¿Los hijos de la postguerra podrán transformar el país?

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Aquellos que de forma muy imprecisa se pueden llamar los hijos de la postguerra (1) y que nacieron cuando ya el conflicto estaba menguando o estaba por firmarse la paz en la década de los noventa, son los protagonistas principales de las protestas ciudadanas contra la corrupción. Son las y los jóvenes que estudian en las universidades y que convergen en su repudio hacia este sistema que apesta a mierda. ¿Podrán transformar al país?

Son quienes no vivieron en carne propia el miedo a la persecución política y la paranoia del anticomunismo. Tampoco vivieron los fervores revolucionarios y la “ideología” les causa sospechas. Conocen, eso sí y de primera mano, el temor a la violencia delincuencial y la falta de horizontes. Por otra parte, lo compensan con un hedonismo suelto (del momento) y con causas más locales y pequeñas, pero efectivamente sentidas, pues el feeling es parte clave de su vida.

Hasta hace poco, quizás con cierto dejo de rechazo y cierta envidia, los mirábamos ensimismados en el consumo, pegados a la pantalla  y pendientes de las redes sociales. Hoy los vemos, asombrados, como los primeros en contactarse y ponerse de acuerdo a través de las mismas para salir con sus carteles a decir que rechazan a Baldetti, a Pérez Molina, a Baldizón, a todos. No tienen mucho tiempo de estar en contacto con la política y ya están hartos, asqueados. Y sorprendente (al menos para nosotros, sus otros): eso los mueve.

Están encabronados por la voracidad, el cinismo y la torpeza de los gobernantes que robaron a manos llenas, sin ningún recato, haciendo además, impúdica y torpe ostentación de lo saqueado. Y esto es muy importante: comienzan a pensar que eso, lo saqueado del erario público, es asunto de todos. Es nuestro.

Tienen empuje y no saben a dónde van. Pero, justo es decirlo, tampoco lo sabemos nosotros, los que somos de otras generaciones. Si se mira bien, eso es algo hermoso del momento: la incertidumbre que puede traer lo nuevo.

No sé qué sentido tendrá que de ellos se diga que “son el futuro del país”, pues quieren ser presente. Y ahora, en la protesta, lo son. Presente abierto, con poca memoria pero proyectados al futuro.

En buena medida, de ellos depende que se produzcan transformaciones reales. En buena medida. No toda la responsabilidad cae sobre ellos. Algún aporte podemos hacer quienes ya no somos jóvenes. Quizás uno de los mejores consista en la apertura para acompañarlos y aprender mutuamente. Hablando. Discutiendo. Sin pretensiones de dirección, sino con escucha y calidez. Participando de la común indignación.

Tarea urgente es que se logre un reconocimiento recíproco. Que las y los jóvenes levanten la vista y vean a los ojos de los campesinos, de las mujeres, de los pobladores urbanos y que, sabiéndose diferentes, encuentren al prójimo. Que no hagan caras ante el sudor ajeno ni sean condescendientes por las obvias diferencias. Que se puedan estrechar la mano. Que reconozcan que las luchas por el territorio y por el no a la minería son reclamos justos y válidos. Que sean sensibles al sufrimiento ajeno y puedan compartir el propio. No para caer en el victimismo, por supuesto. Sino en el descubrimiento de la humanidad compartida.

Que empiecen a sospechar que los reclamos indígenas, campesinos y de mujeres se conectan de diversas formas con su indignación y su rechazo a la corrupción. Que se conectan por la injusticia generalizada y la falta de un modelo viable de convivencia que se origina en el desigual modelo económico y político del que forman parte empresarios y políticos.

Creo que así, encontrándose y reconociéndose recíprocamente con otros sectores que tienen en común el reclamo de autonomía efectiva (el ser sujetos) y de rechazo al mundo dado, podrían las y los hijos de la postguerra, las y los jóvenes, transformar este país.

Todos quisiéramos acompañarles y agradecerles que no desmayen en su esfuerzo.

(1) Evidentemente, no son los hijos de la paz. Ésta, la paz, no la conocemos.

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About Author

Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

6 comentarios

  1. Bien su articulo, sin embargo, en algunos puntos no estamos de acuerdo, por ejemplo en lo que dice que la generacion de Posguerra, conflict menguado o estaba por firmarce la Paz, y decada de los 90, son los que estan protestando por que se pare la CORRUPCION. En mi caso, soy un Guatemalteco de mas de 70 años, vivindo fuera de mi pais, FORZADAMENTE, debido a la repression del Ejercito. Mi Señor Padre Lic. Adalberto Echeverria, (ya fallecido), ex-diputado (antes de 1954), ex-magistrado de trabajo de la epoca, asi como un eminente Abogado. me conto en una de sus anegdotas, que al ejercer su profesion despues de 1954, una de sus clientEs, le pidio favor de que su hijo, estaba estudiando Derecho, y lepidio de favor que si este muchacho podria llegar a aprender la profesion como asitente ? MI Señor padre le dijo que SI, por lo que al siguiente dia este futuro abogado llego con mi Papa, y le dijo ” ACA ESTOY PARA QUE ME ENSEÑE LOS TRUCOS DE LA PROFESION “, mi papa solo se rio y le contesto ” CON MIGO NO SE APRENDEN TRUCOS, SOLO LO QUE DICE LA LEY” . Le pongo este ejemplo de que en esa epoca SI habian principios morales, y valores bien fundados, SIN EMBARGO, la nueva gneracion a la que se refiere tiene unas malas referencias, en donde los ACTUALES LIDERES papas, y mamas, enseñan a sus hijos a COMO HACER DINERO FACIL. Muy contrario a lo que la vieja generacion nos enseñaban . CONCLUCION en todas las generaciones se cosen habas, solo cambia el percentage de lo negativo o positivo.

  2. Mariano González
    Mariano González on

    Estimado Adalberto, gracias por su comentario. Evidentemente todo el artículo es discutible. Solo preciso que no es que crea que solo los jóvenes protestan. Son quizás el principal actor de las protestas, pero ya hay más: nosotros, los otros de ellos y que ya no somos jóvenes. Grupo en el que coincidimos usted y yo. También ya hay presencia indígena y popular, lo cual es muy importante.
    Y respecto a lo otro: honestamente me sentía muy escéptico con esta generación. Pero mire, me están enseñando que estaba fuertemtene equivocado. Lo cual agradezco.

  3. Estimado Mariano, me considero parte de la generación de la transición (guerra-postguerra), he acompañado procesos de formación con jóvenes en el ámbito eclesial, dando formación desde lo social y político. Coincido con sus reflexiones, tengo casi 50 años y tengo una hija de 20 a quien le indigna lo que esta pasando, creo que añadiría que hoy la juventud esta rompiendo paradigmas, prejuicios del mundo adulto y sobre todo, está cuestionando el sistema construido por adultos, evidentemente es un reto acompañarles sin intentar direccionarlos (gran tentación de nosotros los adultos) pero si intentando aprender en doble vía como bien usted lo señala, gracias por esta lectura que contribuye a la reflexión desde la juventud.

  4. Mariano González
    Mariano González on

    Me alegra que podamos coincidir Eddy. Creo que también soy, como dice usted, de la generación de la transición, aunque con taras importantes de la generación de la guerra.
    Ojalá nos encontremos (las generaciones) en la indignación y las manifestaciones.

  5. Las nuevas generaciones, salen porque…No tienen miedo !!!…. ellos crecieron sin esas marcas que dejo el conflicto en la mente de las generaciones anteriores…

  6. Mariano González
    Mariano González on

    Creo que conocen el miedo a la violencia delincuencial, pero en efecto, no tienen miedo de la violencia política: a la persecución y demás. Ya es un inicio importante

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