Más allá del fracaso del gobierno patriotero

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Tarde o temprano iba a suceder, si no era en este gobierno iba a ser en otro. Y si en esta oportunidad no se logran todos los cambios que son necesarios para alcanzar la democracia, de todos modos será un gran salto. Esperemos que sea cualitativo. Y no leyeron mal, los gobiernos que hemos tenido los últimos 30 años han sido de todo, menos democráticos. Han sido gobiernos legítimamente electos, es cierto, pero este hecho no los hace gobierno del pueblo, y tampoco hay predominio del pueblo en el gobierno, por tanto, no han sido democráticos.

El fin del conflicto armado interno (CAI) en 1996 nos trajo cambios cosméticos, como los que nos proporcionó la Independencia de 1821: la inmensa mayoría de centroamericanos no se enteró de tal suceso pues las condiciones de pobreza y trabajo continuaron siendo las mismas que se tenían antes de la mal llamada independencia. También sabemos que las causas que dieron lugar al CAI no han desaparecido, las condiciones de pobreza, desigualdad e injusticia, permanecen; de igual manera, la corrupción, parcialidad e inseguridad no son hechos exclusivos de este gobierno, vienen como modo de gobernar desde hace varias décadas. Es decir, la guerra trajo dolor y muerte para muchas familias guatemaltecas pero los frutos no se dieron, la firma de “la paz firme y duradera” nos fue vendida como un gran logro político pero se quedó en slogan.

El modo de gobernar incluye la formación de partidos políticos que son, literalmente, empresas para alcanzar el poder.

El modo de gobernar incluye el manejo de estructuras de recaudación paralelas, con personal con más de dieciocho años de experiencia en el ramo.

El modo de gobernar incluye los diezmos y/o sobreprecios; el porcentaje se ha tornado variable porque los precios pueden ser inflados de tal modo que el valor real de lo que se vende es ínfimo, ¿cuánto vale el agua salada, por ejemplo?

Se ha logrado bastante, es cierto, pero todavía estamos lejos de que sea suficiente. Por eso un buen inicio es cambiar la Ley de Partidos Políticos, hay que tomarle la palabra al Tribunal Supremo Electoral y trabajar la propuesta que recientemente publicó este organismo.

Es un buen paso que haya renunciado la Vicepresidenta, también que estén renunciando varios ministros de Estado y que, eventualmente, renuncie el Presidente. Pero esta será una victoria pírrica si se quedan las condiciones para que el poder lo puedan detentar otros políticos tan o más nefastos que los que actualmente permanecen en el gobierno.

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Gustavo Sánchez

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