Los globos de la memoria

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Una vez más los globos blancos se alzaron desde la Plaza Central de Guatemala. Un día antes, el espacio emblemático de la sociedad movilizada había reunido por novena ocasión, el reclamo por la renuncia del general gobernante y por la reforma del Estado. La mañana del domingo 21, la conmemoración aparentemente era otra. Sin embargo, estaba muy pero muy ligada a la del día anterior.

Los globos elevados conmemoraron el 35 aniversario de la captura y desaparición forzada de los 27 sindicalistas en la Central Nacional de Trabajadores (CNT). En reconocimiento a ellas y ellos, el 21 de junio fue declarado Día Nacional por las Personas Detenidas Desaparecidas en Guatemala. Una decisión muy a pesar del entorno de impunidad que detenta el poder en los tres organismos del Estado.

Ese 21 de junio, hace tres décadas y media, una reunión de la CNT convocada para la tarde, fue cancelada al último momento sin que hubiera tiempo de informar a todas las personas convocadas. La represión directa a la entidad y la  inseguridad imperante llevaron a tomar la decisión. Misma que tenía fundamento pues, quienes llegaron fueron capturados, torturados y detenidos por un contingente de Policía Judicial, Policía Nacional y Ejército de Guatemala. Todas las personas fueron desaparecidas y su paradero es desconocido hasta el día de hoy.  Las únicas certezas son la fecha, el lugar, el número de víctimas directas, la tortura y la responsabilidad del Estado.

La impunidad que ha prevalecido en este y la casi totalidad de violaciones a derechos humanos durante el Conflicto Armado Interno (CAI) es una herida más en el corazón de las familias. No saber qué fue de sus seres queridos, enfrentar el desprecio y la burla de las autoridades durante los días inmediatos a la captura. Sufrir los años y ahora décadas de ausencia, acrecienta la responsabilidad del Estado que  protege a los criminales.

Y allí está el vínculo entre las reuniones. Durante décadas también, la sociedad capitalina estuvo presa del terror que hechos como el del secuestro en la CNT le tatuaron en la memoria. Fueron también décadas de terror desde el Estado en nombre de una seguridad nacional para unos pocos. Los mismos argumentos hoy esgrimidos para someter a prisión a líderes y lideresas comunitarias que defienden el territorio. Ayer fueron y siguen siendo detenidos, desaparecidos. Hoy son prisioneros y prisioneras políticas. En ambos casos, el Estado es la herramienta de represión contra quienes intentan ejercer sus derechos en favor de todas y todos.

Pero al intento de producir el olvido de los hechos, el Estado añade la perversa obstrucción de la justicia indispensable. Un obstáculo contra el que lucha el Grupo de Trabajo por la Desaparición Forzada que es un colectivo de varias organizaciones nacionales. Esta coordinación promueve la iniciativa 35-90, encaminada a integrar una Comisión Nacional de Búsqueda de personas detenidas y desaparecidas.  Llevan años de tesonera insistencia ante diputados y diputadas del Congreso para que conozcan la iniciativa, la discutan y la aprueben. Es lo mínimo que le deben a la sociedad y lo que no hay manera que resuelvan.

Y no resuelven porque, en última instancia, son parte del sistema de impunidad instalado como armazón de toda la estructura estatal. Esa estructura que funcionó para producir y enmascarar la desaparición forzada, la tortura, la ejecución extrajudicial y el genocidio. Andamiaje que hoy sirve para apañar la criminalización de defensores y defensoras, y para alimentar la corrupción y la impunidad.

Por eso las dos reuniones estaban enlazadas. No por el tiempo, sino por las causas y las consecuencias de los hechos reclamados. Porque demandar el fin de la corrupción es demandar el fin de la impunidad.  Porque mientras le recordemos y dignifiquemos su memoria, luchando por la justicia por su desaparición y luchando por transformar el Estado que les desapareció, nadie está en el olvido.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

1 comentario

  1. Brenda Marcos
    Brenda Marcos on

    A pesar que la nota tiene un tinte de reflexión y homenaje, también es escalofriante leer algo así Idivuna, pensar en las bajezas a las que se prestaban las autoridades, vamos, no se puede calificar. Cada globo una pena y una tristeza y todos juntos simbolizando la esperanza de algo mejor o de un cambio para siempre.

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