones y en otros tiempos

«Sufrimos realmente un proceso de reeducación, de remodelación. Como si nos hubieran desarmado. Como si nos hubiesen desmontado todos los elementos que teníamos –marxismo, leninismo, socialismo, cultura urbana, poesía, literatura-, todo lo que formaba parte de nosotros, y también cosas que no sabíamos que teníamos. Nos desarmaron y nos volvieron a armar, pero de otra forma. Y esa era la única manera de sobrevivir»

Subcomandante Marcos

Todo comenzó –para el resto del mundo, claro– con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés) y sus consecuencias para las comunidades mexicanas; los subsidios del gobierno estadounidense a las exportaciones agrícolas (en especial las del maíz) tendrían un grave impacto en la economía de los granjeros mexicanos. Todo en aras del «desarrollo» desde el punto de vista del pensamiento occidental, que desde la perspectiva de los locales no significaba más que perpetuar su constante derrota. El tratado entró en efecto el 1º de enero de 1994 y el mismo día el EZLN hizo pública su Declaración de la Selva Lacandona en la cual se hace un llamado a la rebelión y se demanda al Gobierno respeto a la autonomía de los pueblos para elegir a sus autoridades, un llamado a la autodeterminación. En poco tiempo se establecieron municipios y regiones autónomas zapatistas que subsisten hasta hoy; declaradas como en resistencia al «Mal Gobierno» (el gobierno federal) y tomando medidas propias en materias de educación, salud, justicia y producción; es decir estableciendo un «Buen Gobierno». Total, ¿qué hay de democrático en un sistema en el que las decisiones se toman en un escritorio a miles de kilómetros y las autoridades locales sean simples ejecutores de algo que no satisface sus necesidades?

Ahora, aquí es donde viene lo peculiar; en el rol obsoleto al que fueron relegadas las armas en este contexto específico. Es allí donde este movimiento de izquierda evoluciona y se desliga de sus antecesores latinoamericanos como la URNG que pretendía llegar al poder por las armas o de la ETA vasca que buscaba separarse de España. No pretendían ninguna de esas cosas sino generar ruptura en el sistema actual para así lograr un equilibrio político adecuado entre el sistema nacional y el comunitario.

El éxito de este minúsculo movimiento, si se compara con el tamaño del ejército mexicano, se debió  en gran parte a la oportuna y efectiva exposición mediática que tuvo el levantamiento en su momento inicial. Organizaciones internacionales, grupos indígenas y de la sociedad civil sirvieron como amplificadores de las demandas de los neozapatistas, generando la suficiente presión para llevar al gobierno a la mesa de negociación en pocos meses y evitar la tradicional represión militar anti-insurgente.

A través de sus 20 años de existencia el EZLN ha consolidado su peculiar discurso en torno a la colectividad del movimiento, que viene desde abajo, a partir del uso de las facultades de la base y no desde el poder de arriba el cual han decidido ignorar en vez de derrocar. «Abajo a la izquierda» –como ellos le llaman– equivale decir que no se depende de que un líder tome el poder de gobierno sino de que los de abajo, el pueblo, tome su destino en sus propias manos. Es aquí donde está el punto de inflexión que deja atrás el trillado concepto del «izquierdista guerrillero» renovándolo por el de una disidencia con cara y voz que busca la autodeterminación desde las bases de cada comunidad.

Tuvieron una especie de líder, aunque es más adecuado llamarle un portavoz, el Subcomandante Marcos. Denominado «subcomandante» por estar bajo las órdenes del pueblo –que es el verdadero comandante– y quien a través de un comunicado desapareció a principios del 2014 con una muerte metafórica que desafía con más fuerza aún la idea del caudillismo de arriba y pone el poder en un grupo, amorfo, indestructible, sin una cara más que la que porta el pasamontañas (un pasamontañas simbólico  que corresponde al que siempre lleva puesto el «mal gobierno»).

«Son los movimientos sociales que no participan en los canales institucionales de la políticas –llamados extraparlamentarios– los que generan cambios políticos. Y si se logra la aprobación y aplicación de los acuerdos de San Andrés dentro del circuito parlamentario, será el resultado de una lucha social que promovió este cambio desde fuera de ese circuito político institucional.

Movimientos como el zapatista son clave en la coyuntura actual precisamente porque luchan por una democracia efectiva, ya que el marco neoliberal permite sólo una democracia electoral formal. El marco neoliberal entero, después de todo, está diseñado para minar la democracia. Es por ello que nuestra esperanza está en movimientos como el zapatista.»

Noam Chomsky

El 15 de Diciembre el EZLN emitió un nuevo comunicado y lo he leído mientras aparecía por poquitos en el Twitter y después completo en su blog. Como guatemalteco no puedo evitar ponerlo en contexto con la realidad que entra por mis ojos y oídos, así que mi síntesis va con comentarios y adaptaciones al margen.

En el comunicado firmado por el Subcomandante Moisés, reiteran su apoyo a las familias de las víctimas de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, lo expone como un problema que no es exclusivo de Guerrero, México o Latinoamérica sino que sucede en el mundo entero; la guerra contra «lo otro», es decir las mujeres, los indígenas, los disidentes que alzan la voz desde abajo. Represión como la que se ve a diario en Guatemala con igual o mayor violencia en casi cualquier protesta que se lleva a cabo.

Desafían la descalificación por parte de algunos medios de los estudiantes desaparecidos llamándolos «anarquistas» como para justificar o aminorar su pérdida, ni siquiera apegándose al verdadero concepto de lo que es un «anarquista» sino con uno inventado. En Guatemala se vive a diario; muertes que no son tan lamentables porque «seguro en algo andaba metido» o el uso casual de conceptos readaptados de forma fantasiosa (como terrorismo, populismo, república, etc.) que significan algo completamente distinto pero nadie se toma la molestia de comprobarlo y termina construyéndose todo un discurso de humo sobre una nube de falacias.

Critica a los nuevos «líderes de opinión» que en lugar de debatir sobre argumentos e investigación se dedican a señalar con el propósito de agradar y ganar follows y likes. La han definido como «la fe ciega en 140 caracteres» (como los del Twitter), porque investigar y debatir es incómodo y da hueva. Estoy seguro que usted que me lee podrá nombrar al menos una mano de figuras públicas guatemaltecas que encajan en esta descripción, que hacen bastante ruido por tener acceso a medios de comunicación masiva pero sus ideas son débiles y sin fundamento.

La doble moral de la opinión pública, que los que manifiestan –y tienen derecho de manifestarse– son todos, no solo los «socialmente aceptables». En nuestro contexto se me ocurre aquel común acuerdo de que marchar por las carreteras y «hacer tráfico» no vale, pero reunirse en un exclusivo centro comercial acompañado de celebridades locales sí es protesta. O aquella falacia que se escucha tan a menudo de que sólo «quienes pagan impuestos» (note las comillas) tienen el derecho a opinar.

Exponen las reservas en los medios de comunicación y comentaristas populares que usan circunloquios del lenguaje o falacias para justificar un acto que de denunciarlo abiertamente atacaría los intereses de sus mecenas o patrocinadores. Se me viene a la mente la vez en que el director de una revista guatemalteca comentaba la matanza de Pajoques, San Juan Sacatepéquez, de forma tal que no involucraba a la empresa cementera, parecía que intentaba desviar la atención de la causa de los hechos.

Hay tantos seres pensantes que investigan, leen, analizan y tienen ideas muy valiosas que ignoramos por ser «pocos-followers», porque no tienen un espacio en la televisión o en un medio escrito. Tal vez ni siquiera estén en el Twitter. Por eso tal vez esta ha sido mi frase favorita del comunicado zapatista:

«No se claven en los trending topic o como se diga. Lo mismo en tuits de gente “famosa”, “líderes de opinión” o gente supuestamente “inteligente”. Busquen los tuits de la gente común. Encontrarán ahí verdaderas joyas literarias en miniatura y pensamientos de ésos que valen la pena, es decir, los que obligan a pensar. Ahí no hay tuit pequeño.»

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Alejandro Echeverría

Alejandro es ingeniero, tecnólogo, fotógrafo y montañista.

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