Los feminismos me confunden

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I

Los feminismos (que no hay un solo movimiento feminista homogéneo) me confunden. Unos hablan de las relaciones entre ‘hombres’ y ‘mujeres’; otros de que no hay géneros, que estos son construcciones sociales. Unos que ser hombre no es compatible con ser feminista. Otros invitan a los hombres a unirse al feminismo. Unos a favor de la prostitución, otros en contra. Unos a favor del porno, otros en contra. ¡Que lío! ¡Qué complicación! Y aun así, a pesar de la confusión, soy (estoy) feminista.

II

Empecé a leer literatura feminista hace poco tiempo, hace unos tres años. Lo curioso es que no comencé con “los clásicos” del feminismo, sino más bien con la teoría queer gracias a amigos que andaban en esas lecturas y me las compartieron. Si mal no recuerdo, mi primer acercamiento teórico con el feminismo fue con Judith Butler y, obviamente, fue un shock. Leí que el género es performativo y pensé, “¿qué diablos significa eso”. Y entre sus escritos medio crípticos y su propuesta empecé a comprender varias cosas. Entre Butler, Rubin y Preciado empecé a cuestionar-me. Comprendí que el género es una construcción social, no se nace siendo hombre y mujer. Claro que hay personas con penes y otras con vaginas, pero eso no es ser hombre o ser mujer. Que no estoy determinada a comportarme y vestirme de tal manera porque tengo ciertos órganos reproductores y no otros y produzco más de unas hormonas que de otras. Pero esto… de cierto modo lo intuía desde muchos años antes de leer sobre feminismo.

III

De pequeña me decían que debía aprender las tareas del hogar para cuando me casara pudiera servir bien a mi marido. Y siempre que me lo decían torcía la cara. Desde pequeña supe que no quería casarme nunca. No me atraía la idea de estar ‘amarrada’ a alguien, pero sobre todo porque el matrimonio es una institución que me ha excluido desde mi concepción, que no me reconoce y que me sigue excluyendo aún hoy en día. Creo en el amor (amo), pero desconfío de la monogamia y de su capitalismo emocional.

También de pequeña pasaba la mayor parte del tiempo con mis primos, jugando carritos, fútbol y viendo Supercampeones y Caballeros del Zodiaco. Estos factores externos hicieron que no fuera muy femenina. Ingresar a un colegio solo para señoritas, tampoco hizo de mi un ejemplo de feminidad, especialmente porque muy pocas de mis compañeras lo eran. Nos gustaba correr en el bosque del colegio, contar chistes, jugar matado. Eran muy pocas ‘las fresas’ de mi promo. Pero aun así, muchos discursos sobre lo que es ser mujer me calaron en esos años de adolescencia. Recuerdo ir a las fiestas de quince y tener en mente cosas como no tomar la iniciativa con los chicos, no parecer desesperada y lamentarme por no ser tan bonita, tan delgada o porque mi pelo era feo; por no ser tan femenina. Y aunque ahora sé que todo eso son pajas, todavía hay veces en que me siento mal por mis estrías o mi celulitis y que, aunque me digo que casi todos tenemos, todavía sigo en el camino por despojarme de esos discursos.

Ahora entiendo que la feminidad es una opción y que no es exclusiva de personas con vagina. Yo la elijo a medias, me arreglo un poco, me peino, me echo labial y rímel, me pongo aretes y me echo perfume. Casi nunca uso tacones o vestido. Casi siempre ando en All Stars. Y me gusta. Así es como me siento más cómoda. Lo que no tengo claro aún es si soy mujer o no, si me identifico con ese género o incluso si tengo que identificarme con algo. Por el momento, prefiero no identificarme como nada.

IV

Y con todas estas dudas sobre el feminismo y sobre la necesidad o no de una identidad, se me atraviesa la campaña de la ONU #HeForShe y todo el caos en mi mente se me revuelve aún más. El discurso de Emma Watson se tornó viral en las redes sociales y varios de mis contactos en Facebook y Twitter lo compartieron. Lo vi y no me gustó. Revisé la página de internet de la campaña y tampoco me gustó. Se me hizo una campaña paternalista desde el nombre hasta sus objetivos. “Él para ella” para que los hombres reconozcan, empoderen e integren a las mujeres. La campaña también dice ser un movimiento de solidaridad que une a una mitad de la humanidad (hombres) para apoyar a la otra mitad de la humanidad (mujeres) para toda la humanidad. O sea, según la campaña hay únicamente dos géneros y eso es todo.
¿Y por qué si no me gustó esta campaña, el caos en mi mente es aún mayor? Porque, a pesar de lo simplona, light y paternalista que es la campaña, ha levantado las hordas machistas por todos lados del mundo virtual. Revisé varios posts de varios servicios de noticias que informaron del discurso de Emma y todos tenían comentarios machistas terribles. El “feminismo” de la ONU, así de edulcorado y simplón, era atacado por muchos.

El feminismo que más ha captado mi atención y que me gusta, es aquel que nombra como patriarcado al sistema histórico de opresión basado en el género. Que nombra heteronormatividad a la sexualidad normalizada. Que también critica al racismo y al capitalismo y que no los ve cómo fenómenos aislados, sino que se conjugan con el patriarcado. Pero claro, este feminismo no es el de la ONU. Sería ingenuo de mi parte pensar que Emma iba a decir estas cosas.

Sin embargo, aunque no me haya gustado el discurso ni la campaña que Emma y la ONU promueven, no puedo darle la espalda. Porque tal vez por algo se tiene que empezar. Por la puntita. Porque tal vez, descalificar otras luchas no sea la mejor opción. Porque tal vez no es común empezar con el feminismo desde la profundidad, sino desde acercamientos como este. Porque tal vez hay pasos que recorrer antes de hablar sobre patriarcado y heteronormatividad. Porque ninguno de los que ahora usamos esos términos los adoptamos de un solo. Porque ser crítico de un discurso no significa necesariamente desacreditarlo y darle la espalda.

Tal vez, tal vez. No ofrezco coherencia porque aún no tengo las cosas claras. Pero creo que el que todos estos debates entre los feminismos me tengan con la cabeza revuelta, es algo bueno.

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About Author

Andrea Tock

Curiosa, preguntona, torpe y ridícula. Estudié Ciencias Políticas y trabajo en investigación social. Disfruto comer, ver fútbol, escuchar música y hacer el amor, entre otras cosas. Me gusta el azul. Escribo para dejar registro.

3 comentarios

  1. Concuerdo con casi todo, menos con eso de empezar por la puntita.
    En la familia feminista, está la hermana convenenciera, hipócrita y medio boba llamada feminismo institucional, basada en esos binarismos ridículos y capitalistas que lo que realmente buscan es la aprobación del amo/patriarcado/capitalismo (que no son lo mismo pero se parecen mucho) y a través de ella, la inclusión pero sin derrumbar realmente las estructuras de sometimiento.
    Adrienne Rich, creo, dijo: “las herramientas del amo no derrumbaran la casa del amo”
    el problema es conformarnos con la puntita, tenemos siglos viviendo de puntitas y migajas, si se puede cambiar algo jamás será desde allí.

    • Andrea Tock

      Cabal ahí está mi confusión. Porque cuando ví el discurso pensé lo mismo que tu me escribes, pero después leí otros comentarios que recordaban que el patriarcado nos ha formado para dividirnos y que sería mejor tender puentes y eso. Y bueno, lo sucedido -virtualmente, he de aclarar- con la campaña de la ONU -y no la campaña en sí- me hizo un nudo en la cabeza y en eso ando aún.

      Estoy de acuerdo en que no hay que conformarse con la puntita, pero tal vez por ahí hay que empezar, para después derrumbarlo todo. Tal vez.

  2. El problema es eso. Que lo piensan mucho, y que buscan y crean conceptos, definiciones, teorías, coyunturas, etc.

    La simpleza es la perfección. Busque lo simple. Siga leyendo, informese. Despues de analizar, sintetice.

    Segun dicen, el feminismo debe ser una fuerza que busque la igualdad de genero. Pero el problema, es que no se ha definido lo que “igualdad” significa. Yo diria que el feminismo debe buscar la desigualdad en el genero. Debe fortalecer y potenciar las virtudes de las féminas. Lo de la igualdad, debe ser una lucha de todos los generos, y no solo del femenino.

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