Los seres urbanos: Don Jo y familia

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Cuando era joven y me mantenía ocupado junto a la mara de la cuadra calentando aceras y bordillos (plis no confundir, la mara éramos los relativamente inofensivos cuates de la cuadra, no la expresión actual), en las tardes solía aparecer un señor tostado por el sol y de pelo cano que pasaba diciendo “Jo” y al que le contestábamos así: “Jo”. Se producía un pequeño intercambio de “Jos”, acompañado de algún “Después de Dios” que el señor recitaba. Lógicamente, lo llamábamos “Don Jo”. 

Seguramente todo mundo tiene alguna experiencia similar con algún “loquito” inofensivo o relativamente inofensivo. Hasta hace poco (no sé si aún esté), se encontraba por la iglesia de Candelaria un hombre con alma de policía de tránsito que conseguía los uniformes más disparatados y se ponía a dar vía (Arzú debería reconocerle la iniciativa…o él cobrarle a Arzú por la idea). La gente lo llamada, a sus espaldas claro, “Chomeco”. Maltrataba y amagaba con perseguir a los patojos que le decían así.

Por el mismo sector, había un pordiosero que andaba también con las fachas más características y se ponía a cantar en las camionetas. Acompañaba su desafinada voz con una tacita (si mi memoria no me falla) de peltre y se enojaba o insultaba si alguien no le daba… lo que hacía que insultara a una buena parte de la gente que iba en el bus. Recuerdo que decían que había sido policía y que debido a un balazo había quedado así y había perdido la razón.

En algún lugar de su novela Los Compañeros, Marco Antonio Flores habla de “Caballo Loco” y de los temores/ fantasías que los niños de aquél tiempo seguramente tenían en relación a este personaje… La lista en la realidad o en la literatura es larga y cada quien podría añadir ejemplos de esta fauna urbana: seres marginales que deambulan espantando sus fantasmas personales con ademanes, atemorizando o divirtiendo con sus actos inofensivos.

Debo reconocer que por un reflejo que siento natural y espontáneo, estas personas me dan un poco de pena. Me explico.

Ya es bastante serio estar en una situación de pobreza material. No tener qué comer ha de ser de lo más jodido. Pero además, estos “loquitos” también viven en un estado de irrealidad que implica más sufrimiento.

Quien diga que la locura es mejor que la cordura creo que no sabe bien lo que dice. Los fantasmas psicóticos, las angustias primitivas, las experiencias persecutorias, etc., no son bromas. Provocan mucho dolor y sufrimiento. Si bien las expresiones psicóticas pueden ser una defensa frente a un mundo que ha sido terriblemente hostil y duro (iniciando en la infancia), hay que decir que son una defensa muy costosa.

Sobre todo en una sociedad que pone sus valores en la actividad, el éxito y el dinamismo, los loquitos, condenados a no recibir atención o recibir una muy mala, el desprecio de sus semejantes y la pena y maltrato de sus familiares, no son ejemplo, precisamente, de cierta visión romántica de la locura.

Más bien van por ahí, lanzando sus “jos” u otras expresiones, marginalmente. Espantando moscas, murmurando cosas. En su mundo privado (y también) en las calles de esta ciudad.

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Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

2 comentarios

  1. Alejandro Echeverría

    Buen texto. Yo conocí al “Chomeco” aunque no sabía que así le decían, en realidad sí ponía orden en el área a pesar de que obviamente tenía algún problema. Para mí era el ejemplo ideal de que esas personas pueden ser útiles a la sociedad y solo es cuestión de que encuentren su lugar.

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