Los bolitos y Jimmy

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Dentro del salón del parque de la industria en la noche de la segunda vuelta electoral, la iluminación y el bullicio permanente. Los numeritos cambiando a cada poco. La victoria contundente de Jimmy Morales o la victoria de las esperanzas, lastimosamente, ingenuas. La parafernalia del poder y de los medios. Pero dos pasos fuera, la terca y dura realidad.

Como se gusta decir ahora, fuera del salón, un “fuerte dispositivo de seguridad”. Policías y soldados patrullando. Algunos agentes de tránsito. Caras de cansancio y con ganas de estar en cualquier otra parte. Quizás el hogar. Quizás tan solo una cama y una taza de café después de la llovizna o del viento fresco de la noche.

Entre vehículos agrícolas de lujo, taxis y policías que protegen las puertas y quisieran estar en otro lugar, un grupo siempre sospechoso para el poder: los pobres que caminan de noche en las calles de la ciudad.

Al irse acercando, algunos hombres y una mujer. Un niño de la mano. Ella preguntando si ahí era lo de Jimmy. La voz rasposa y el aliento alcohólico (¿Quién putas anda bola con un niño de la mano?) Y no era la única, todos iban así. También el que podría suponerse padre de la desafortunada criatura o pareja de la supuesta madre.

Evidentemente al preguntar a los policías si ahí era lo de Jimmy les dicen que no. O por lo menos no era lo que esperaban de Jimmy. Quizás sean los primeros defraudados…

Regresaron por la misma acera de enfrente del parque y la misma señora preguntando si sabía dónde había guaro. La respuesta fue un no poco bohemio. El comentario: “este pisado no sabe nada”.

Tras de ellos un patojo de unos 18 años o menos. Hablando por celular y diciendo a quien estuviera del otro lado de la línea “lo único que quiero saber es de mi hijo”.

No sé qué historias habrán tras cada una de las personas que se enfilaron al iluminado parque de la industria, esperando que Jimmy, el flamante nuevo presidente, organizara su festividad y pudieran continuar tomando en el día de las elecciones, pasándose la ley seca vigente en esos momentos por el arco de triunfo.

Pero no dejo de pensar que hay un nexo entre toda la gente que se encontraba ahí: policías, políticos, soldados, ganadores y perdedores, personas embriagadas, que va más allá de la coincidencia espacial y temporal. Un nexo. Un infortunio. Una interrogante.

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About Author

Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

1 comentario

  1. Me gusta su articulo, se nota que es un PSICOLOGO, porque siempre desde que principie a sentir la obligacion de tener que ir a votar, senti esa sensacion de ” QUERER ESTAR EN OTRO LADO “, menos en esa OBLIGACION de votar , para autorizar los nuevos corruptos a su ENRIQUECIMIENTO ILICITO, y a ayudar a constrir un EGO, inmerecido. Talvez solo la primera vez que fui a votar, queria sentirme con ese derecho, y mas que todo por pasar esa PRIMERA experiencia en mi vida. Una verdadera votacion DEBE ser efectuada, juntamente con el derecho, sentir un HALAGO Y FELICIDAD de ayudar a construitr algo major para todos.

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