Los días en que Guatemala se paró (II): 25-27 de agosto 2015

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Aquí se puede leer la primera parte
Dos maneras de considerar el origen de las jornadas de paro nacional: una, abierta por el contexto de la CICIG y el apoyo de la Embajada de EE.UU; dos, expresión de las movilizaciones populares desde hace, por lo menos, diez años. Una no contradice a la otra, más bien la complejiza en su génesis. Al menos desde mayo –y con seguridad en junio– en la Plaza se hablaba de la necesidad de una acción colectiva que detuviera el país. En esta segunda entrega rastreamos algunos de los precedentes que fueron constituyendo el entramado de posibilidad de las jornadas de paro del 25 al 27 de agosto.

 

  1. El fermento y las condiciones del Paro

Afloraron durante los meses de junio, julio y agosto 2015, actividades como conversatorios sobre reformas electorales, foros con las posturas de nuevas organizaciones, documentales con charlas y conferencias académicas. La mayoría no fue organizada por centros de investigación o universidades, sino por estudiantes, colectivos, asambleas de organizaciones. Llamaba la atención cómo el horizonte de lo posible parecía más cercano, no siendo raro que algunos llamaran a la Asamblea Nacional Constituyente, a una democracia por comités cívicos y a la revolución socialista. En un foro organizado por la Revista El Salmón, Somos, Movimiento Semilla, Sector Mujeres, entre otros, se hacían colas largas por participar públicamente del debate, algunos identificándose a sí mismos como socialistas, anarquistas, feministas. Tras repetirse por lo menos en seis ocasiones, los asistentes empezaron a reír. Las risas eran tanto de complicidad con lo nuevo como de la “mezcla ideológica” en el espectro social.

Durante estos meses se fueron formando agrupaciones de instancias ya existentes, “colectivos de colectivos”, como la Asamblea Social y Popular, la Mesa de Reforma del Estado, Otra Guatemala Ya, Movimiento Vos en Quetzaltenango, Sumpango. Fue en ellos donde dirigentes campesinos, trabajadores de la universidad y jóvenes adheridos a la Plaza exigieron respuestas efectivas a sus demandas. En efecto, se podrían resumir las demandas –aunque variaba por organizaciones– en reformas electorales, aplazamiento de las elecciones, validez del voto nulo, conformación de una asamblea constituyente desde el movimiento –al que se le llamó– ciudadano. El vocabulario y el horizonte, podría decirse, fue marcado por el rango de posibilidad legal y legalista, a veces usando la ley para revertir el estado actual de  dominación, otras parecían continuidades a los usuales informes de Organizaciones No Gubernamentales.

 

Entre todos estos grupos fue naciendo #HagámonoselParo, el cual tenía por objetivo inicial pasar una encuesta a los conductores en vías principales de la ciudad. En la misma se preguntaría sobre la renuncia de Pérez Molina y si apoyaría posteriormente un paro nacional. Una semana antes se difundió la actividad en medios electrónicos y de comunicación. Varios medios sembraron dudas y malinformaron sobre la actividad, haciendo parecer que serían bloqueos violentos y que irían contra la libre circulación. A esto se aunó el fanatismo ultraderechista de la Fundación contra el Terrorismo, quien tachó a una de las creadoras del evento, Brenda Lara, de ser una actriz contratada por organizaciones desestabilizadoras. Temprano, el 16 de junio, varios cordones con policías antimotines de las Fuerzas Especiales Policiacas estuvieron atentos al movimiento. Muchos de quienes habían decidido apoyar la iniciativa, se echaron para atrás por la presión de los medios. Las jóvenes se pintaron de mimos y daban flores a los policías, mientras pasaban las encuestas a los conductores y a transeúntes, sin bloquear ninguna carretera.

Durante la segunda mitad de junio y todo julio 2015 continuaron las asambleas populares en Alta y Baja Verapaz, San Marcos, Quetzaltenango, Chimaltenango y Guatemala. En la Plaza cada vez llegaban menos manifestantes, si bien se organizaban nuevas actividades, como la empapelada del Congreso por el colectivo De la Plaza a los Barrios o la Manta del Pueblo, que atravesaba la Plaza. Fue un momento de redes y de reflexión social, aunado a la indignación por la poca aparición pública del presidente general Pérez Molina. Algunos incluso pensaron que se había acabado la indignación y se consideraron perdidos, como lo tituló un análisis del sociólogo Edelberto Torres-Rivas. El viernes 21 de agosto la CICIG convocó a conferencia de prensa donde presentó las pruebas que vinculaban al presidente Pérez como cabecilla de La Línea, junto a la ex vicepresidenta Baldetti. A la vez, se giró orden de captura contra Baldetti.

El Centro Médico se volvió centro de manifestación, dado que ahí había sido enviada Baldetti. Pérez Molina, de gira en Zacapa, apenas pronunciaba palabra alguna cuando ávidamente recibió preguntas sobre la reciente denuncia. La combustión de la manifestación, aún latente, se reavivó. Los manifestantes se movían entre la Torre de Tribunales y el hospital de la zona 10. Los memes y chistes fluían por internet, comparando ahora a Baldetti con Ríos Montt, evasor de la justicia y famoso por presentarse como enfermo y anciano para evadir los tribunales. El sábado 22 la Plaza llegó a tener casi 8 mil manifestantes, ahora con mayor preponderancia de banderas en lugar de carteles, rasgo interesante que merece un análisis aparte. La Casa Presidencial era otro punto álgido. La Batucada del Pueblo se dividía por grupos y cubrían ambos lugares. La gente llegaba con tambores, tambos plásticos, toneles, chinchines, sartenes, todo lo que pudiera hacer ruido. En colonias populares de la zona 6, 16 y 18 se hicieron charlas con padres de familia y se informaba de lo acontecido. Había gran expectativa. Fue en esos días que la Asamblea Social y Popular, junto a la Mesa de Reforma del Estado, con participación de la Universidad de San Carlos, convocaron a paros y cese de actividades la semana siguiente. Algo sin precedentes para la dećada luego del Armisticio de 1996[1] –no para la historia del país[2]– estaba por suceder.

 

[1]             Coincido con la antropóloga Marta Gutiérrez en interpretar los Acuerdos de Paz del 29 de diciembre 1996 como un Armisticio, en términos que no significó una transformación sustancial del Estado y los proyectos capitalistas en boga, sino su profundización desde el contexto de los Acuerdos  en Nicaragua o El Salvador.

[2]             El editorial de Nomáda para el 28 de agosto 2015 es expresión de esa falta de conocimiento histórico en citadinos profesionales, incluidos periodistas. Primero se hacía referencia, sin más, a que el paro del 27 de agosto 2015 había sido «la marcha más grande de su historia», sin referencia a las fuertes movilizaciones de 1962, 1973 en la ciudad o de 1980. Luego, hacen un breve comentario aclaratorio de que la marcha de los mineros de 1977 había sido un precedente, con el enorme desconocimiento histórico y geográfico de equivocar el origen de los mineros en San Marcos, no en San Ildefonso Ixtahuacán, Huehuetenango, como fue en realidad: «Porque no importaba, porque ella estaba segura, porque sólo describía en voz alta la panorámica que tenía a su alrededor: cien mil personas concentradas un jueves en un parque en el que nunca se habían reunido tantas personas alguna vez, como confirman tres dirigentes estudiantiles y sindicales de los años setenta. La segunda más grande, coinciden, fue en 1977 cuando el movimiento popular recibió la marcha de los mineros de Ixtahuacán, en San Marcos, en plena dictadura.» Disponible en: https://nomada.gt/en-la-marcha-mas-grande-de-su-historia-guatemala-grita-notengopresidente/

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Sergio Palencia

Sociólogo. Considero importante repensar la memoria histórica desde las heridas y luchas del presente, en distintos contextos. El horizonte de la esperanza, en regiones como Centroamérica y México, debe rastrearse a partir de un conocimiento crítico del pasado y su legado como lucha, aún abierta

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