Los ríos de gente

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Son tres gigantescos afluentes que han nacido de las entrañas de Guatemala en todos los puntos cardinales. Desde el norte de Huenuetenango, ahí donde sus dirigentes han sido criminalizados por defender la tierra. Desde el oriente, en Chiquimula, donde el pueblo chortí, camina por la vida. Desde el sur, nacido en la frontera con México, desde el norte, en la Verapaces, serpentean en la carretera. Desde los confines de la tierra, esta tierra sedienta de vida, sus hijas e hijos caminan paso a paso, bajo el sol y sobre el asfalto, para llegar a la ciudad capital a llamar la conciencia sobre la importancia del agua.

“El agua es vida, no mercancía”, es una de las consignas que mueven a la hoy histórica “Marcha por el Agua, la Vida y el Territorio”. Miles de pies de hombres, mujeres, niñas y niños, marcan el paso en la jornada cotidiana. Han caminado un promedio de 25 kilómetros diarios. Han resistido el sol, la lluvia, el calor sofocante y el frío de las madrugadas. Han caminado, por ellos y ellas, pero también, por nosotros. Por usted, por su familia, sus hijas y sus hijos, porque el agua es vida para todas y todos y nos la estamos acabando.

La faena es difícil pero tiene una noble causa. Así lo describe Omar Jerónimo de la  Central de Organizaciones Campesinas Indígenas Ch’orti’ Nuevo Día;  “Es largo el camino y cansada la faena, pero alguien tiene que hacerlo. Alguien tiene que decir, aquí estamos, no somos muchos, pero somos los valientes y decididos a hablar por la madre tierra. Somos la voz de los ríos, de los árboles, de aquellos que no pueden decir lo que sienten, pero somos quienes los vemos sufrir a diario. Es tiempo de que Guatemala despierte y se una a esta causa, porque todos tomamos agua y respiramos oxigeno. ¿Qué estamos esperando Guatemala? El tiempo es hoy, mañana puede ser demasiado tarde”.

Las organizaciones convocantes, esas que nos dicen por qué defender el agua y pedir el agua para todas y todos, se proponen con esta marcha, exigir la recuperación de nacimientos, ríos, lagos, lagunas y costas marinas que han sido contaminadas, robadas y desviadas. Buscan fortalecer la articulación, lucha y coordinación en la defensa del agua, la Tierra, los alimentos y el territorio. En este esfuerzo, mediante el sacrificado caminar, también quieren aportar a la toma de conciencia del pueblo guatemalteco sobre las políticas públicas y actividades económicas que impactan negativamente la tierra, el agua y la vida de todos los seres vivos. Y en su articulación solidaria también quieren denunciar y rechazar la criminalización y persecución política en contra de las y los defensores del agua, la tierra y el territorio.

Estos ríos de gente llegarán a la ciudad el 22 de abril, Día Mundial de la Tierra. Instalarán un tribunal de los pueblos para debatir sobre el estado actual de muerte de ríos y manglares por la acción voraz de los intereses mezquinos de las élites económicas y políticas. A su llegada, harán recordar los pasos de los mineros de Ixtahuacán, quienes en 1977 también marcharon hasta la ciudad en demanda de sus derechos.

Hoy, vienen de nuevo a despertar la conciencia. A convocar a movilizarnos por defender la vida al defender el agua. Cada gota de agua es una gota de vida. Así lo dijeron en su homenaje al hombre de los ojos de sonrisa, al inolvidable Poncho Porres: “Poncho tú eres agua, serás lluvia refrescante por siempre multiplicado en millones de gotas”.

Cada pie es una gota en ese río humano que habrá de alcanzar la plaza y ojalá alcance las conciencias de todas y todos, en especial, de quienes deciden vender o negociar los bosques y con ello la vida. Gracias hermana y hermanos caminantes en la Marcha por el Agua. Sean bienvenidas y bienvenidos, Sus pasos son nuestros pasos. Junto a ustedes, caminaremos para celebrar la vida y ahí, parado en una esquina, con su eterna cámara en ristre, con los lentes clavados en la calva, un Poncho Porres sonreirá hecho caudal humano de ternura.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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