“Lo sospeché desde un principio”

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Al parecer, el trauma por la partida del Chavo recorre todo el continente y ha tenido expresiones que le rinden homenaje al huérfano residente del No. 8 de la Vecindad; las leyendas urbanas indican que el personaje no vivía en el barril pues ese era solo su escondite. El cuerpo del Chavo ha sido objeto de homenaje multitudinario por las calles de ciudad de México y en el Congreso de Perú se hizo un minuto de silencio en medio de la asamblea legislativa. Lo cierto es que Roberto Gómez Bolaños logró fundirse con su personaje hasta casi perder su propia identidad, y además consiguió desarrollar varios semi-héroes que evocaban a partir de personajes de la cotidianidad los sentimientos de perdón, de lástima, de complacencia y de conformidad de la realidad de pobreza y marginación de pobre vecindario, sumido en la inmensidad del imperio priista del México setentero, que podía ser cualquier vecindario.

Recuerdo que para inicios de esa década, luego de haber regresado de la ciudad de Quezaltenango y establecernos con mi familia en las afueras de la capital, la diversión ya incluía para los niños citadinos El Chavo del ocho en formato blanco y negro. El programa que se difundía los domingos por la noche se convertiría con los años de la niñez y luego de la pubertad, en plato fuerte del ritual familiar dominguero. Como dijo Enrique Krauze sobre su hijo, levantarnos de la hipnosis que este personaje que aspiraba a mundanizar a Shakespeare era una tarea titánica, pues el conjuro era pleno. Más tarde ese sueño de fantasía alcanzaría a los adultos y además abarcaría ya no solo domingos sino varios días de la semana y los personajes se diversificarían.

Lo cómico empieza y acaba en el chiste, en el acto de hacer reír, por lo tanto son construcciones de circuito cerrado, no hay más allá sino la levedad que infunda el acto cómico. No desestimo con esta sentencia por lo tanto, los momentos memorables en los que irrumpía la ingenuidad del personaje mezclado con la comicidad de sus respuestas directas. Al Chavo se le chispoteaba cada vez que disparaba sus respondonas a don Ramón o a la Chilindrina, en un acto que dejaba absorto y muerto de risa al espectador, pero ahí concluía. El humor por el contrario, en palabras de Cortázar, contiene un factor de indefinición, de algo inexplicable para luego dar paso a la crítica, a la punzada de la sátira o al drama. En este sentido, el humor perdura.

Un maestro de escuela que cortejaba a la mujer abandonada y que jamás atrevía su declaración de amor platónico; el hijo sobreprotegido que presumía su aparente status regodeándose en sus juguetes con los vecinos; el infaltable cobrador de las deudas de pobreza del vecindario; el papá soltero y seguramente desempleado y abandonado; la viuda abandonada y envuelta con el pasar del tiempo, en un halo de telarañas y de brujería prejuiciosa. Todos esos dramas y aspiraciones del microcosmos de la Vecindad del Chavo sintetizaban las mismas fatalidades de cualquier sociedad, no solo de Latinoamérica sino de los lugares más lejanos en los que las tragedias humanas, derivadas por la deshumanización donde el capitalismo ha producido pobreza, eran retratadas perfectamente por la pequeña realidad cómica de Gómez Bolaños. He ahí el mayor debut pero a la vez despedida de la propuesta del Chavo, retratar en un acto los dilemas de esa sociedad mexicana de los setentas, que era la misma que Sao Paulo, que la de San Salvador, que la guatemalteca, incluso de lugares en los que don Ramón y la Chilindrina intercambiaran alegatos en ruso o en italiano.

Mientras el drama de Sheakespirito fue la fotografía de un momento lacónico e irrisorio de la sociedad, el humor de Cantinflas aspiraba, en la misma época, a una crítica mucho más elaborada y fina, como una hoja afilada que cortaba todos órdenes establecidos de la sociedad y el sistema imperante de poder. El Chapulín no contaba con la astucia de Mario Moreno. En este orden de ideas, el fenómeno cómico de Gómez Bolaños fue el modelo clásico de cultura popular para las masas, la propuesta extendida de diversión y entretenimiento adormecedor de conciencias, vacías de contenido político o de reflexión cuestionadora, pero tremendamente cómico, he ahí su dilema; siempre lo sospeché desde un principio.

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About Author

Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

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