Los prisioneros políticos de Hidro Santa Cruz

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En Guatemala, si no fuera porque en la realidad atropella a familias y comunidades enteras, el absurdo en la justicia podría ser ficción. En la misma semana dos hechos que lo evidencian. Un diputado del partido en el gobierno, pese a la evidencia –o sea mucho más que indicios–, queda exento de persecución por tráfico de influencias, precisamente, en el proceso para designar magistraturas. En cambio, dos líderes comunitarios de Santa Cruz Barillas, cuya inocencia está probada, fueron condenados a más de 30 años de prisión.

Ese y no otro, es el esquema que quieren conformar quienes buscan la perversión de los procedimientos. Esa práctica de impunidad para los criminales y sinvergüenzas y de persecución implacable contra quienes desafían al sistema, es lo que les acomoda como ejercicio. Derechos, libertades y garantías son términos y conceptos que les resultan ajenos y hasta molestos.

Saúl Aurelio Méndez y Rogelio Velásquez son dos dirigentes comunitarios que han dado la cara para expresar la oposición de su pueblo al proyecto de Ecoener Hidralia Energía/Hidro Santa Cruz S.A, de capital español. Dicha empresa, con el pretexto de construir un proyecto energético, ha impulsado prácticas de destrucción del tejido social y de persecución contra las expresiones de rechazo a la explotación irracional de recursos. Un fenómeno cada vez más común en el manto del territorio nacional, merced a las complacientes concesiones gubernamentales que irrespetan la voluntad comunitaria.

Saúl y Rogelio, han sido unas de las voces, como la del inquebrantable Rubén Herrera, que han ejercido su legítimo y constitucional derecho a la defensa de la vida y del territorio. Por eso han sido criminalizados. No olvidemos que Rubén, también perseguido por la misma empresa y con el apoyo inicial de jueces venales, estuvo privado de libertad por varios meses. Hoy, Saúl y Rogelio, quienes también han guardado prisión en dos ocasiones, reciben el mazo de la arbitrariedad sobre sus vidas dignas y ejemplares.

El juez de Sana Eulalia inicia la persecución en contra de ambos. La primera detención se produce de manera ilegal y arbitraria, en el marco de los sucesos que dieron lugar a la imposición del Estado de Excepción en el 2012. Fueron trasladados por miembros del ejército, sin presentarlos ante el juez competente en el tiempo procesal requerido y fuera del área de vigencia del estado de excepción.

Posteriormente, cuando se presentaron a torre de tribunales para la continuación de las diligencias en el marco del viciado proceso en cuestión, fueron capturados en el marco de un inmenso operativo policial. Esta vez, sindicados de la muerte de dos personas linchadas en 2010. En esa oportunidad, dichas personas estaban en poder de las autoridades, quienes las capturaron por ser presuntos responsables de robo. Una turba de más de 500 gentes –según el reporte policial que justificó la entrega de los detenidos–, les agredió hasta darles muerte.

La sentencia condenatoria no individualiza las responsabilidades. Es decir, no cumple con los requerimientos legales, por cuanto no se probó, bajo ninguna circunstancia, que Saúl y Rogelio estuvieron en el lugar de los hechos y, menos aún, que participaron de los mismos. Pese a esta circunstancia, la sentencia condenatoria se emitió en Huehuetenango, para complacencia de Ecoener Hidralia Energía/Hidro Santa Cruz S.A.

Como bien señala en su comunicado la Unidad de Protección a Defensoras y Defensores de Derechos Humanos en Guatemala (UDEFEGUA), “El Sistema de Justicia muestra su participación en la persecución política a defensores y defensoras de derechos humanos”. Las señales son inequívocas. El esfuerzo y la campaña millonaria por controlar al organismo judicial tiene como fin procurar impunidad para los corruptos, ladrones y violadores de derechos humanos y utilizar el derecho penal para acallar las voces de resistencia y de lucha por una vida digna.

Saúl y Rogelio, sus familias y comunidades han sido agraviados por el sistema. Ellas y ellos, necesitan de nuestro acompañamiento y solidaridad en desagravio, pero también en protección de nuestras vidas y las de nuestra progenie.

 

La imagen fue tomada de la página de Facebook “Libertad presos políticos”.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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