Los límites físicos de la productividad

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Hace muchos años escribí un texto en el que contaba la historia de Juan, un cortador de caña excepcional que había llegado al límite físico de su productividad. Nadie cortaba más caña que Juan, aún así sus patrones usaban su “baja productividad” de excusa para no subirle el salario. Decía entonces:

Juan trabaja en la costa como cortador de caña. Y no precisamente por vocación. Pero como migrante analfabeto, sus opciones son limitadas. Aparte de eso, el trabajo de sol a sol es prácticamente todo lo que conoce desde que era niño. Para su consuelo, la rudeza de su realidad le ha dado la fortaleza física indispensable para uno de los trabajos más difíciles que sobreviven en las sociedades agrarias atrasadas. En su miseria, la cruel combinación de ignorancia e instinto de supervivencia hacen que Juan se sienta contento de tener trabajo como cortador de caña, pues en su infierno tropical las cosas podrían ser mucho peores. Y si en algún momento Juan llegara a estar consciente de su situación, le será igualmente obvio que no hay mal que dure cien años. El calor, las alimañas, la mala alimentación, las enfermedades endémicas tropicales o las quemas cruzadas se encargarán que Juan no pase de los 40 años.

Pero Juan no se queja. Sus condiciones físicas le permiten ser uno de los mejores cortadores de su cuadrilla. Si el corte de caña fuera un deporte profesional, Juan sería una estrella. Pocos, muy pocos son capaces de cortar más caña que él. Pero eso no es suficiente. El dueño de la finca y sus aliados en el gobierno creen que Juan –si se esforzara más- podría incrementar su productividad. Los empresarios en cuestión creen que esa sería la única manera en que se podría justificar incrementarle el salario mínimo a Juan.

Quizás Juan trabaje ahora en la industria de la palma africana o en una maquila. Su calvario es el mismo. La falacia de que Juan no es productivo se sigue repitiendo. Ante eso dije:

La propuesta empresarial carece de lógica. Si Juan ya es uno de los mejores cortadores de caña, cualquier esfuerzo adicional va a resultar en un incremento marginal a la productividad. Tanto Juan como sus compañeros ya alcanzaron el límite de su capacidad física.

En poco tiempo la productividad de Juan decaerá por razones de edad. Sin IGSS y sin ahorros su trayecto a la tumba no puede ser largo. Las últimas palabras del artículo dedicadas a los sofistas que manufacturan la narrativa oficial son tan vigentes hoy como lo fueron nueve años atrás:

En su soberana incompetencia, prefieren culpar de improductivos a los analfabetos desnutridos que pagan con sus propias vidas para que ellos se puedan llamar a sí mismos “empresarios.

Nada ha cambiado, de hecho la situación podría hacerse peor si el CACIF se sale con la suya y logra bajar el salario mínimo para subir la “productividad” a como dé lugar. Mientras tanto, nadie parece percatarse de que Juan no es el problema.

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Abraham Barrios

Estudiante empedernido de la naturaleza humana y amante de las causas perdidas. Aparte de eso, muy difícil de etiquetar.

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