Los otros, sus ojos y mis ojos

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niix-mendezPor Niix Méndez

Granada, España

Noviembre, 2016.

La pregunta de algunos amigos al ser extranjera, migrante y maya, en torno a mi presencia en este país: ¿Cómo te ven? ¿Qué te preguntan? ¿Has experimentado racismo, colonialismo, hoy? Son similares a las que me hacía meses atrás mientras preparaba mi maleta. Estas interrogantes se vuelven claves para mí, pero en dirección contraria para comprender un poco la realidad que observo aquí en el sur de España. Y es que en tan solo pocos meses, Granada me amplía el concepto de diversidad mostrándome a la vez su complejidad. Es una provincia históricamente conformada por migrantes de diversas culturas y credos, cada una predominó en su momento. Según los datos históricos, la cultura Ibera se asienta en el siglo VII a.c. como primer asentamiento y a partir de ese hecho y en orden cronológico otras culturas se suman. Granada llega a ser: Ibera, Romana, Visigoda, Islamista y Cristiana, sin olvidar una Granada Gitana, a finales del siglo XV. Curiosamente no he encontrado registro en los patrimonios de Granada que indique la presencia gitana, pero la cotidianidad me dice que está presente y viva hoy.

Usualmente prevalece entre los granadinos, con predominancia en adultos, cierta forma de aviso a los extranjeros a que “tomen precaución” para con los gitanos: “Te pueden desnudar, quitar todo y sin dar aviso”, “Te leen la mano por un lado y por el otro te roban”, “Dan maldiciones”, “Sus maldiciones se cumplen”. Por un momento estas palabras me asustaron pero también me inquietaron. Es difícil distinguir quiénes son gitanos para un extranjero. La primera referencia que tenía eran las mujeres de los templos religiosos ofreciendo ramas de romero. Después empecé a ver a otras mujeres pidiendo limosna en las calles, sentadas a la entrada de las tiendas, restaurantes, supermercados y siempre en grupitos de tres o cuatro.  No he preguntado si son gitanas por temor a que dicha denominación sea peyorativa, sin embargo, he notado cierta diferencia en la forma de saludar, sonrisas y miradas de asombro: “Adiós guapa”, “Buenos días”, “Adióooooooos”. Ninguna me ha ofrecido ramitas de romero, tampoco maldiciones, de ahí mi curiosidad por acercarme a los gitanos. Y es que, en algunos diálogos, han salido comentarios de granadinos que marcan frontera radical entre gitanos: “Ellos son gitanos, nosotros payos” y nadie sabe explicar estas diferencias o al menos sus significados. Lo que sí queda claro es la persistencia y el empeño en diferenciarse del otro.

 

Yo, a través de sus ojos

Volviendo a la pregunta ¿Cómo me ven los demás? Ante la diversidad que se presencia en Granada en cuanto a culturas, cuesta percibirse como alguien extraño. Y me atrevería a decir, mi presencia no ha resultado novedosa. Eso creo. Además, la riqueza de expresiones la manifiestan también los jóvenes en cuanto a estilos de vida, formas de vestir, estilos de cabellos impresionantes, tanto hombres como mujeres, como en búsqueda de sí. Y entonces ¿cómo me ven? En las calles o en algunos pasillos, las miradas hacia mí han sido muy diversas, algunas las he percibido como a extrañeza, con muchas interrogantes, cierta incomodidad, algunas miradas serias, otras las bajan, otras como a rechazo haciendo un gesto de “No, no, no” con la cabeza; hay miradas de asombro como diciendo ¿Qué haces aquí? otras de alegría expresadas en los ojos, se les agrandan las pupilas, especialmente la de los hombres sin disimular siquiera. Miradas también de acogida y de reverencia con el cuerpo dejando escuchar cierto balbuceo “bienvenida”. Al final, todas ellas se entrecruzan con mis miradas, sin interacción, sin decir palabra alguna y sin saber muy bien ¿Quiénes somos o de dónde venimos?

Más allá de las miradas, poco a poco voy teniendo interacción con algunos jóvenes en las aulas, biblioteca y comedores universitarios, especialmente con estudiantes españoles de diferentes provincias y pueblos. Algunos provienen de pueblos lejanos de Granada, sus padres son campesinos y se esfuerzan por el estudio de sus hijos e hijas. Por ejemplo, a una estudiante de Arte le fue posible comprar una cámara profesional gracias a la ganancia de 500 euros que obtuvo la familia en la cosecha de olivos este año. Y así tantos otros esfuerzos para sumarse a la educación universitaria. Otros jóvenes de pueblos más cercanos a la ciudad trabajan y estudian; a veces se exigen conciliar el sueño y las horas de estudio, pues les toca trabajar por las noches o fines de semana como camareros en bares de amigos o de algún conocido, teniendo el pago inmediato por horas de trabajo. De ahí la importancia y la lucha de muchos de ellos por seguir gozando de una educación pública universitaria. Aunque no paguen ninguna colegiatura mensual necesitan trabajar para comprar libros y pagar matrícula de inscripción. Y en el caso de los estudiantes extranjeros, mi interacción ha sido por otra vía, a través de actividades culturales, fiestas de intercambio o excursiones. Vale señalar que las excursiones están pensadas, en su mayoría, solo para estudiantes extranjeros. Los estudiantes españoles suelen ir a otros espacios de recreación de acuerdo a sus posibilidades o gustos como al cine, a las discotecas o bares. A veces los sábados por la mañana se pueden ver a jóvenes saliendo de discotecas y de bares en grupos grandes.

 

Conociendo a través de sus ojos

Muy aparte de esos espacios de recreación, tampoco sé si se deba a la limitación del idioma, pero percibo cierto exclusivismo, poca interacción entre los estudiantes extranjeros y españoles, en especial los estudiantes europeos. En las fiestas culturales, de intercambio y en los trabajos de grupo, prevalecen grupos afines por países inclusive, en los comedores universitarios y es que no son solo dos o tres miembros por país, son más. Y en el caso de los estudiantes asiáticos o latinoamericanos, estos crean otros espacios aparte de las actividades establecidas para intercambiar con los suyos. Por lo que las fiestas o paseos se vuelven más regionales, el más asistido es el de México quien cuenta  con 65 estudiantes solo en Granada. Volviendo al tema de exclusivismo, sí existe esfuerzo por intercambiar, pero de forma individual, especialmente si se comparte alquiler de casa o piso, es decir, en espacios privados y es en ese proceso que se gestan iniciativas por quedarse a estudiar y terminar la carrera en España. Sin embargo, para la mayoría de los jóvenes europeos, España es un referente de turismo pero no de formación académica: “A mí no me importan mucho las clases”, “Mucho trabajo, en mi país es menos tiempo, tres años y ya”, “Los maestros son aburridos”… es decir, España puede ser una posibilidad de paso pero no de estadía: “Yo esperaba algo mejor de Granada”, “Ya me aburrí, por eso quiero conocer otros lugares”;  muy contrario a los asiáticos y latinoamericanos. En el caso de los asiáticos, España es un referente de estudio y puerta de enganche para con América Latina. Ubican a Guatemala sin ninguna dificultad, contrario a los estudiantes europeos.

Y por fin, ¿cómo me ven los demás ya en las interacciones? Con esfuerzo, algunos jóvenes europeos creen que mi nacionalidad es peruana, boliviana o mexicana. Y es en ese diálogo que surgen sus interrogantes ¿Ya habías venido a Europa? ¿Qué haces en tu país? ¿A qué te dedicas? ¿Qué te parece Granada? ¿Te gusta Granada? ¿Trabajas o estudias en Granada? ¿Por cuánto tiempo vas a estar? ¿Qué vas hacer después? Estas preguntas suelen ser en doble vía, tanto para acercarnos, conocernos como para romper hielo. De momento, no encuentro relación asimétrica o de racismo. Probablemente, esta novedad se deba a que todos somos estudiantes y nos movemos en el mismo espacio social: educación pública universitaria. Además, gozamos de las mismas posibilidades y oportunidades, bajo diferentes circunstancias, por supuesto. Aparte de eso, en los contenidos de algunas clases prevalecen ejemplos con categorías tercermundistas como si no existiese pobreza o colonialismo interno en la propia región. También clases impartidas que acentúan el origen de las ciudades a partir del modernismo sin explicar bien qué es “ciudad”, si se entiende a partir de los servicios que ofrece, del proceso de urbanización o del número de población; en el bagaje de conocimiento casi no se registra la existencia de otras ciudades siglos atrás y fuera de occidente. Lo novedoso es que estos criterios no pasan desapercibidos; hay voces juveniles, especialmente de estudiantes españoles que lo cuestionan y lo debaten, es decir, voces entre ellos mismos. Y esto despierta cierta chispa de esperanza e invita a cambiar de miradas y de giro.

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