Los encapuchados y la luz al final del túnel

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El gobierno informó el domingo 28 que, en el marco del estado de prevención decretado el 22, retiraba los rótulos de encapuchados en San Juan Sacatepéquez. Las imágenes de prensa muestran a elementos de las fuerzas de seguridad encaramados en los postes para retirar dichos carteles.

Estos afiches variaban entre los que incluían la silueta de una cabeza con gorra pasamontañas o la de una capucha, ambas de color negro. Algunos tenían fondo amarillo, otros fondo azul y estaban colocados en los postes de alumbrado o de cableado telefónico. Eran visibles desde el ingreso a la ruta en San Pedro Sacatepéquez y luego a la entrada de la cabecera municipal de San Juan Sacatepéquez.

Los anuncios indicaban que se ingresaba a territorio “vigilado” o “protegido” por los vecinos. Era la forma de presentar a las Juntas Locales de Seguridad (JLS). Esos grupos formados durante el gobierno de Oscar Berger, bajo la dirección del Ministerio de Gobernación a cargo de Carlos Vielman Montes. Mismos que se basaban en el entramado que había dejado la estructura de las supuestamente desmanteladas Patrullas de Autodefensa Civil (PAC), luego llamadas Comités Voluntarios de Defensa Civil (CVDC).

Desde entonces estos grupos operaron en la zona de San Pedro y San Juan Sacatepéquez. Impusieron su ley en el área y establecieron horarios de ingreso y egreso, así como de tránsito en las calles de ambos municipios. Durante varios meses, delegaciones de comunitarios llegaban a la ciudad para quejarse de los abusos de estos encapuchados. Las autoridades actuaron con indiferencia, protegiendo a los integrantes de los grupos armados por Vielman Montes. Finalmente se produjo lo temido. Un joven desapareció y luego fue encontrado muerto, por acción de estas agrupaciones.

Con el paso el tiempo y aunque el actual gobierno asegura que las JLS fueron desarticuladas, en San Juan seguían activas. Funcionaban en el marco de un ambiente de tensión y pre conflictividad derivado de las intenciones de la empresa Cementos Progreso de abrir una nueva planta en el área. Interés que se amplió a la construcción de un tramo del llamado anillo regional que en dicha área uniría la planta de San Juan con la de Sanarate, en la salida al Atlántico.

De la supuesta vigilancia y protección contra presuntos delincuentes, la actividad de los encapuchados pasó a ser de confrontación con los grupos comunitarios del área donde se construye desde el año pasado la cementera, que se resisten a dicha obra. Los encapuchados generaron conflictividad y se sentían con poder, en virtud de sus vinculaciones con la empresa cementera.

Una verdad que estuvo oculta y que salió a luz cuando el mismo gobierno, por medio del Ejército informó haber encontrado un túnel en una casa destruida en el caserío Los Pajoques. La acción militar se produjo en el marco del estado de prevención decretado en San Juan por los sucesos trágicos del 19 y 20 de septiembre. Mismos cuyo detonante se atribuye a grupos de encapuchados que hirieron de muerte a dos miembros de la resistencia, situación que desencadenó el zafarrancho en el cual murieron los primeros agresores.

Durante una semana, luego de los sucesos trágicos, Raúl González Merlos, representante de la empresa cementera, culpaba de los hechos a los encapuchados pero insistía en que estos eran miembros de la resistencia. De hecho, la campaña mediática sostenida por la empresa buscaba construir el imaginario social de que los encapuchados, torturadores y agresores eran los grupos de comunitarios opuestos a la instalación de una planta que destruirá su entorno y a la construcción de una carretera que partirá sus vidas.

Sin embargo, el descubrimiento del túnel en la vivienda de una de las víctimas del zafarrancho, empleado de la cementera, trae a la palestra otro elemento. Según el ejército el túnel se utilizaba para almacenar armas y para torturar personas. Si el mismo estaba en la casa de un empleado de la cementera, en medio de la oscuridad de las falsas afirmaciones, empieza a verse la luz al final del túnel.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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