Los Sanjuaneros, la discriminación y el racismo

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En Guatemala se piensa que es racista la persona que en determinado momento expresa ciertas ideas o juicios sobre los indígenas. Generalmente se piensa que racismo es una forma de violencia del ladino hacia el indígena. Los ladinos, que no quieren ser lo malos de la historia, dicen que los racistas son los indígenas porque se auto-excluyen de la “sociedad”. Que son ellos los racistas cuando vas al mercado y empiezan a hablar en su idioma “excluyéndose” a sí mismos. Pero, ¿será que el racismo solo consiste en ser discriminador?

Quisiera poder aprovecharme de la disputa que se generó en San Juan la Laguna para expulsar a una comunidad de judíos ortodoxos y las opiniones que generó en los medios de comunicación y redes sociales para poder discutir las concepciones comunes de lo que se entiende por racismo. En las últimas semanas se han venido expresando opiniones a raíz de la expulsión de la comunidad de judíos de San Juan la laguna, en la que al consejo se le acusa de racistas e incluso se les compara con el Ku Kux Klan.

Creo que habría que partir por distinguir entre 2 cosas muy diferentes: 1) un conflicto producto de una diferencia cultural y 2) el racismo. No todo conflicto cultural expresa formas de racismo, no todo acto de discriminación para una persona étnicamente distinta implica racismo.

El racismo no se reduce a los actos de discriminación o no es solamente una idea que se tiene sobre alguien, no es solamente el usar adjetivos para referirse a las personas indígenas, es algo mucho más amplio y complejo, pero también algo más propio. El racismo es una forma de establecer relaciones sociales que se fundamentan sobre la idea de que existe una jerarquía natural-biológicas-culturales entre grupos humanos que justifican relaciones de dominación, explotación o la pobreza de un grupo. El racismo, no solamente son las ideas que se expresan del otro, sino toda relación social que se construye entre los grupos humanos a partir de esas ideas desde las que se “naturalizan” atributos, morales, sexuales, culturales, intelectuales o de cualquier índole. Es decir, tan racista es pensar que los negros son buenos para los trabajos físicos y sexuales, como que los blancos o europeos son una cultura superior y que por eso son líderes y privilegiados, o que los chinos por naturaleza son súper inteligentes; en fin, todos esos juicios en los que se hacen “naturales” atributos son racistas.

Esas ideas constituyen una brújula que sirve de guía para comportarse de forma determinada dependiendo de con quiénes estemos. Es como el famoso experimento de psicología en el que se le presenta a un niño una muñeca blanca y una negra y se le pregunta cuál es mejor, cuál es peor, cuál es más bonita, cuál cae mejor, cuál es más divertida, etc. Y el niño en el vídeo no es discriminador, ni agresivo, sin embargo es racista en la medida en que todos los atributos positivos se los da a la muñeca blanca y todos los negativos a la negra. Son un pequeño reflejo de lo naturalizado y normalizado que es el racismo en la cultura. Esa forma de relacionarse la ha aprendido de padres que le han enseñado que con los niños pobres o indígenas no hay que jugar o que lo mejor es una sociedad en la que “cada quien con quién le corresponde”, una sociedad de burbujas que nunca se tocan, que se evitan, una sociedad en la que se cree que lo mejor es vivir juntos (porque no hay de otra) pero no revueltos. Lo que ese experimento de investigación pone de manifiesto es como la contraparte de ese racismo violento es la idealización de la blancura.

Esos patrones han sido históricamente construidos. Es decir, los niños lo aprenden de sus papas, que lo aprendieron de los suyos y que se construyeron originalmente para legitimar formas de expropiación de los territorios y de control de los cuerpos y sexualidades de los pueblos indígenas durante la conquista. Ahora bien, si bien originalmente los indígenas fueron el objeto del racismo, eso no quiere decir que solo los ladinos o los blancos puedan ser racistas. Ha sido desde el racismo que Guatemala, como país y como proyectó político, se ha construido; el racismo está presente y se reproduce en cada uno de los aspectos y los mecanismos del Estado.

Regresando a la disputa que se dio en Sololá entre los tzutuhiles y los judíos; la disputa fue por una diferencia cultural y religiosa. Esa misma disputa puede surgir en cualquier otro lugar. Si yo viajara, por ejemplo, a un país igual de esencialista religioso que Guatemala, como un país musulmán, y entrara en pantaloneta a una mezquita, lo más seguro es que alguien me vería feo y que más de alguien me diga algo. Si yo vengo y sigo llegando en pantaloneta siempre y peor aún, invito a mis cuates que llegan con gorra y pantaloneta y cada vez llegan más personas que con su forma de ser irrespetan los valores locales, lo más seguro es que nos echen a la fregada. Pero eso no es racismo, es una diferencia cultural o religiosa, y como en cualquier otro país, si uno inquieta, altera u ofende, ya sea intencionalmente o no, la cultura local seguro lo echan del país. Y no digamos si la intención es instalar una comunidad.

El racismo no es solamente un acto individual. El racismo está escrito en cada uno de los elementos que conforman este maltrecho proyecto de nación que se llama Guatemala. Desde los héroes y mártires nacionales falsos, la hispanización de los nombres locales de los pueblos, la idolatría colonial a la europeidad y a la blancura, el legitimar que miles de comunidades indígenas estén en la desnutrición bajo el argumento que debido a su cultura y que no saben comer es que sufren de desnutrición, etc. Lo que quiero decir con esto es que el racismo no es propiedad exclusiva de un grupo y que es tan propio y normal en Guatemala que se vuelve “invisible”.

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Fernando Jerez

5 comentarios

  1. Alejandro Echeverría

    Está atinada tu definición de racismo y estoy de acuerdo, bien aclarado. Por la naturaleza el problema y de cómo nuestra sociedad le gusta polarizarse la discusión se ha centrado en la raza, porque ellos son tzutujiles y son innegablemente parte de las víctimas del racismo en nuestro país, pero eso en mi opinión sólo ha contaminado el diálogo porque es irrelevante en esta situación.

    Lo que sí creo es que hay discriminación y no me convence usar ‘diferencia cultural’ como eufemismo para referirse a ello. Que esas reacciones existan en otras partes del mundo no las hace aceptables aquí, y más siendo una lucha que nosotros llevamos en otras partes del mundo, en EE.UU. por ejemplo tantos guatemaltecos que hay intentando asimilarse sin perder sus costumbres y son naturalmente discriminados por ello.

    • Fernando

      Buena onda! gracias por el comentario. Yo estoy de acuerdo con vos y mi intención no era decir que como pasa en otras partes es legitimo que suceda acá. Mi intención era señalar que la naturaleza de conflicto, que es de disciminación totalmente con vos, es producto de un diferencia religiosa-cultural pero no un acto de racismo, que es como se le han acusado. Con lo de cultural tampoco mi intención era relativizar, sino como ubicar el problema en otro terreno y de ahí el ejemplo que ponía.
      Gracias por aportar a la discusión.

    • Fernando

      Buenisima onda!
      Pues fijate que mi intención no era relativizar o al decir que como pasa en otros paises es válido y legitimo que suceda acá. Todo lo contario. Mi intención era intentar situar el problema. Yo estoy de acuerdo con vos, totalmente fue un acto de discriminación, pero producto de una disputa religioso-cultural, no racista como se les acusó.
      Gracias por el comentario.

  2. Gran parte del problema la tiene el mismo sistema en que vivimos. El sistema educativo nunca nos dijo que Guatemala es diversa, que existen diversas etnias, su historia, sus conocimientos ancestrales, su cosmovisión maya, los aportes a la humanidad, sus procesos de resistencia ante la invasión, etc. Y crecimos escuchando un sinfín de argumentos, desde que son felices tal como viven hasta que son los responsables del subdesarrollo. Cuán ignorantes hemos sido, cuando la realidad es que nuestras actitudes los ha relegado, les ha quitado los accesos, las oportunidades y los derechos a tener derechos. El racismo lo llevamos muy dentro, pero no debe ser un pretexto para no estudiarnos y analizar nuestras actitudes, para impulsar cambios a nivel personal e ir cambiando, reconociéndolos como pueblos ancestrales, que deben tener el derecho a tener derechos.

    • Fernando

      Totalmente de acuerdo contigo. Descubrir cómo el racismo ha producido un orden social con sentido debe de servir para mirarnos con otra lupa, entendernos, no para cruzarnos de brazos, sino para ver la profundidad de lo que debe de ser transformado de raíz.
      Gracias por el comentario.

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